Todas las personas que tenemos una edad recordamos aquel conato de revolución.
Algo que pudo ser espantosamente cruento y que, sin embargo, solo fue un movimiento
militar, avezado en actos bélicos y considerado romántico. Todos a una salieron los ciudadanos a demostrar al dictador que ya había que pasar página. Quizá había que cambiar de libro.

A partir de 1974, en estas tierras vecinas se viene celebrando el día da Liberdade.
Todos recordamos esa canción: Grândola vila morena. Ella fue la señal para que
pacíficos militares del MFA, Movimiento de las Fuerzas Armadas, hicieran caer la
dictadura de Salazar. Ese cambio supuso algo más que el fin de la opresión ciudadana y
la ausencia de democracia; el fin de la guerra colonial y la sangría humana y económica
de aquella tierra: Portugal.

Siempre, en cualquier lugar aparece la sorpresa, unas veces ridícula, otras cruel, en este
caso, grata, muy grata y cargada de esperanza: Un clavel en la boca del ánima de un
fusil. En portugués: Revoluçao dos Cravos.

Allí nadie habla de golpe de Estado, si acaso, lo definen como un demorado
contragolpe. El pueblo, dicen, no da golpes de Estado, toma, como y cuando puede, su
soberanía.

Portugal aquel 25 de abril de hace 52 años perdió su hegemonía colonial: Angola, Cabo
Verde, Guinea Bisáu, Sto Tomé, Timor Oriental y Mozambique comenzaron su
andadura hacia la libertad. Fue mucho más que la liberación de un pueblo sojuzgado a la
dictadura de Salazar. Con la democracia en Portugal llegó la libertad a otros pueblos y a
otros ciudadanos.

Mientras unos brindábamos por la liberación de un pueblo otros comenzaron a tener
retortijones, preludio de una colitis. Ellos, nuestros dicta-gobernantes sabían que la
libertad era contagiosa. España apoyó a los ultramontanos portugueses, pero no sirvió
de nada. La suerte estaba echada. Aquello les provocó a nuestros gobernantes una colitis
ulcerosa. La estabilidad ibérica se tambaleaba, tarde o temprano los españoles, con o sin
militares democráticos, intentarían dar el salto hacia la democracia.

Los Estados Unidos, no vieron con buena cara este cambio, (ellos siempre vieron las
dictaduras muy bien y las democracias muy mal. ¿Por qué será?) Los embajadores de
España y Portugal desaconsejaron la intervención de EE UU. La revolución había sido
pacífica, pero el ejército, aunque mal pertrechado, estaba acostumbrado a la guerra y no
sería un paseo de las tropas estadounidenses por el Algarve. Existía, a decir del
embajador estadounidense en España, muchas posibilidades de que un gran número de
españoles se decidieran a intervenir a favor del pueblo hermano.

Gerald Ford se la envainó y transigió con la democracia. Había cierto temor a que se creara un conflicto
serio, muy serio en la península Ibérica. La Internacional Socialista. Olof Palme hacía
un año que era su Secretario General. Lo mismo empezaba un tremendo tira y afloja
como en el 36, pero a favor del fascio. ¡Caray!, los aliados que trajeron la democracia a Europa, ahora la secuestraban.

Desde entonces cada 25 de abril, muchas personas cantamos la canción de Zeca (José Mª) Afonso: Grândola, villa morena/ Tierra de fraternidad/ El pueblo es el que manda más/ Dentro de ti, oh, ciudad/ bis/ El pueblo es el que manda más/ Tierra de fraternidad/ Grândola, villa
morena/ En cada esquina un amigo/ En cada rostro igualdad/ Grândola, villa morena/
Tierra de fraternidad/ En cada rostro igualdad/ El pueblo es el que más manda/ A la
sombra de una encina/ Que ya no conocía su edad/ Juré que sería mi compañera/
Grândola, es tu voluntad.

Os deseo muy feliz aniversario revolucionario de nuestros vecinos de al lado.

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