
Estas son fechas en las que se revisa la vida de las mujeres que han marcado algunos momentos de las nuestras, las mujeres que han sabido darle fondo y forma a ese espacio por el que la vida ha querido que transitáramos, obviamente están aquellas mujeres que te dieron cariño incondicional, pero hay otras que, al menos a mí, me han enseñado a tener mejores aspiraciones. Voy a recordar a una señora muy interesante, nació en Alburquerque, Extremadura, era una joven morena de grandes rizos…
Conocí a María en la facultad, fue de refilón, cuando ella llegó, yo me iba; tantos años después conservamos amigas comunes de esa época universitaria.
Ella llegó a Madrid, huyendo de la quema. En aquel tiempo 1972, había un método de presión similar al ostracismo: Tenías que desaparecer si no querías terminar malamente. Yo tuve suerte, la sombra de un obispo me salvó de esconderme en otra provincia.
María tuvo que dejar Sevilla, se instaló en Madrid, en el barrio del Pilar y se matriculó de nuevo en la facultad de Medicina. Inició una nueva vida lejos de su familia, ya casada y con un hijo, luego fueron dos, tuvo que estudiar, militar clandestinamente en la izquierda y hacer sabrosos cocidos dominicales a gente que tenía sus ideas.
Enseguida se mudó a la calle Cactus 42, en el barrio de Tetuán, ya en 1974, lo primero que buscó fue una casa sin portero, los porteros podían ser elementos que eliminaban las libertades de sus vecinos. Doy fe, mi padre lo vivió en sus carnes. Ellos daban amplificación de las fiestas políticas, reuniones, y en casa de María los encuentros se multiplicaban, según nos cuenta el documental de Pilar Astray: “Cactus 42”
Feminista de nacimiento, en aquellos días, estaba sobre el tapete la liberación femenina mediante: el uso de la píldora anticonceptiva. Es un tema que ahora resulta baladí, pero en aquellos años era muy complicado defender esas ideas que eran la base de lo que fueron los Centros de Planificación Familiar, en los años de la transición. Personas como María Sainz, nos habían abierto algunas rendijas, algunos pasamos muchas horas creando ese centro piloto que sería el faro de una nueva realidad social. Nos lo pidió el gobierno de la transición. Lo hicimos realidad…, para que semanas después de ser inaugurado a bombo y platillo, se cerrara para siempre. Se nos usó, solo para promocionar en el extranjero nuestra progresía patria, esa que aún no existía. Vinieron ministras de sanidad europeas, vieron el Centro de Planificación Familiar, lo aplaudieron y se cerró. Todo un éxito publicitario, pero María ya había dado esos primeros pasos para un futuro social más equitativo.
Años después, unos dejábamos la actividad de investigación, desarrollada desde el ministerio de Sanidad y María, en 1988, llegaba a ese ministerio de la mano de Luis Sánchez Harguindey, para dar lustre a un tema esencial en la prevención de la salud: La Educación para la salud.
Aquellos años la marcaron, creó ADEPS, una asociación de Educación para la Salud, luego llegaría la fundación FUNDADEPS, de la que actualmente es presidenta de honor.
Siempre trabajó desde el ministerio y tras abandonarlo, para conseguir una vida saludable (física, psíquica y social), tras la jubilación. Sostuvo y sostiene que la medicina se debe abrir a ese campo en el que se receten actividades que permitan al intelecto que no se precarice, que se instalen acciones científicas y culturales que abran espacios de futuro y libertad, de creación y de mejora de la vida, social, familiar y personal.
Hace diecisiete años, una concejala del ayuntamiento de Madrid, Cármen Sánchez, nos reunió entre un grupo de y para mayores, ella colaboró para dar una forma científica al grupo, yo solo como “negro” (escribía sobre los distintos temas que debían tratarse), María, ya no era una poseedora de una melena rizada y morena, usaba canas y pelo grana y coordinaba los intereses del grupo de mayores con habilidad. Esa fue la primera vez que coincidimos directamente y colaboramos.
La doctora María Saínz, la extremeña, de Alburquerque que estudiaba medicina en Sevilla y tuvo que salir escopetada para no vivir clausura en las cárceles de antaño, durante su vida, ha sido lo que ha querido, por mérito propio. De su actividad asistencial se jubiló hace poco, como Jefa del Servicio de Medicina Preventiva en el hospital Clínico, fue la responsable de la revista: Cultura y Salud, Responsable de la Unidad de Educación para la Salud (algo que muchos seguimos echando en falta como medida preventiva de primer nivel). Esas actividades la llevaron a ser requerida en distintos ámbitos científicos y docentes.
La Dra. Sáinz, ha sido más cosas, además de gestora, investigadora o docente. Se vinculó a la cultura mediante el Aula Zarco, ese espacio cultural anexo a la Responsabilidad Social Corporativa, del hospital Clínico. Ella, desde hace muchos años es presidenta del jurado del concurso internacional y para profesionales del SERMAS, de relato breve y casualidades de la vida, yo iba a dejar en la biblioteca para pacientes del hospital Clínico, un libro de teatro que me habían editado y ella, me captó como miembro de ese jurado que anualmente se reúne para designar la mejor narración de los profesionales del SERMAS y la mejor de aquellos otros seres no iniciados en el noble y necesario arte de la salud.
María es poeta, publicó hace tres años el poemario: Los raíles del corazón verde.
María ya había escrito textos como: La ciudad del derribo, Antes de morir te cuento, Donde sobrevive la esperanza, Educación para la salud infantil, Educación para la salud, para el profesor…
Ahora no le queda mucho tiempo para la escritura literaria, desde 2024, la pueden ver en el hemiciclo, es una jubilada activa donde sus neuronas trabajan para la mejora de esta sociedad.
María sigue peinando de cana y grana, sigue militando en la izquierda y sigue vinculada a la cultura, a la educación, la ciencia y la sociedad.
Y a ver cuando tiene tiempo y nos vemos. Esto de estar jubilada e hiperactiva tiene sus puntos negros; el no poder socializar.