Hace ciento treinta años fallecía en Hammersmith, William Morris. Fue uno de los primeros socialistas ingleses, pero su figura no es suficientemente conocida más allá de su legado artístico que sigue siendo estudiado y homenajeado actualmente en exposiciones sobre el movimiento Arts & Crafts (1).
Morris representó muchas cosas, entre ellas, una contracultura a la hegemonía victoriana. Un romanticismo sobre el que emergió una incipiente conciencia ecologista. Un socialismo influenciado por ideas libertarias y fuertemente antiestatista que, además, hizo de la crítica moral a la civilización moderna su principal seña de identidad. Finalmente, Morris, también fue considerado un creador de la utopía social y ecológica.
Se hizo socialista casi con cincuenta años cuando ya era una figura conocida entre las vanguardias artísticas de Inglaterra. Leyó los textos de los socialistas utópicos pero se quedó impresionado con los trabajos de Marx, en particular el tomo uno de El Capital que leyó en francés. Es llamativo porque Morris provenía de una tradición romántica alejada de la economía política. Gran parte de su vida estuvo influenciada por Thomas Carlyle, William Cobbett y especialmente John Ruskin. Todos ellos pertenecientes al romanticismo inglés.
Precisamente esa influencia marca la originalidad política de Morris. El romanticismo es un movimiento de regreso hacia lo medieval y a la naturaleza salvaje. Detesta ante todo la civilización moderna aunque no se exprese en términos económicos. Ensalza la armonía entre lo humano y la naturaleza que le rodea frente al
desarrollo industrial y la miserable fealdad de sus entornos. En cierto sentido es una puerta abierta al ecologismo con el mérito de que su ecocrítica arranca a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
El otro factor que marca la singularidad del marxismo tardío de Morris es su convicción de que el capitalismo no es solamente un modo de producción, sino una degradación moral para el ser humano y para la naturaleza. En eso, se acerca bastante al anarquismo de Kropotkin. Para Morris la crítica moral es tan importante como la crítica económica. Las relaciones sociales de producción son también relaciones morales en donde las clases dominantes ejercen todo su poder frente a las clases trabajadoras. Morris lo expresó con una poderosa frase: “odio la civilización moderna”. E.P. Thompson, Raymond Williams, Michael Löwy o Jorge Riechmann forman parte, en mi opinión, de esa tradición romántica, socialista y humanista (2).
Analizando la obra de Morris creo que existe una diferencia de enfoque general con los fundadores del marxismo. Está documentada en la correspondencia privada de Engels a Marx, que éste le consideraba un “socialista sentimental». Cuando Thompson escribió la monumental biografía de W. Morris dijo:
“Tuvo la fortuna de sustraerse de las cadenas del dogmatismo. Los puntos en los que enlaza con la tradición marxista son importantes, pero no lo son menos aquellos en que sus acentos divergen. Su desconfianza hacia el culto acrítico al crecimiento de la producción mecanizada prefigura en numerosos aspectos las preocupaciones ecológicas de hoy. Morris fue un comunista verde. Pero fue también un crítico del estatismo centralizado”. (3)
Para Michael Löwy existe un legado de Morris hacia los movimientos ecologistas actuales:
“Fue una importante fuente del movimiento ambientalista de los años sesenta y setenta y una referencia en particular para The Greening of America de Charles A. Reich. Diferentes corrientes del pensamiento ecológico y social de los ochenta, noventa y posteriores también se han visto afectadas por su obra de un modo u otro; entre ellas, cabe destacar algunas de las tendencias más radicales: la llamada ecología profunda (deep) o espiritual, el ecofeminismo, el ecosocialismo y la ecología social libertaria (anarcosocialismo)”.(4)
Löwy está en lo cierto. El mayor mérito de Morris consiste en anticiparse a su época. Hoy, en la era del cambio climático cae por su propio peso, pero no a finales del siglo XIX donde además, estaba de moda una fuerte corriente positivista de ensalzamiento del poder del hombre sobre la naturaleza. A comienzos del siglo XX no había todavía aumento significativo de gases de efecto invernadero, ni aumento de la temperatura media del planeta, ni de la acidificación de los océanos, ni se encontraban en peligro de extinción miles de especies animales o plantas.
William Morris introdujo -objetivamente- una ruptura con una concepción más economicista y desarrollista del socialismo del siglo XIX. Una concepción que con la degeneración del estalinismo, tuvo consecuencias ecocidas: la industrialización acelerada, la explotación agrícola intensiva, la construcción de centrales nucleares, la utilización y experimentación con la energía atómica, la degradación medioambiental, etc. En todo esto, el Estado burocrático no se diferenció en nada del capitalismo occidental.Resulta obvio que Marx y Engels no deben “pagar” por los crímenes ecológicos de los Estados burocráticos. Sería como culpar a Charles Darwin del darwinismo social que preconizan las corrientes reaccionarias. Pero la visión antropocéntrica y la concepción de una idea de progreso basada en un desarrollo de las fuerzas productivas no ayudaron lo más mínimo a frenar la crisis actual.
