La cultura
Prospereando | 19/04/26 | editorial

Hace pocas fechas, con motivo del Aberri Eguna, el lendakari pedía que el Guernica,
fuera a tierras euskaldunes a pasar una temporada. El gobierno de la Nación se viene
negando desde hace tiempo, ya que su estado no es muy bueno. No conviene trasladarlo,
aunque sea para un año.

El gobierno le ha debido ver las orejas al lobo, está viendo lo que está costando al
Monasterio de Sijena recuperar las pinturas de su propiedad.

La magistrada de Huesca ha determinado un plazo de más de quince meses para que las
pinturas murales regresen a casa, al Monasterio de Sta María de Sijena, allá en los
Monegros. El coste que acarrea el traslado correrá a cargo del Museo Nacional de Arte
de Cataluña. Estos siempre se negaron al traslado dado que las pinturas murales estaban
en un estado muy precario.

Pinturas para acá, murales para allá… Nunca han existido tantas posibilidades, gracias a
las nuevas tecnologías, de reproducir hasta el más mínimo detalle de una obra pictórica,
y ahora precisamente, en estos momentos, es cuando todos desean contar en sus museos
con los originales: ¿Se trata de ver quien se lleva el gato al agua? ¿Acaso se desea que
las obras de arte sucumban?

Algunos pensamos que es momento de dejar de jugar y hacer las copias pertinentes, sin
más.

Es momento de crear un nuevo concepto de museo. El fin no es almacenar piezas de
arte, es mostrar esas piezas o unas exactas reproducciones (actualmente se llega a
desarrollar estas desde la ficción inmersiva), y permitir que todos disfrutemos del arte,
sin marear la perdiz.

Todos los países colonialistas tienen en sus museos objetos artísticos procedentes del
saqueo. Los países saqueados piden que se devuelva su historia y su cultura.
Si el arte nos conduce a la lucha, a los intereses, al control y poder que, traducido en el
mercantilista lenguaje de hoy, se trata de monetizar el arte exprimiendo al turismo.
Culturalmente, como sociedad, no vamos por el buen camino.

Si la cultura significa lucha, hemos perdido la batalla, la ha ganado el imperialismo.
¿Estamos dispuestos a sucumbir ante lo que nos acecha?

Espero que empecemos a categorizar y definir al arte como un algo que nos debe unir
como miembros de sociedades sensibles y no como mercados abiertos al turismo.
Es hora de abrir muchas gavetas de la historia y darlas a conocer a todas las partes, de
esa forma podremos encarar con lógica nuestro destino como sociedad. Caso contrario,
de tanto estirar la cuerda, antes de romperse volverán a crecer un poco más los rencores,
será la llave de nacionalismos, macronacionalismos e hipernacionalismos y los amigos
del odio volverán a transitar a sus anchas.

Ellos ganaran el control social, el poder estará en sus manos y no en el de una sociedad que participa y ejerce con lógica su capacidad para diseñar un destino común, sin fisuras y con muchas, muchísimas singularidades.

Hace pocos años se creó Casa Mediterráneo, el lugar común de las culturas
mediterráneas. Puede que se deba ir pensando en una organización que contemple la tan
necesaria unión de culturas.

Ya que la filosofía no es materia que interese, a pesar de enseñar a pensar y a mantener
reflexiones afines a la razón. Ni el misticismo tiene sitio, tampoco Kierkegard y su
trípode de: religión, ética y estética, ha convencido a la sociedad mercantilista, puede
que la cultura artística, sea el antídoto contra la mística del pozo negro, con tanto grado
de deshumanización como están mostrándonos los nuevos líderes que solo enarbolan la
mística del odio. Alguien lo ha denominado: Odlocracia. Terrible definición para una
civilización.

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