En Madrid somos muy nuestros y de poco criterio, para iniciar el proyecto de
mentalización que Europa lleva décadas potenciando. El hacer las ciudades habitables y
exentas de coches, nuestro Madrid, cierra filas y se presenta como paladín del motor, la
contaminación y el ruido.

Para catequizar al vecindario nos cuentan mil cosas gratas sobre las bondades del
turismo y el deporte, algunos no estamos de acuerdo en que, durante 10 años,
septiembre sea manipulado con miles de turistas de los llamados premium FI.

Aquellos que por un finde son capaces de aliviar sus bolsillos, pagando por chalets 20 o 30 mil
euros. Ellos pueden, estupendo, pero la miseria social que puede generar ese esperpento,
al que los más ingenuos llaman deporte, es inmensa. Hablo de la F1 y todo lo malo e
inútil que trae consigo: ruido, contaminación, atascos, encarecimiento de nuestras
vidas…

Menuda lección municipal la que ofrece a sus vecinos…

Para poder estar a la altura Madrid-Destino, aportará en su promoción dos millones de
euros. ¿Sabéis lo que ese gasto supone para promocionar una carrera? Para que nos
hagamos todas y todos una idea, ese monto es el que, casi se llega a gastar Madrid –
Destino en publicitar y promocionar la cultura de Madrid durante todo un año.

Solo cierta cultura, ya que la cultura de proximidad no tiene cabida en sus estructuras de
gestión. La cultura barrial es algo que debe desecharse, esa no hace caja. No es algo
nuevo, nunca significó nada para los gestores de lo público, el producto cultural de
cercanía es algo incómodo, de usar, tirar y trasladar.

Eso sí, dentro de un bocata entre lo político y lo religioso. Lo denominan fiestas patronales. En Chamartín había la tradición de celebrar las fiestas en julio, por el Carmen, como Chamberí y Vallecas, hasta que
llegó un propio nombrado concejal y de un plumazo la trasladó a septiembre. Había que
buscar un patrón y se le adjudicó a un arcángel, san Miguel, el que más le agradó. Nadie
opinó. La tradición se fue al garete.

¿A quién consultó? Para qué. César no consulta: propone y dispone.
Ahora todos esperamos las fiestas centralizadas del distrito. Como siempre en el parque
de Berlín. ¿Pero si hay muchos barrios? Da lo mismo, las fiestas no pueden ser itinerantes, son los vecinos los que tienen que desplazarse al parque y son los vecinos
del parque los que tienen que aguantar tradicionalmente los ruidos constantes de los
artilugios de norias y tiovivos.

¿Alguien ha preguntado a los vecinos si ese es el modelo
de fiestas que desea? ¿Alguien ha preguntado si son esas las atracciones que divierten a
sus hijos y nietos?

Estamos inmersos en el dirigismo. Las fiestas, salvo La Melonera, que tiene su
correspondiente virgen, pero está descansando. el resto de fiestas son organizadas para
el patronazgo religioso y para los políticos. ¿Los vecinos quieren tener obligatoriamente
a grupos políticos en sus fiestas? Forma parte de la tradición… ¿Qué tradición?

Al final los vecinos somos los muñecos del pim, pam, pum.
Los deportes se llevan un montón de nuestro presupuesto. Algunos dirán que, por
ejemplo, el Roland Garrós, también se juega en París y sale por un pico. Toda la razón.

¿Alguien sabe lo que le supone de gastos al vecindario parisino? Aproximadamente 0.
En cambio, a los de Madrid, se lleva su organización 12 millones de euros.

¿Por qué ocurre esto? La publicidad sufraga los costes en Paris. ¿Por qué aquí hay que soltar la
tela?: ¿por qué no hay publicidad?, ¿por qué no hay gestión a favor de los vecinos? …
Muy sencillo, hay que potenciar el turismo que empobrece a los vecinos. No lo vemos:
¡Todo para los vecinos, pero sin los vecinos!

El vecindario de esta Villa y Corte solo sabe pagar la gestión de grandes eventos, no
reciben la atención necesaria esos sus valores y criterios en cuanto a sus gustos y
necesidades de cercanía: piscinas, arbolados, fuentes, parques, teatros, quioscos de
música, jardines, menos contaminación, menos turismo, menos ruido, más barrio, más
verdad, más viviendas sociales, menos áticos fantásticos.

Puede que sea ya hora de que los vecindarios mostremos nuestras necesidades y
empecemos a votar no en base a la demagogia política y sí en base a nuestras
necesidades vecinales.

Puede que sea el momento de olvidar que somos los muñecos del pim, pam, pum.

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