Las imágenes de estos días en la zona de Los Gallardos (Almería), son
increíbles y sobrecogedoras, máxime habiendo tenido un año 2025 con un récord de
incendios.
Recordemos que la combustión es un proceso acompañado de calor, (reacción
exotérmica), por causa de un producto combustible junto a un elemento oxidante(O2)
Estos tres factores: Calor + Combustible + Oxígeno forman el conocido triángulo del fuego.
Sin uno de ellos no existe proceso de combustión. Por tanto, gestionar esto no reviste
una extraordinaria complejidad. Si el oxígeno no es factible eliminarlo del medio
natural y el riesgo de calor a alta temperatura, no siempre es predecible. Se debe actuar
eliminando el factor combustible.
Las semidesérticas tierras almerienses no están consideradas como una de las zonas con
más masa forestal, está compuesta por vegetación denominada de monte bajo:
espartales, romero, con poco arbusto y mínimo arbolado.
El árido terreno está compuesto por muchas vaguadas, terrenos sin montañas en altura,
pero de difícil actuación de medios humanos y terrestres, si le unimos la velocidad y
temperatura del viento, hace que el agua que sueltan los medios aéreos se evapore antes
de llegar al suelo, esta situación previsible permite que el fuego actúe con una rapidez y
voracidad tremenda.
Aproximadamente con estos datos, en enero se tendría que haber creado un protocolo de
actuación para evitar este tipo de tragedias naturales y humanas.
Las cabras y asnos, serían los bomberos naturales, aquellos que se encargarían de
mantener estos espacios limpios de vegetación (combustible) De forma especial en las
zonas cercanas a los pueblos y viviendas solitarias.
Cortafuegos, esos espacios carentes de toda vegetación que imposibilita que el fuego
avance.
Vías de evacuación: No es suficiente contar con una sola vía. En caso de incendio se
colapsaría. Hay que contar con, al menos dos. Como si de un edificio se tratara, contar
con una salida de emergencia.
Alertar a la población: De poco sirve alertar a la población si esta no es consciente del
problema. Previamente, existirá una completa formación para que los vecinos se
conciencien.
A fin de que lleguen las alertas, deberá existir la suficiente cobertura en las
telecomunicaciones y tener los protocolos de actuación bien diseñados y conocidos por
los vecinos y ayuntamientos (formación e información).
En última instancia, si las condiciones climatológicas llevan a tener un exceso de
vegetación, habrá que contar con los medios para llevar a cabo las quemas preventivas
(limpiar el campo de la vegetación que pueda convertirse en fuego destructor)
Caso contrario: muerte, más de 1.100 desalojados, 400 efectivos de la Guardia Civil y de la
UME.
Hemos observado que, a mayor riesgo de incendios, menor presupuesto. Año tras año
disminuyen los dineros para evitar incendios.
Sería más honesto decir que algunas CCAA no tienen capacidad de gestionar la
prevención de incendios. Sabemos que no es fácil, pero conocemos perfectamente que
hay personas preparadas para llevar a cabo esa prevención y desarrollar los protocolos
más oportunos para cada situación. Cierto que en muchos de los casos no tienen la profesión
de políticos y cuentan con sueldos paupérrimos. Pero son expertos en prevención de
catástrofes.
Se conoce como actúa el fuego con cada tipo de combustible: no es lo mismo la
extinción de un bosque que la extinción de la vegetación de monte bajo. Conocemos
que en determinadas condiciones de temperatura no es necesario que el comburente
(O2), esté en el porcentaje del 21%, que la madera de un árbol puede arder muy
lentamente y esperar las condiciones necesarias para volver a aumentar su potencia
calorífica y de llamas.
También se conoce que la escasa y reseca vegetación de espartales, genera un desarrollo calorífico tremendo, corre como la pólvora y que los únicos medios seguros son los preventivos. El único retardante es la humedad del aire.
La población desalojada no puede estar pendiente del capricho del viento. Los
protocolos se pueden ajustar a modelos predictivos meteorológicos, pero nada más.
Si sabemos todo esto y más, la pregunta es fácil de hacer y dolorosa de contestar: ¿Por
qué se llega todos los años a situaciones similares?
España adolece de la sensibilización necesaria para llevar a cabo la gestión de la
PREVENCIÓN, no solo en cuanto a catástrofes se refiere, tampoco somos expertos en
prevención de la salud ni de muchas cosas más. Antes se decía que éramos como los
bomberos, sabíamos acudir a apagar el fuego, ahora sabemos que los bomberos están
preparados para prevenir las catástrofes y que existen medios de prevención a
disposición de las autoridades, pero siempre antes de que se inicie el hecho causal.
Hay un refrán que no deberían olvidar: “Más vale un por si acaso, que un: ¡válgame
Dios!”
Ya va siendo hora de que la oposición política en Comunidades y ayuntamientos, junto a los
vecinos y demás ciudadanos, seamos responsables de que se ejerza la prevención
necesaria en cada caso.
Los peligros de distintos tipos de incendios y los incendiarios están
por todos los sitios.