Viva el mal, viva el capital!
Bruja Avería
Make Orwell fiction again
Meme anónimo
Los alegres muchachos (que yo sepa no hay muchachas, lo que nos da ya una pista del futuro…) de la Ilustración Oscura, ese negro regato de oleaginosa ideología que circunda con un pentagrama maldito a Do
nald Trump y se alimenta de su corrompida sangre, cuando saludan muy temprano por la mañana te desean un «¡malos días!». A su legítima esposa, a sus gremlins y al resto de la Familia Adams, al jardinero de los crisantemos y al chófer del coche fúnebre.
Cuando penetran en los despachos de sus empresas lucen gafas de sol de triple capa -no vaya a ser que la luz del sol les arruine el día-, corbata de escamas de cocodrilo y frac de Drácula el Día de Difuntos. Expresan sus funestos designios y malvadas interjecciones con la voz de Darth Vader, y andan todos conspirando los unos contra los otros porque ni siquiera entre la élite intelectual de Mordor debe permitirse igualdad alguna. Son, digamos, pares inter primus…
Luego toca la violación diaria de la secretaria, que ha de verificarse apetezca esa mañana o no, y tras ella el consejo de aquelerración con el resto de los socios de la firma, que por supuesto son una panda repulsiva de egoístas que van solo a lo suyo y que tiene lugar a la hora exacta de las 6:66 a.m. Muchos de ellos, desleales y despreciables compañeros de ojkuridad (la ortografía, puesto que denota limpieza y orden, no es su fuerte) han estudiado filosofía en su desgarbada mocedad, rama “maestros de la sospecha de la sospecha”, y saben bien cómo destruir un argumento y su contrario, mientras que te hipnotizan con la mirada y con la mano siniestra te roban la cartera y el espray de pimienta.
Todas las opas que estos indignos señores lanzan son hostiles, sus operaciones financieras opacas, les encantan los ataques de pánico y se regocijan más del gatillazo que del coito exitoso.
Pues bien, tales endriagos egresados se han inventado una filosofía propia, que entronca con el Trasímaco de La República de Platón y con aquellos autores y poetas reaccionarios que Antoine Compagnon denominó Los
antimodernos (Acantilado, en francés en 2005). La idea, el plan, se reduce -no se resume, no: se reduce-, a lo siguiente: la Fuerza es la Ley. Y ya. Precisamente aquello contra lo que ha luchado la verdadera Filosofía desde Atenas hasta la Ilustración dieciochesca que ahora no nos va a quedar otra que llamar “radiante”.
Pero es que si la Fuerza es el origen y fundamento de la Ley se acaba la filosofía como tal, porque ya no queda más que pensar. Pensar servía justamente para buscar los mecanismos o subterfugios que impidieran el curso natural del devenir en estado salvaje, pero a estos anti-ilustrados les encanta el estado hobbesiano de naturaleza, siempre y cuando el Leviatán erigido para sofrenarlo sea lo más artificial y digital posible y lo dirijan ellos, sus familias y sus amigos.
Así, el Manifiesto Palantir firmado por Alex Karp dedica varios de sus parágrafos a blindar el estatuto de la Nomenklatura, tanto del escrutinio público como de la rendición de cuentas -que fue, ¡por Zeus!, la clave de la democracia ateniense-, como de la crítica política. La impunidad total llevada a cotas de quasidivinidad, como en tiempos de Octavio Augusto en Roma -pero Augusto era un tipo muy listo y competente…
Pronto propondrán la legalidad de la pena de muerte, el retorno de la “pedida de mano”, el monopolio informativo del Pravda, el cortejo decoroso en los bailes de salón, los sacamuelas con alicates, las sangrías como panacea de la medicina, los duelos al alba, pero nunca interclases, el certificado de limpieza de sangre, la Lettre de cachet del Rey Sol, el derecho de pernada, el potro y otros tormentos, la Santa Inquisión, el Canto gregoriano a ritmo de rap, la Gestapo (tal cual en el punto XVII del Manifiesto), la mirada panóptica de Dios, el viril “impasible el ademán”, John Wayne haciendo justica con los indios, Manolo Escobar ligando en Marbella, el “¡que inventen ellos!”, de Unamuno referido a la cultura, el Índice de libros prohibidos, etc.
Y será un alivio, porque, según Karp, el wokismo había traído a nuestras pobres vidas la inquietud y zozobra de la introspección y el pensamiento propio (puntos IX y X)… En adelante, solo fastas-mamones asquerosamente ricos serán dueños de las metanarrativas (punto XVI), es decir, del discurso, de la Palabra, ¡del Logos!, y en consecuencia tendremos que inyectarnos lejía para sanar del cáncer o de la siguiente pandemia.
¿Que todo esto es absurdo, una demencia, el suicidio de la libertad en nombre de la libertad? Pues entonces habrá que reverdecer el Credo, quia absurdum, de Tertuliano, ya que estos Señores de las Tinieblas opinan (punto XX), contra la «paradoja de la tolerancia» de Karl Popper, que el laicismo es estrecho de miras al no abrirse a la todavía mayor angostura mental de las religiones organizadas…
Eisenhower, al dejar la presidencia, alertó sobre el peligro de lo que denominó «complejo militar-industrial», y eso que fue general del ejército. Qué no hubiera pensado de este flamante complejo militar-digital con que nos quieren encandilar ahora… Si no paramos en seco a estos payasos que se creen sumos sacerdotes de una terrorífica secta (serpiente gigante incluida de cómic de Conan), perderemos nuestros preciados derechos, seremos explotados como esclavos, cada uno tendrá un dron apuntando a su nunca, el mundo se convertirá en un lugar sin modales y de muy mal gusto y todos nos saludaremos con un ominoso «malos días!».