Por Ana Encinas, Médica de atención primaria

Hablar de Salud es hablar de un estado de completo bienestar físico, psíquico y social, que no puede suceder en una sociedad enferma, donde los derechos y determinantes sociales se han quebrantado.

A veces es difícil detectar el machismo y su violencia hacia las mujeres en una sociedad patriarcal en la que lo respiramos cada día y lo hemos incorporado a nuestras células. Es necesario un trabajo individual, introspectivo, tanto en hombres como en mujeres, para despojarnos de ese lenguaje y esos gestos que hemos interiorizado y normalizado, esa superioridad implícita otorgada al sexo masculino.

Es vital poner conciencia en ello de forma persistente.

Para ser víctima de la VIOLENCIA DE GÉNERO no hay características específicas, no hay un perfil determinado, el único requisito es SER MUJER. Por eso no podemos agrupar la violencia de género con el resto de violencias.

Desde 2003 son 1.353 las mujeres asesinadas por su pareja o expareja, que unido al asesinato de 67 menores, son cifras escalofriantes, inadmisibles.

Básicamente, hay 4  tipos de violencia de género:

1- VIOLENCIA FÍSICA: El agresor dirige hacia la mujer golpes, empujones, mordeduras, quemaduras, estrangulamiento, envenenamiento o agrede con algún tipo de arma.

2- VIOLENCIA SEXUAL: Se entiende como cualquier acto de connotación sexual forzado (beso, tocamiento, agresión, violación…). Puede producir lesiones genitales, contagio de Enfermedades de Transmisión Sexual… Las mujeres son usadas, abusadas y agredidas sexualmente de forma reiterada, bajo la legitimidad del amparo del vínculo que les une (pareja o marido).

Sumando la violencia física y sexual, según la última Macroencuesta del Ministerio de Igualdad (2025), afectan al 12.7 % de las mujeres residentes en España de más de 15 años.

3-VIOLENCIA PSICOLÓGICA: Es la más frecuente, afecta al 20.9%. La mujer sufre maltrato verbal, insultos, descalificaciones, humillaciones (a veces en público), desaprobación de la conducta y de la forma de pensar, aislamiento social y familiar, amenazas (el agresor la amenaza con abandonarla, quitarle a sus hijos, matarla o suicidarse él). Incluso intenta hacerle creer que se está volviendo loca.

4-VIOLENCIA ECONÓMICA: No permitir a la mujer entrar en la cuenta bancaria, usar su tarjeta de crédito, controlar y decidir todos los gastos, pedir préstamo sin su consentimiento, impedirle trabajar. Afecta al 11.7% de las mujeres en pareja.

Para entender la actitud y poder ponernos en la piel de la mujer maltratada es necesario conocer EL CICLO DE LA VIOLENCIA (Leonor Walter 2012). Hay una primera fase (de TENSIÓN) en la que el maltrato es psicológico y va aumentando gradualmente, Al principio la mujer no suele darle importancia. Hay una escalada de la irritabilidad, con ataques incomprensibles para la mujer, que intenta calmar a la pareja, trata de complacerle, pensando que puede evitar la segunda fase (de EXPLOSIÓN), en la que estalla la violencia y se producen las agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales.

Estos ataques son impredecibles, sin un claro desencadenante. El miedo va incrementando cuando la mujer ve que no logra detenerlo. Es en esta fase cuando suele suceder la denuncia, dependiendo del apoyo social y familiar que tenga la víctima. En la tercera fase (de ARREPENTIMIENTO o luna de miel) el agresor pide perdón, busca excusas para su conducta y asegura que no volverá a suceder.

La mujer intenta volver a confiar y el agresor lo concibe como una amenaza para su poder, la necesidad de controlarlo todo es el inicio de un nuevo episodio, los ataques son cada vez más frecuentes, intensos y peligrosos, predominando la fase de explosión.

Cuando la mujer ha intentado en repetidas ocasiones evitar las descargas sin éxito, llega a la conclusión de que no puede hacer nada (Indefensión aprendida). Su pasividad y su falta de iniciativa, el acceder a romper los vínculos familiares y sociales, son mecanismos de protección hacia ella y sus hijos. De esta manera queda atrapada entre el miedo, la culpa, la ansiedad, la vergüenza y la soledad, sin ver posibilidad de salida.

El objetivo del agresor es el control, el sometimiento y el dominio.

No es fácil que una mujer víctima de maltrato pueda compartir su problema en nuestras consultas de Atención Primaria y no se trata de hacer programas o preguntas “clave” infalibles, se trata de tener la imprescindible continuidad con el mismo profesional para que exista un vínculo de confianza, un espacio cálido y sin juicio y de disponer del tiempo necesario, condiciones utópicas en nuestros Centros de Salud.

Aun así, las mujeres acuden solicitando ayuda, refiriendo diversos síntomas (dolor de cabeza, molestias digestivas, dolores crónicos, fibromialgia, cansancio…) Pueden sufrir alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse, irritabilidad, ansiedad, tristeza. En muchas ocasiones presentan un trastorno de estrés postraumático, con pesadillas y pensamientos intrusivos que la hacen revivir la experiencia dolorosa. Hay evidencias de que los síntomas que presentan las mujeres víctimas de violencia son secuelas del maltrato, no son debidos a un desequilibrio previo.

Esta lacra social necesita de apoyo a todos los niveles, no solo institucionalmente. Desde la ciudadanía reivindiquemos la TERNURA, entendida como la capacidad de conmocionarnos por la fragilidad del otro, que nos lleve a crear VÍNCULOS con nuestras vecinas, amigas, familiares, que son absolutamente imprescindibles para sobrevivir en este árido desierto.

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