¡Salutem plurimam, ilustres personas de buena voluntad que ululáis por estos desdichados pagos con visos de caótico-despotismo.

Soy conocido como el “Buscón de las artes” y elegido Gran Chambelán de la Academia de la Patafísica.

Para aquellas personas no versadas en esta “ciencia no ciencia”, he de decir que, al igual que la física alberga entre sus ramas de estudio en que se divide, tales como: Termodinámica, Óptica, Relatividad y Partículas como las cuánticas, las que inundan los multiversos y las que cobija

la famosa teoría de cuerdas. La patafísica, amén de estudiar la termoestática, la óptica opaca y la teoría de la relatividad absoluta. Sin ánimo de molestar ni contradecir a nadie, alberga entre sus ramas de mayor solera y prestigio; la teoría de locas, que repito, no se opone a la teoría de cuerdas. Solo le da más sentido al azar, a la incoherencia y la supra tontuna churrigueresca elevada a la enésima potencia y… Dejemos la cháchara, que siempre es inconcreta y vayamos al afinado ejemplo, verbigracia, vivimos en un mundo en el que aceptamos con agrado y festejamos la genialidad de ciertas frases como: “Si vis pacem, para bellum”… Sí, “para bellum”, tal cual, un tipo de herramienta que se usa para matar. Así es denominado el calibre del cartucho de una bala, la 9mm “parabellum”. Aunque suena muy bonito y elocuente el latinajo mencionado, significa: “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. En el fondo es una especie de estúpido oxímoron. Si quieres que te dejen en paz, asústalos con matarlos. El mismo pensamiento, pero dicho a las claras y sin declinar en latín. ¡Es que nuestros antepasados tenían unas meditaciones muy salvajes!

¿Nos podemos imaginar una frase similar relacionada con el amor?, algo así: “Tú, pégale, aunque no sepas por qué, ella si lo sabe. Seguro que algo ha hecho”.

Estoy seguro de que todas las personas con dos dedos de lógica diríamos, cuando menos, que es una frase descerebrada, prejuiciosa y machista. ¿A qué sí?

De estas torpezas del azar caótico va mi exposición, de estas cosas va la sublime e inadaptada ciencia de la Patafísica, en su versión vinculada a los seres humanos.

Hace pocas horas he comenzado la relación que se mantiene entre la discapacidad de uno de los miembros superiores del cuerpo humano y la literatura. Veamos qué relación existe entre el culmen de las letras castellanas, el afamado literato don Miguel de Cervantes y Saavedra con el no menos sensible y profundo dramaturgo don Ramón María del Valle Inclán.

Analicemos:

Ambos fueron autores fundamentales en las letras de este país. Si el primero contó con una novela de caballería que, por ser, es entre muchas cosas, hasta novela de caballería. El segundo literato no le va a la zaga, ya que su pluma dio en parir una obra teatral de ingente magnitud como: Luces de bohemia.

Ambos productos literarios, salidos de sus caletres, son grandes sátiras en las que se ve reflejada a la sociedad española de sus respectivas épocas.

Se ha constatado que estas dos brillantes plumas, renuncian, sin saber cuál puede ser la razón o el conflicto espiritual, a buena parte de su pasado. Así es, ambos anulan de su vida artística los apellidos de sus madres. Cervantes nació de una madre llamada Leonor de Cortinas. Qué ocurrió en Argel, para que viniera de nuevo a la península con el Saavedra, que procede, como todo el mundo sabe del latín “saa vedro” o sala vieja.

Interesante permuta y alejado motivo de tal apuesta. ¿Acaso se consideraba un trasto viejo?

Así mismo, a don Ramón, se le inscribió en el registro civil como Ramón José Simón Valle Peña y él permuta el Peña materno por el reiterativo Valle, ya que “in clano”, en latín significa: valle. La Academia de Patafísica no ha sabido descubrir cuáles fueron estas razones.

Para colmo de rareza, ambos escritores eran mancos, ninguno pudo usar durante buena parte de su vida la mano izquierda. A los dos genios les llegó su discapacidad, por causa de su genio en las peleas. El uno en el mar, en la batalla de Lepanto, por un trabucazo, el otro en el café de la Montaña, por un bastonazo. En ambos casos el sol estaba presente, el primero en el cielo, sobre los mástiles y las velas, el segundo, porque el café estaba en plena Puerta del Sol. El primero estaba batallando el golfo de “Patras” y don Ramón, del golpe, se cayó “p´a tras”… No, eso no tiene sentido ni para la Patafísica moderna.

Seguimos analizando. Ambos escritores muestran a lo largo de sus más reconocidas obras, que la compañía es necesaria para las personas. En el caso de don Miguel, une a dos varones de distinta clase social, los hermana y lanza a la aventura, a sacar punta a la chiflada sociedad de su tiempo. Don Ramón une a un poeta ciego, Max Estrella y al tabernero Latino de Híspalis. El primero lanza a sus personajes a recorrer campos y pueblos, el segundo hace recorrer a su caballero andante de ciudad, junto a su escudero, por la ingrata urbe. Los dos esperpentos llevan un astil en sus manos; el Quijote su lanza, el poeta su bastón de ciego. Pero sus acompañantes no dejan un momento de ser sus fieles Lazarillos.