Ahora, algunos marxistas como Bellamy Foster y sobre todo Kohei Saito, a partir de la apertura de los archivos MEGA (Marx-Engels Gesambausgabe), están tratando de mostrar que un Marx tardío empezó a ser sensible a la destrucción que el capitalismo producía sobre la naturaleza. En mi opinión, a la espera de nuevos resultados en la investigación, esa tésis no ha sido suficientemente demostrada.
En cualquier caso, William Morris, abrió intuitivamente un camino que, desgraciadamente, no tuvo continuidad entre todas las corrientes marxistas al menos hasta mitad del siglo XX. Como ha señalado Jorge Riechman en su reciente libro: “Absortos en los importantes debates sobre si socializábamos o no los principales medios de producción, se nos olvidó la cuestión esencial: cómo habitamos la Tierra.” (6)
El socialismo que proponía William Morris se encuentra a medio camino entre la nostalgia romántica y la utopía futurista de “News from Nowhere” (7) ¿Qué queda hoy de todo eso? ¿Es posible reinventar un nuevo socialismo en el siglo XXI contrario al desastre medioambiental y ecológico de la industrialización capitalista y burocrática?
Hace treinta años, Perry Anderson, escribió varias hipótesis en su conocida respuesta a Francis Fukuyama (8). Si el socialismo había entrado en un punto de inflexión con la desaparición de la URSS ¿A dónde podían dirigir sus esfuerzos los movimientos anticapitalistas del momento? La idea de un socialismo híbrido entre la vieja concepción del siglo XIX depurada de cierta religiosidad subjetiva (el papel revolucionario del proletariado), sumada a la necesidad de ofrecer una alternativa a la crisis ecosocial y a una nueva revalorización de la crítica moral a la civilización, tomó toda su relevancia.
Sin embargo no se trata solo de un tema teórico que resida en nuestras cabezas. Podemos reformular sobre el papel un socialismo ecológico para las sociedades del futuro pero esa alternativa es posible que haya llegado demasiado tarde. Como han manifestado muchas veces sectores del ecologismo, hace cincuenta años estábamos en condiciones de cambiar el curso de los acontecimientos, pero los triunfos de un capitalismo ávido de crecer y crecer ha empujado a la civilización en un sentido contrario y, peor aún, seguimos pisando el acelerador hacia un futuro cada día más incierto.
Las fuerzas de la naturaleza que hemos desencadenado, por el momento, están fuera de nuestro control; de nuestras capacidades científicas y tecnológicas actuales. Pero no de nuestra voluntad como hombres y mujeres libres si fuéramos capaces de cambiar los patrones económicos, políticos y culturales del sistema actual.
La emergencia climática ha entrado en nuestras vidas y lo hará con mucho más vigor en las próximas décadas. Por decirlo claramente, no podemos albergar la esperanza de un futuro socialista, es decir, una sociedad igualitaria, libre y abundante para diez mil millones de seres humanos, con temperaturas medias de +3 o +6º en la Tierra. Los impactos globales que tendrán sobre las poblaciones y los ecosistemas serán próximos a lo que las glaciaciones supusieron para nuestros ancestros hace cien mil años.
Ahora se trata de activar, como dijo Walter Benjamin, los frenos de emergencia. No renunciamos a la utopía socialista que con toda su belleza encarnó William Morris, pero debemos tener en cuenta que la máxima prioridad es preparar a las próximas generaciones para el futuro de un planeta que sufrirá grandes convulsiones. Cuanto más conscientes seamos y mejor estemos organizados -las clases trabajadoras y las poblaciones más pobres- mejor podremos enfrentarnos tanto a los desafíos de la naturaleza como a la brutalidad egoísta de las clases dominantes.
Notas:
1.- Arts & Grafts: Fue un movimiento artístico y cultural nacido a finales del siglo XIX como respuesta a la revolución industrial. Defendió el retorno a la artesanía natural y la integración del arte a la vida cotidiana. Su líder fue William Morris.
2.- Creo que la influencia de W. Morris en estas cuatro personas ha sido importante. En el caso de E.P. Thompson es explícita y podríamos decir que Morris fue para Thompson su alter ego. Raymond William también tiene una deuda con Morris como se refleja en sus trabajos culturales o ecologistas. Löwy escribió junto a Robert Sayre una serie de ensayos titulados “Anticapitalismo romántico y naturaleza” que sitúan a Morris como pionero de la ecología. Jorge Riechmann por su parte ha desarrollado un enfoque ecologista profundo donde se unen conceptos científicos (ley de la entropía), éticos (simbioética) y radicalidad política (ecosocialismo) muy próximos a Morris.
3.- E. P. Thompson. William Morris. Romántico y revolucionario (1955). Editado en castellano en la Editorial Debates en 1988.
4.- Michael Löwy y Robert Sayre. Anticapitalismo romántico y naturaleza. Editorial Enclave. 2020.
5.- W. Morris. La era del sucedáneo. Editorial Pepitas de calabaza. Página 113. Año 2016.
6.- Jorge Riechmann. Donde el amor allí el mundo, pág 46. Ensayos de simbioética. El desvelo ediciones Altoparlante. 2025
7.- News from Nowhere (Noticias de ninguna parte) . Capitán Swing. Año 2011.
8.- Perry Anderson. Los fines de la historia. Editorial Anagrama. 1996
Jesús Jaén Urueña es activista social.
Publicado antes en VientoSur
