Un nuevo momento se abre ante ti. Espero que estés recordando, si existen o existieron,
momentos de tu vida, en soledad o en compañía que merezcan la pena revivir.
Pero la vida sigue, la de nuestros protagonistas: Flor y Juan, también.
¿Por fin se encontrarán nuevamente?
Yo creo que ya va siendo hora, pero Thalía es muy suya y le gusta crear arcos
dramáticos para chincharos.
Vamos a leer que ocurre.
Ya todo está preparado. Ha sonado el tercer timbrazo.
Todo a punto: gafas, ventilación…
¡Seguimos!
Flor. – ¡Uy!, Jose, dio la espantada; al final, se fue a vivir a Jaén tras vender la farmacia,
le tiraba el campo. Yo me quedé con mi despacho, nuestra relación es algo que terminó
hace tiempo. Fue bonita mientras duró. Y sí, me apetece mucho asistir a la boda de tu
hija, que no conozco, así te veo, que ya no te reconoceré. Hace muchos años que no nos
vemos.
Juan. – ¿Qué si hace…? Hace demasiados años que no nos vemos, es cierto. Recuerdo
ese fin de semana con puente, cuando ensayábamos Los Justos, que nos perdimos en
Ibiza.
Te reservo habitación en el Parador, ¿vendrás sola?
Flor. – Sí, iré sola, pero depende de ti que esté sola, Mérida sé que tiene muchas cosas
que ver, podríamos quedar unos días antes allí y si te parece, podías dedicar parte de tu
tiempo como cicerone, y mostrarme lo más bonito de la zona.
Juan. – ¡Me parece una idea extraordinaria, Flor! Comeremos en el lago de Proserpina,
cenaremos en El Arco… Bueno, ya veremos lo que hacemos, yo estaré sujeto a ciertas
reuniones familiares. Vendrá Ruth, su madre y no sé las cosas que me tendrá preparadas
mi hija. Yo voy a estar una semana antes, ya me dirás cuando llegas tú, te adjunto el
tarjetón de la boda.
Ya hace un año que dejé de fumar, lo malo es que sigo acordándome del tabaco.
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(Si te apetece puedes introducir unas notas musicales, posiblemente románticas)
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Flor. – Queridísimo Juan:
Ha sido una semana muy bonita e interesante, recordar nuestras notas y cartas ha sido
increíble. Parece que la vida está resumida en un montón de páginas.
Te noté muy cambiado, eres un hombre con más carácter, más maduro, más… hombre.
Lo que no me gustó es el poco pelo que tienes, el pelazo que tenías me encantaba, en
cambio ahora poco y muy corto. Un desastre.
Disfruté de tus caricias, las echaba de menos desde hacía… muchos años.
Juan. – ¡Ay, mi querida Flor! Yo tan bien lo pasé muy bien contigo. Me alegra que me
notes más hombre y más calvo, máxime cuando, como ya no recuerdas, me apellido
Cabello: Juan Cabello. Si te descuidas solo hubieras encontrado un proyecto de hombre
y de pelo.
Flor. – ¡Ja, Ja, Ja! Eres el hombre oxímoron. Me encanta lo paradójica que resulta la
vida.
Juan. – Cuéntame, cosas guapísima ¿Cómo te fue el verano?
Flor. – No me puedo quejar, Juanito “El Melenas”. Debe ser una etapa nueva de la vida,
la quirúrgica, he tenido que eliminar algo de mí que solo me creaba problemas, un mioma uterino demasiado hermoso para mantenerlo. Fue rápido y sin complicaciones.
Estoy muy bien. Ya todo pasó. ¡Viva la vida!
Juan. – ¡Coño! ¡Podías haber avisado, guapita! Yo habría podido estar allí en horas.
Flor. – Aproveché para operarme cuando vino Juan, mi hijo, de vacaciones, luego nos
fuimos a Galicia, a comer bien y descansar mejor. Tú de eso de gastronomía seguirás
estando muy puesto, ¿no es así?
Juan. –Me alegra que estés bien y que pasases unos días con tu hijo. En realidad, como
te dije cuando nos vimos en Mérida, no he sido nunca experto en gastronomía, fueron
circunstancias que no te pude explicar en su momento. Espero poder hacerlo dentro de
poco.
Flor. – ¡Vale! No confieses. Te voy a llamar Juanito “El secretos”. Sabía que los
periodistas no podíais revelar vuestras fuentes de información, pero vuestras fuentes de
pescado, regadas con txacolí o godello, no pensé que fuera algo trascendental.
Juan. – ¡Mira que eres larga! No pretendas hacerte la ingenua Flor, que eres abogada
desde hace muchos años. Si te digo que no puedo comentar nada es por algo. ¿De
acuerdo? Y tú sabes por donde iba la cuestión. No hace faltar pensar mucho si hablamos
de el País Vasco, ¿verdad?
Hablemos de ti: ¿Cómo estás de tu operación? Me figuro que, como nueva, hecha una
odalisca.
