Pensando en la felicitación de Navidad que cada año envío a las personas que quiero, trato de encontrar la palabra que mejor exprese mis sentimientos de estos días: felicidad, paz, alegría, nacimiento, fiesta, pueblo, sencillez, solidaridad, encuentro…

Tras una breve reflexión, me decido por esta última –encuentro– que expresa cabalmente para mí –sin ser la única- el sentido de la Navidad: encuentro con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Difíciles son todos los demás encuentros si no penetramos -con lealtad y profundidad, sin obsesividad- en nosotros mismos.

La Navidad nos enseña que Dios se muestra a los sencillos, y con ellos establece un encuentro. El encuentro de Dios con nosotros –que queremos ser sencillos- nos da la medida de cómo debe ser nuestro encuentro con los demás: limpio, transparente, leal, confiado y confiable .Este encuentro puede fortalecer nuestro dinamismo espiritual y nuestro gozo de vivir.

Todos estos encuentros tienen sus distintos momentos e intensidades, sus altibajos, sus fases. A través de ellos aspiramos a superar los dolores sombríos, las ideas oscuras, el perfil hiriente de la melancolía. Y con su ejercicio aprendemos el placer de un descanso limpio que nos tonifica, la alegría de combatir la opacidad con la transparencia, de respirar aires nuevos y vivir con las manos abiertas, de vencer a la violencia y a la corrosiva indiferencia que nos consume con sentimientos y actitudes de humanidad y de paz, con un ancho corazón,. con el afán incansable de restaurar siempre al término “diálogo”, tan desgastado, su sentido verdadero y su consistencia.

Deseo de corazón que esta Navidad nos haga más fértiles en la generosidad y en la acogida, en la austeridad solidaria, en la palabra y en el silencio, en la soledad y en el abrazo, .en la profundidad y en la empatía.

Con toda mi confianza y mi cariño os deseo una Navidad plena y feliz,

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