Hace pocas fechas se ha presentado el Acuerdo Marco en Madrid, sobre las
Residencias. Lo denominan el Chantaje del Cheque Residencia.
El pasado 1 de julio entró en vigor el Acuerdo marco de plazas concertadas en
Residencias de Mayores de esta Comunidad que tan bien se porta y comprende a los
mayores. Algunos seres bien pensantes lo denominan como “desahucio institucional y
desestabilizador emocional”
Algo que ocurre cada cuatro años
Hay un previo tira y afloja por parte de las empresas del sector Residencias. Un paripé en el que dicen que es poco dinero el que le da la Comunidad de Madrid, a estas Residencias Concertadas.
Con este tira y afloja, los mayores usuarios de residencias se ven en la calle, o en otro centro lejos de sus compañías habituales y con espacios interiores y exteriores desconocidos. El truco está en que algunas dejan de pertenecer a la red de residencias concertadas.
Esto que suena tan simple, el cambio del entorno del mayor, es algo muy complicado de gestionar por los residentes.
El Cheque Residencia, aludido, obliga a las familias a financiar la diferencia entre el coste del centro privado y el importe del cheque, aquellos que no cuenten con esa diferencia y sus ahorros o de su familia no den para completar el pago junto al importe del cheque, se verán obligados a renunciar a su plaza e irse a otra Residencia pública, cuando les toque o ir a vivir con la familia en cualquier lugar incómodo de la casa.
La exquisita y bien planificada opacidad deliberada de la Administración de la comunidad madrileña
impide conocer la cifra exacta global definitiva en este momento, pero la experiencia
acumulada de pliegos anteriores demuestra que este modelo de licitaciones puramente
comerciales pone en riesgo directo de traslado inmediato a más de 600 grandes
dependientes en cada renegociación contractual.
Como media, aunque como las cosas aquí siempre van a más y más al tratarse de los respetados mayores, pues, a saber…
Entre las instalaciones descolgadas están grandes grupos privados repartidos por
municipios clave de la comunidad. El primer paso es comulgar con lo que dice la CM, luego, cuando la residencia está llena, anulan su compromiso y la mayor parte de los residentes cubren el importe total gracias a la colaboración de las familias y los ahorros de los mayores junto al famoso cheque.
Los que no puedan hacer frente al gasto, son trasladados y se enfrentan a nuevas cuidadoras, nuevas compañeras de residencia, nuevos ambientes… Desarraigo.
Lo ideal para una persona vulnerable.
Para las familias que, por motivos de salud extrema o arraigo psicológico de su familiar,
se niegan a un traslado traumático, la única alternativa legal que les ofrecen es que la
persona mayor afectada permanezca en la misma residencia, pero aceptando el cheque. Al
hacerlo, el residente en cuestión, ¡zas!, pierde su derecho a una plaza pública y pasa a
ser un cliente privado de la empresa geriátrica. Sin vinculación alguna con la
administración.
Como el importe de la ayuda económica autonómica no cubre el coste
real de la tarifa comercial de la residencia privada, las familias se ven obligadas a
cofinanciar de su propio bolsillo la diferencia de precio, enriqueciendo directamente al
negocio geriátrico a costa de su patrimonio.
Un negocio redondo sin muchas opciones a protestar
Es vergonzoso que a los mayores y dependientes se les trate como mercancía humana,
trata de blancos y blancas. Una especie de Rastro de dependientes donde las empresas
entran y salen de los convenios sin penalización alguna. Donde sus márgenes de
beneficio crece y crece.
Habría que tomar cartas en el asunto y cambiar el modelo de lucro de estas residencias
tan solidarias con los mayores. Los cheques a cambio de la expulsión del sistema
público, es una especie de tarjeta roja, sin que detrás esté un Trump que lo enderece.
Hay que pedir con contundencia una red de residencias públicas que albergue
especialistas de la sanidad pública y dejar de engordar las sacas de las multinacionales
geriátricas, esas empresas solidarias que olvidan siempre los derechos humanos.
Cuando queramos movilizarnos ya muchos estaremos en residencias, expuestos a la
codicia de unos y a la mala gestión de otros.