Se denomina ruido a todo aquel sonido no deseado que nos resulta molesto y que, algo
esencial, impide la comunicación interpersonal social o laboral. A esto lo denominamos
contaminación acústica.

La contaminación ambiental, recordemos algunas de las que diariamente nos ofrece
nuestro ayuntamiento: recogida de basuras y residuos como cristales, limpieza urbana
de las calles, recogiendo las hojas secas, el corte de césped y malas hierbas de jardines
públicos, las obras que en cada esquina se hacen, las obras que en cada edificio se
vienen haciendo, los tráficos: circulación vial, helicópteros, aviones…

El verano es un cóctel desordenado de ruidos a diferentes frecuencias. No olvidemos el industrial y el provocado por el turismo, otro agente pluricontaminante.

A todos ellos debemos unir los que proceden del ocio: personas con falta de respeto en
terrazas, salida de discotecas y espacios deportivos.

Por si esto fuera poco, el ayuntamiento de Madrid, se ha propuesto aumentar el
desquicie de decibelios en ciertas zonas de la capital. Posiblemente para evitar esa tan
necesaria comunicación interpersonal entre vecinos y ediles.

De momento no sabemos lo que traerá la cantante internacional a ese estadio de música,
pero vamos conociendo como las máquinas de fórmula III (aún no han llegado las de
formula I), están condicionando la vida de los vecinos.

Según mediciones realizadas en las viviendas, la intensidad sonora que generan, medida en decibelios, llega a más de 80dB. A partir de los 10 dB, cada decibelio que se aumenta, el oído duplica el volumen.
La energía física del sonido, se duplica cada momento que sube 3dB. Si la normativa
del ayuntamiento admite un máximo de 56 dB. No hace falta que intente incidir más en
el asunto y en su ilegalidad, ¿verdad?

No es lo mismo un momento de ruido que una hora. No es igual un minuto a 90dB, que
sesenta minutos a 80dB.

El tiempo de una carrera oscila, el tiempo de los entrenamientos oscila, pero los vecinos
que teletrabajan, descansan o necesitan reposo obligado debido a su precaria salud, ¿qué
hacen? ¿qué les ocurre? ¿quién cuida de ellos? ¿Acaso el hospital Zendal?

Hay ruidos que con voluntad pueden disminuir. Hay quienes tienen los aparatos de
viento que acumulan las hojas en sus jardines y no suenan tanto como los que utilizan
los trabajadores del servicio de limpiezas. Hay calles, como la de Ríos Rosas, en las que
las obras continuas de mejora o ante las averías, se solucionaron en los años 30 del
pasado siglo. Las aceras tienen túneles por los que pasan las vías de servicios.

Si los turistas quieren música, carreras de fórmula I o finales deportivas intensas, los
derechos de los ciudadanos deberán mantenerse ante los derechos de los turistas.
Hay unos principios sociales básicos que convendría tuviera en cuenta el ayuntamiento
y la comunidad de Madrid.

Esas reglas por las que todos los vecinos nos guiamos para mantener la convivencia. Una de ellas es el principio de “utilidad”. ¿A qué vecino le es útil la fórmula I? ¿Qué utilidad tiene para el vecindario en pleno que un concierto o una competición deportiva se celebre en un determinado barrio?

¿No es bien cierto que el aclamado Distrito Norte tiene espacio para albergar aquello
que no es útil para los vecindarios? Pues hágase lo necesario para evitar que las
personas que vivimos en la capital terminemos enfermas.

Porque el ruido provoca enfermedades, y tal como estamos descalabrando la sanidad pública, no creo que sea
necesario aumentar de pacientes los hospitales. Salvo que para evitar que se llenen las
habitaciones los cierren por completo. Que ya vamos camino de esa aberración.

Señores que gobiernan, oposición que permite, pónganse las pilas o acabarán con
nosotros, los vecinos.Gracias.

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