Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas. Ese refrán español define muy bien la coz que soltó a los medios el pasado miércoles un político capitidisminuido, que parece que habla sin conocimiento previo, aunque, lo que le debe ocurrir, es que tiene que orientar la mirada de los medios hacia otro lado.
Todos pensamos que es la clásica rabieta de aquel que no ha sido jefe del ejecutivo porque no ha querido. Puede que sea una nueva forma de investigar cómo hacer un nuevo coctel de tontunas. Se pudo preguntar: ¿Qué pasará si junto absentismo con baja?
Y lo vimos, se llevó el bulopremio del día. ¿Qué podrá ocurrir si lanzo un fascicomentario rotundo?: Hay que acabar con ese cáncer, con o sin intervención de los sindicatos. Efectivamente, se llevó el premio al comentario más descabezado y ultramontano del año.
La provocación está servida y los mosqueados nos disparamos tras tanta mala inquina en su oratoria, ya que, en el fondo, lo que pone de relieve es que la sanidad no va ni de lejos. Si las bajas crecen es por distintas causas:
– El número de trabajadores desde que gobernaba la democracia cristiana ha aumentado en unos cuatro millones, por tanto, a más trabajadores, más bajas.
– El número de trabajadores en la sanidad decrece.
– El tiempo de demora en las operaciones sigue creciendo, por tanto, los días de baja de los trabajadores a la espera de mejorar su estado de salud ha aumentado.
– El aumento de derechos como la baja por paternidad, crea absentismo legal.
– Los trabajadores sufren un descuento mensual en sus nóminas para tener derecho a usar los planes de formación continuada. No es ausencia negligente, la norma indica que la formación debe llevarse a cabo en horas de trabajo.
– Los días de libre disposición están en la norma de muchos trabajadores.
– Los días por fallecimiento, nacimiento, operación de familiares, siguen existiendo.
Nada ha cambiado desde hace muchos años, en todo caso se han aumentado los derechos.
Antaño existían las entidades colaboradoras en la gestión de la Seguridad Social. Empresas como: Telefónica, RTVE, la Banca, tenían un acuerdo con la Seguridad Social, para gestionar las bajas de sus trabajadores, de tal forma que, ante un accidente o una patología común, estas entidades ponían todos los medios para que sus trabajadores y sus familias pudieran ser atendidos a la mayor brevedad.
Eliminaron esta fórmula muy antigua que ofrecía muy buenos resultados a las empresas. Bien, que se pongan a ello y que se den las oportunidades necesarias para que regrese ese modelo que frenaba el tiempo de baja y potenciaba la salud de los trabajadores y sus familias.
Nunca es tarde para llevar a cabo una buena gestión. Lo mismo que siempre es tarde para decir bobadas.
Más médicos que cuiden la salud del trabajador es una opción inteligente. Los médicos sufren inspecciones. No pueden dar de baja a los trabajadores por sus reales gónadas. Lo mismo que no pueden recetar aquellos fármacos que creen necesarios. La inspección es la que da su última palabra.
No se habló de la cantidad de trabajadores que hacen horas extraordinarias y que, casualidades de la vida, nadie se las paga ni se las pagará.
Ya que hablamos de absentismo, el no cumplir con las obligaciones, absteniéndose de ellas, en el caso de los empresarios, también sería considerado como un cáncer y de la misma forma, sin negociación con los empresarios, se debería aumentar las multas
para estos desaprensivos que tienen la sartén por el mango.
La otra noche, el periodista de guerra Jon Sistiaga, contó una anécdota: Tras ser liberado después de estar secuestrado una semana, al llegar a su empresa, que le pedía hiciera
artículos sobre sus días de secuestro, preguntó si se le iban a pagar como horas extras esas jornadas que estuvo secuestrado. Le dijeron que no, pero le insistieron en que relatara sus vivencias. Esa ley conocida como la del “embudo”, sigue existiendo hoy en día.
Cualquier denostado funcionario sabe que, cuando las cosas vienen mal dadas, no es raro salir del ministerio pasada la medianoche. Nadie pide que se le paguen las horas.
En la vida del laboro existe un ten con ten. Si los aprendices de gestores no se han enterado o los vampiros explotadores no lo asumen, el problema no es del trabajador.
Tras escuchar estos credos, no sé como siguen manteniendo espacios de poder los que opinan que los trabajadores deben perder sus derechos.
Entonces, ¿por qué les votan?
No son tantos los empresarios para conseguir esas mayorías, aunque podemos percibir que los autónomos se creen que han dejado de pertenecer al mundo proletario y están al mismo nivel de los empresarios. Craso error. El empresario que mueve los hilos les
utiliza mientras les da palmaditas en la espalda.
Algunos se han empeñado en tratar a los profesionales liberales como si se tratara de empresarios. Tampoco es así. Los profesionales liberales ganarán más dinero, pero forman parte del sistema en el que el empresario es el que sigue moviendo los hilos.
El invento de la clase media, no les da poder y no les separa del proletariado. Los ciudadanos que proceden de otros países que han sufrido dictaduras de izquierdas, con el fin de darle la vuelta a su forma de vida, votan ideas de casquero como las comentadas.
No, no es lo mismo lo que vivieron en sus países que el esfuerzo por
mantener y desarrollar derechos sociales para una mayoría trabajadora.
Las mentiras les copan los sentidos a estos grupos junto a los negacionistas y chavalería que no se quiere plantear en que nivel social se encuentran.
Para todos esos que votan lo que al resto de trabajadores perjudica, ya que ataca a sus derechos, habrá que recordar que: Los tres primeros días de baja, no se percibe un euro. Del 4º al 20º se cobra un 60% del sueldo y a partir del día 21, se percibe el 75% del sueldo.
Solo un 20% de los trabajadores tienen convenios laborales por los que la empresa les abona la parte restante que no paga la Seguridad Social.
Es decir, el empresario no paga nada, es la Seguridad Social la que se hace cargo de los gastos salariales del trabajador con baja. En caso de accidente laboral, los medicamentos también corren a cargo de la Seguridad Social. Caso contrario los paga el trabajador.
Una pregunta a los grandes gestores empresariales: ¿Es mejor que el trabajador siga asistiendo a su puesto de trabajo, aun a riesgo de transmitir una enfermedad al resto de la plantilla o que el médico, conocedor de los patógenos que afectan al humano, conceda la baja laboral?
¿Es mejor no faltar al trabajo y poder ser la fuente de un accidente laboral propio o a terceros o estar de baja?
¿Es mejor hablar sin conocer todo el contexto o tener conocimiento de lo que se dice y no crear situaciones absurdas?