El consistorio de nuestro Madrid en estos últimos tiempos parece que no da una a derechas (perdón por la broma). Seguro que está abrumado ante tanta derrota urbanística.

Veamos: En las inmediaciones del Bernabéu, no pueden hacerse los cientos de plazas subterráneas que Florentino pretendía. El Centro Acuático no despega, no hay permiso, el Palacio de Deportes tampoco. Algo que a todas luces tenían ganado; el desmantelamiento de las cocheras de Cuatro Caminos, ha sido el último castañazo del Supremo.

Los juzgados, al igual que los vecinos, hablan de ilegalidad. De cualquier forma, no será el fin de la especulación inmobiliaria en la ciudad. Lo estamos viendo en nuestro distrito. En el número 198 del Paseo de La Habana, en aquel espacio protegido, patrimonio de todos, al fin, se salieron con la suya. Van a talar más de 40 árboles y construirán una residencia de estudiantes, unas 400 camas, amén de otras dotaciones.

Es cierto que los estudiantes no pueden albergarse en lugares de difícil comunicación. Los Colegios Mayores de toda la vida, no tienen el sabor a modernidad neoliberal conservadora y postcasposa que requieren algunas de esas mentes preclaras que, mañana, regirán, gestionarán y especularán con nuestros destinos de vecinos sumisos y conformistas.

No importan mucho las carencias que tengan las vecinas y vecinos, hay que habilitar espacios para las nuevas generaciones que marcarán nuestros destinos. ¡Qué no les falte de nada!

Mientras tanto, los vecinos piden tener un Centro de Salud, acabado y entregado a finales del pasado año, pero, son vecinas y vecinos, ¡no pasa nada!, se trata de servicios sanitarios. La vecindad de Chamartín no cuenta con una piscina al aire libre. ¡Qué no pasa nada!

Los autobuses no llegan al Centro de Especialidades, en la calle Doctor Esquerdo 45. Llevan pidiéndolo desde el pasado siglo, ¡no hay problema!, hay sanidad privada.

No se potencian espacios culturales en un distrito con 150.000 almas. ¡Pues que vayan a los teatros de la Gran Vía!

Por eso, cuando la perfidia de nuestro consistorio es frenada por la justicia, nos causa una infinita alegría. Creemos que al final del túnel puede haber esperanza…

Al menos, para que no nos sigan pisando los riñones.

Ya, ya me callo, sé muy bien que no está de moda el reivindicar derechos vecinales. Sigamos pagando el impuesto de basuras a precio de entrada de palco premium.

Sugiero que este consistorio cree un premio, para no desilusionarse en exceso: “Premio a la Obra desconocida”.

Al menos de esta forma podrían seguir con el autobombo corsario.

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