Los dos son caballeros de triste figura y poética descabalada, que ven la realidad por ojos que no son los suyos. Aun así, van en pos de la suerte humana…

Uno y otro personaje pueden llegar a solaparse. Alonso Estrella o Max Quijano. Tras una vida de muchos vericuetos, terminan igual. La muerte les acoge, sin que la sociedad que les rodea haya percibido su existencia y la necesidad misma de su presencia. Tanto don Miguel como don Ramón escribieron un teatro marcadamente social. Sí, ciertamente que con distintas fórmulas literarias: la novela y el drama, en distintos escenarios, pero iguales personajes: ilusos y pacatos. Dos formas literarias distintas con un solo fin; poner frente al espejo (a veces, cóncavo, a veces convexo), a una sociedad con más miserias y penas que generosidad, con menos liberalidad en sus sesos y en los de sus gobernantes que amor, con menos generosidad y más avaricia. Con muchos liendres y escasísima opulencia, con falta de carne y exceso de deseos carnales… Hasta aquí he llegado, pero sigo buscando paralelismos entre los genios de dos épocas distintas, que la historia los quiso mancados, con solo un brazo y muchas neuronas sagaces.

La literatura, pienso a veces, que es el mejor lugar de donde extraer elementos concluyentes para la Patafísica en estado puro. A las pruebas me remito: El dramaturgo francés Alfred Jarry, otro autor que me lleva a analizar la congruencia de la incongruencia. Lo clasificaron de absurdo, y los críticos, tras poner un poco la lupa, observaron que tenía indicios de sátira al poder. Siempre el bufón ha podido hacer, con menos miedo, las oportunas críticas al poder.

El personaje central “El Padre Úbu”, es un estúpido cateto, un ser ambicioso y vulgar. Esto a muchos, últimamente, les ha dado que pensar. La personalidad de Úbu es pendular, pero de una crueldad brutal y un único fin: el poder. En la obra teatral Úbu es capaz de eliminar al poder establecido en la familia real polaca, para satisfacer sus ansias de poder absoluto. Quienes la hayan visto o leído, recordarán como comienza: ¡Mierdra! ¡Mierdra!

Esa es la personalidad rastrera del protagonista que no debemos olvidar durante todo el tiempo que esté en el escenario. Sea este el que sea, en el caso en que tengamos tiempo de que siga siendo. Nadie, en 1896, fecha de su estreno, pensaba algo más allá de que aquello fuera una extravagante y desmesurada parodia del poder. Eran momentos en los que no había llegado el surrealismo a la sociedad burguesa francesa.

Úbu, tras el golpe de Estado, sube las tasas (impuestos, aranceles…), hace y deshace a su antojo, guerrea y pide ayuda para la guerra al zar. Se sirve de la corrupción descarada y macabra desde el atroz absolutismo.

¿El Gran Padre Úbu existe?

Algunos pensarán que existió en algún momento de la historia de su país, otros deducirán que podría llegar a existir si las cosas de la política se retuercen un poco más. Pero muchos  piensan que Úbu llegó antes de finales del siglo XIX, y siguió ejerciendo al dictado su soberano poder a base de algo tan conocido como el miedo y hoy está entre nosotros vestido con hermético traje de terror a medida. Sus mensajes son elocuentemente infantiles y dislocados, carentes de realidad, faltos de liderazgo y excesiva prepotencia bipolar.

Para muchos ciudadanos del mundo El Gran Padre Úbu, ese que se propone ser y ejercer de rey sátrapa, existe en algún lugar de la tierra. Yo, he podido constatar que Alfred Jarry leyó a Galdós. En el episodio: Memorias de un cortesano, publicada en 1875, critica el despotismo y la corrupción de un rey, al que llamarón Felón y su corte de aduladores y chupópteros. Eso me lleva a pensar: ¿el teatro del absurdo, es absurdo?

Los humanos, he observado en el laboratorio de Patafísica donde suelo trabajar, no se fijan en la naturaleza. No; piensan que están por encima de ella. He logrado ver como grandes bancos de sardinas se reúnen y camuflan a modo de ser superior, cuando sus depredadores tienen apetencia de ellas, las sardinas se mueven al unísono y hacen que la bestia no pueda fijar su atención en una de ellas. Han aprendido a esquivar al depredador nadando todas en la misma dirección, de tal modo, que a este le resulte muy complicada la caza.

Los humanos, siempre inspirándose en grandes frases como esa a la que me he referido antes, practican con mucho talento aquella tan simple como: “Deja que te dividan y ayuda a vencer al opresor”. Qué a saber como se dice en latín. Lo que estoy seguro es que esos personajes en los que se inspiraron autores como don Miguel y don Ramón, pueden volver con sus escuderos lazarillos. Algunos echamos en falta a un Max Quijano y a un Alonso Estrella, que muestren nuestras vergüenzas como sociedad, ¿o tal vez es suciedad?

Sea como fuere, la Academia de la Patafísica seguirá investigando la teoría de locas, no en oposición a la teoría de cuerdas, pero sí en busca de una solución que permita dar lustre a otras teorías más lejanas en el tiempo y más cercanas en los sueños.

Publicado antes en «Encima de la niebla»

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