Hoy en día, ahorrar es una condición necesaria, pero no suficiente. Necesitamos invertir y, para ello, es clave contar con educación financiera. Esto implica aprender a elegir entre productos cada vez más complejos, planificar la jubilación, valorar si realmente necesitamos un seguro o saber detectar posibles estafas.
Pero no se trata solo de tomar decisiones, sino de entenderlas. Es importante analizar si un producto financiero es adecuado para nosotros, conocer su rentabilidad y tener claros sus costes. Desde fondos de inversión y planes de pensiones hasta seguros, de créditos para comprar un coche a una hipoteca, todas son decisiones que conviene tomar con calma y con una base sólida de conocimientos financieros.
Pero esta “competencia financiera” no es la misma en hombres y mujeres. Hay estudios que muestran de manera consistente que las mujeres tienen menos conocimientos financieros que los hombres. Tanto básicos –cálculo de intereses o comprensión de la inflación– como más avanzados– diversificación del riesgo o los mercados financieros–, donde la brecha de género es todavía mayor.
Factores personales, culturales y laborales
Las causas no pueden atribuirse simplemente a diferencias en capacidad o formación académica. De hecho, la brecha persiste incluso cuando hombres y mujeres tienen niveles educativos similares.
En realidad, la brecha de género financiera parece estar relacionada con factores personales, culturales y laborales. Las trayectorias profesionales, las experiencias pasadas y el nivel de autoconfianza influyen en la forma en que hombres y mujeres se relacionan con las finanzas.
Por ejemplo, los hombres tienden a participar más en los mercados financieros y a asumir inversiones más arriesgadas, mientras que las mujeres suelen concentrarse más en la gestión cotidiana del presupuesto doméstico. Estas diferencias influyen: cuanta más exposición se tiene a decisiones y productos financieros, mayor es el aprendizaje que se genera.
Cómo se adquieren los conocimientos financieros
Hemos realizado un estudio para entender cómo deciden formarse en temas financieros los hombres y las mujeres, y qué decisiones toman cuando buscan aprender sobre finanzas.
Consideramos las diferentes formas en que las personas pueden aprender sobre finanzas. Esto incluye la educación formal, como asignaturas o programas académicos, la formación en el trabajo, la participación en cursos o seminarios, y también el aprendizaje por cuenta propia, por ejemplo, leyendo o buscando información en la web.
Los resultados confirmaron que la brecha de género en conocimiento financiero existe, incluso entre personas con niveles educativos similares. Pero, más allá de esta conclusión, el estudio aportó un elemento clave: la diferencia no se explica únicamente por cuánto aprenden hombres y mujeres, sino por las estrategias que utilizan para hacerlo.
Diferentes estrategias de aprendizaje
Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que alcanzar niveles avanzados de conocimiento financiero no depende solo de las características individuales, sino también de la decisión de utilizar distintas fuentes de aprendizaje. Las personas que recurren a múltiples vías de aprendizaje –por ejemplo, combinando formación formal, experiencia laboral y autoaprendizaje– tienden a alcanzar mayores niveles de conocimiento financiero.
Además, en términos generales, los hombres muestran una mayor tendencia a invertir activamente en su propia educación financiera a través de procesos de aprendizaje informal y autoaprendizaje. Es decir, tienden con mayor frecuencia a buscar cursos especializados, leer sobre inversiones o formarse por iniciativa propia.
Las mujeres, en cambio, suelen adquirir conocimientos financieros principalmente a través de vías estructuradas y accesibles, como la educación formal, la formación proporcionada por el trabajo o el uso de recursos disponibles en internet que no implican un coste económico.
El papel de la experiencia laboral y los ingresos
El estudio también demuestra que las experiencias profesionales desempeñan un papel importante en el desarrollo de conocimientos financieros avanzados. Trabajar en ocupaciones donde es necesario utilizar habilidades financieras contribuye significativamente al aprendizaje. Esto sugiere que la participación de las mujeres en determinados sectores o posiciones laborales puede influir indirectamente en sus niveles de alfabetización financiera.
Además, el análisis revela que el nivel de ingresos también tiene un efecto relevante. En este sentido, reducir la brecha salarial de género también podría contribuir a disminuir la brecha en conocimientos financieros. A medida que aumentan los ingresos, las personas suelen enfrentarse a decisiones financieras más complejas –como planificar el ahorro, invertirlo o gestionar el patrimonio–, lo que a su vez favorece el aprendizaje y el desarrollo de competencias financieras.
Hacia una mayor igualdad financiera
La alfabetización financiera no es solo una cuestión de conocimiento individual. Tiene implicaciones directas para la autonomía económica, la toma de decisiones dentro del hogar y la capacidad de afrontar riesgos financieros a lo largo de la vida.
Reducir la brecha de género en este ámbito no consiste únicamente en ofrecer más información, sino en comprender mejor sus razones y qué barreras pueden estar influyendo en ese proceso.
Tradicionalmente, muchas iniciativas de educación financiera han sido diseñadas como programas generales dirigidos a toda la población. Sin embargo, los estudios sugieren que las estrategias de aprendizaje no son iguales para todos. Son necesarios cursos dirigidos específicamente a mujeres en los que se aborden aspectos clave como la confianza, la elaboración de presupuestos, el ahorro y la inversión.
Además, estos programas deberían incluir formación sobre cómo hablar de finanzas en pareja, fomentar la planificación financiera familiar y promover la toma de decisiones económicas de forma conjunta. Visibilizar las desigualdades existentes y generar conciencia sobre ellas nos ayudará a avanzar hacia su eliminación.>Elisabet Ruiz Dotras, Profesora en finanzas, UOC – Universitat Oberta de Catalunya
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.