Flor. – No lo sé, pero me lo imagino. Todo era una broma Juan.
Estoy magníficamente. La cicatriz apenas se nota. Hago una vida muy normal, trabajo
demasiado y tengo ganas de pasar un fin de semana contigo. Te propongo una cosa. Tú
haces el puente aéreo, yo me meto en un AVE a Sevilla, alquilamos un coche y nos
perdemos unos días por Doñana, ¿o estará acotado para nosotros?
Juan. – ¡Caramba! Mañana me voy a Francia por un tiempo indeterminado, ya te
escribiré cuando regrese. Si no te importa posponemos tu magnífica propuesta. Sé de
buena tinta que ni Doñana ni el AVE, se jubilarán.
Flor. – ¡Carajo!, como solía decir mi padre: Cuando no es por putas, es por virutas, el
caso es que no coincidimos. Buen viaje… y recuerdos a Lulú.
Juan. – ¡Hola, preciosa! He regresado de Francia hace unos días. Pensé que iba a ser un
viaje más corto, pero…, la vida es así. El hombre propone y…
¿Cómo te encuentras? No he podido escribirte en estos meses, casi un año, pero ahora
espero estar en disposición de pasar un tiempo aquí. A ver cuando sacas unos días y nos
vemos en cualquier punto de nuestra geografía.
Flor. – ¡Ah, pero vives! Tus espantadas son más largas que un día sin pan y sin agua. Me
alegro saber de ti y tu existencia. Espero que todo , para todos, vaya bien.
Un beso.
Juan. – ¡Aquí estoy, vivito y coleando! ¿Cuándo nos vemos?
Yo diría que las cosas progresan al ritmo que nadie deseamos, pero la impaciencia
nunca ha sido buena para esas cosas que te imaginas.
Sigamos tocando madera.
Un beso.
Flor. – Claro, tanto tiempo en Marsella, has tenido que colear mucho con esa tal Lulú.
¿no es así?
Me alegro que todos los engranajes comiencen a colocarse.
Más besos.
Juan. – ¡Eres pólvora! No solo he estado en Marsella, he recorrido buena parte de
Francia por otros motivos que no han sido los de relacionarme. Pero eso ya te lo contaré
en persona, si accedes a que nos veamos.
Ya se van pudiendo contar cosas pasadas.
Un beso fuerte.
Flor. – Me lo imagino Juan, pero… malos tiempos para la lírica, el despacho está a tope.
Cuanto menos quiero trabajar, más trabajo entra. Estoy gafada. Además, voy notando
los años. Cada vez voy más lenta en todo.
Un besazo lento…, pero seguro…, seguro que te apetecerá.
Juan. – ¿Cómo estás de liada? Mira, Flor, tengo una amiga en una agencia de viajes, que me ha propuesto un viaje tremendo, se trata de viajar una semana al corazón de África, ¿te apuntas?
Seguro que veremos cosas que solo hemos imaginado.
Ya me contarás.
Besos de jungla.
Flor. – ¡Loco! ¿A tus años de bufón junglar? Pues no es precisamente la idea que tenía
en estos momentos, pensaba en un viaje de descanso, pero si dices que es tan tremendo,
cuenta más detalles que lo mismo me apunto, si puedo.
Un beso tarzanesco
Juan. – Te cuento, niña de mis entretelas… Londres, Johannesburgo, de ahí a Botsuana,
una vez en Gaborone, su capital, vamos al delta del Okavango y subimos hasta las
cataratas Victoria, ¿qué te parece?
Dicho así es un nada, pero los paisajes y la fauna seguro que nos dejan atolondrados.
Besos viajeros
Flor. – Es un poco, como si me hablaras en chino mandarín, se muy poco de África, si
solo es una semana, puedo dejar el bufete sin muchos problemas, he contratado a un
estudiante que parece espabilado.
¿Cómo lo hacemos? Yo cada día estoy más pez en esto de viajar por el mundo.
Besos perdidos en aeropuertos
Juan. – Primer paso, criatura: Sacar un billete de avión hasta Londres, aeropuerto de
Heathrow. De ahí sale el grupo a Johannesburgo. Vacúnate de la fiebre amarilla y el
tétanos, compra algunas pastillas para evitar las disenterías, lleva un botiquín adecuado
y ropa de safari fotográfico, pero poca. Si quieres llevarte algún lomo embuchado,
almendras o alguna lata de mejillones, es posible que nos venga de perlas. Te mando
tríptico con fechas e itinerarios. Te invito yo.
Varios besos.
Flor. – En qué líos me dejo meter… De acuerdo, me parece que todo está bien, ya tengo
el billete. Allí nos veremos el próximo 10 de junio. Un beso.
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¿Quién de vosotras y vosotros no ha pensado en la melodía de Memorias de África,
como la música idónea para este segundo encuentro?
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Continuará…
Autores: Thalía (Musa en activo) Emilio Meseguer Endériz (Miembro de la Academia
de las Artes Escénicas de España)