Roma – IPS – Un porcentaje cada vez mayor del hambre mundial se concentra en un pequeño grupo de países afectados por conflictos, y dos tercios de la población que sufre inseguridad alimentaria aguda sobrevive en tan solo 10 naciones, advierte un informe de agencias de las Naciones Unidas conocido este viernes 24.
“Los conflictos siguen siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria aguda y la malnutrición que sufren millones de personas en todo el mundo”, señaló el secretario general de la organización, António Guterres, al presentar el informe. Además, “en un mismo año se ha registrado una hambruna generalizada en dos zonas afectadas por conflictos (Sudán y la Franja de Gaza), un hecho sin precedentes”, añadió Guterres.
El Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias de 2026, elaborado por agencias de la ONU, la Unión Europea (UE) y sus socios, revela que 266 millones de personas en 47 países experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda en 2025. Eso representa casi una cuarta parte de la población analizada, y casi el doble de la proporción registrada en 2016.
El documento muestra que 10 países -Afganistán, Bangladés, Myanmar, Nigeria, Pakistán, la República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Yemen-, varios de ellos afectados por conflictos armados, concentraban dos tercios de todas las personas que padecían altos niveles de hambre aguda el último año.
Los conflictos siguen siendo el principal factor determinante, y representan más de la mitad de las personas que padecen hambre severa.
El informe también destaca un fuerte aumento en la gravedad del hambre. Más de 39 millones de personas en 32 países

enfrentaron niveles de emergencia de inseguridad alimentaria, mientras que el número de personas que sufren hambre catastrófica se ha multiplicado por nueve desde 2016.
“La inseguridad alimentaria aguda actual no solo está generalizada, sino que también es persistente y recurrente. La crisis se ha vuelto estructural en lugar de temporal”, observó Qu Dongyu, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Los niños se encuentran entre los más afectados. El año pasado, 35,5 millones de niños sufrían desnutrición aguda, de los cuales casi 10 millones con desnutrición aguda grave, potencialmente en riesgo de muerte. En las zonas más afectadas, entre las que se incluyen Gaza, Myanmar, Sudán del Sur y Sudán, la superposición de crisis -conflicto armado, enfermedades y acceso limitado a los servicios- está provocando niveles extremos de desnutrición y aumentando el riesgo de muerte.
Por otra parte, el informe recoge que el año pasado, más de 85 millones de personas fueron desplazadas en contextos de crisis alimentaria, y las poblaciones desplazadas se enfrentaron sistemáticamente a niveles de hambre más elevados que las comunidades de acogida.
“El desplazamiento forzado y la inseguridad alimentaria están profundamente interconectados y forman un círculo vicioso”, declaró el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, advirtiendo que la ayuda humanitaria por sí sola no basta para romper este patrón. A pesar de la magnitud de la crisis, el informe advierte de que la financiación se está desplazando en la dirección opuesta.
La financiación humanitaria y para el desarrollo destinada a la respuesta en materia de alimentación y nutrición ha retrocedido a niveles no vistos desde hace casi una década, lo que limita la capacidad de los gobiernos y las organizaciones de ayuda para responder con eficacia.
Al mismo tiempo, las lagunas en los datos son cada
vez mayores. El número de países capaces de elaborar evaluaciones fiables sobre seguridad alimentaria ha caído a su nivel más bajo en una década, lo que significa que la verdadera magnitud del hambre podría ser incluso mayor de lo que sugieren las estimaciones actuales.
De cara al futuro, las perspectivas para 2026 siguen siendo desalentadoras. Se prevé que los conflictos persistentes, las crisis climáticas y la inestabilidad económica mantengan la inseguridad alimentaria en niveles críticos en muchos países. El informe señala nuevos riesgos con las perturbaciones del mercado mundial, incluidas las derivadas de la crisis actual en Medio Oriente, que podrían aumentar aún más los precios de los alimentos y sobrecargar las cadenas de suministro.
Por ejemplo, si la crisis persiste, las estimaciones de la ONU advierten de que 9,1 millones de personas adicionales en Asia podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria aguda. En toda la región, 45,5 millones de personas ya necesitan asistencia humanitaria.
Las agencias de ayuda humanitaria exponen que, sin un cambio de enfoque, el mundo corre el riesgo de quedar atrapado en un ciclo de crisis cada vez más profundas, donde el hambre dejaría de ser una emergencia temporal para convertirse en un rasgo cada vez más persistente de la inestabilidad global.
“Debemos pasar de reaccionar demasiado tarde a actuar con anticipación, y de depender únicamente de la asistencia alimentaria a proteger la producción local de alimentos, porque así es como reducimos las necesidades, salvamos vidas y desarrollamos resiliencia”, planteó Qu.
Para Guterres “este informe es un llamamiento a la acción que insta a los líderes mundiales a movilizar la voluntad política necesaria para aumentar rápidamente la inversión en ayuda humanitaria vital, y trabajar para poner fin a los conflictos que causan tanto sufrimiento a tantas personas”.