Donald Trump (no digo el Presidente de EE.UU. porque aquellas elecciones estarían más que amañadas y por lo que viene después) pretende celebrar el próximo Día de la Independencia Norteamericana por todo lo alto, a falta de una invasión alienígena que le permita a él comandar la flota terrícola, como en la pueril película homónima. En su proverbial ignorancia, el mandatario no se percata de que ese va a ser un acto violentamente contradictorio, como casi todos los suyos y de los suyos, es decir, de su infame séquito. Porque querer humillar a Europa desde EE.UU. es absurdo, y hasta los romanos antiguos entendieron perfectamente que la Grecia a la que habían conquistado valía más que ellos y debía ser su verdadera maestra.

El continente europeo es realmente pequeño visto conforme a la Proyección de Peters1, que es la más honrada, pero es muy-muy grande en su tremebundo legado. De Europa proviene la Física matemática, la Biología de Aristóteles y Darwin (el darwinismo, en cambio, prosperó más al otro lado del charco), la Química de Lavoisier, la Genética de Mendel y de Hugo de Vries, las vacunas y la penicilina, una religión amaestrada y racionalizada, la separación Iglesia/Estado, el parlamentarismo, el Habeas corpus, la libertad económica y de expresión, el feminismo pionero de Olympe de Gouges o John Stuart Mill, la novela emancipadora rusa o inglesa, la enorme variedad de las prácticas deportivas, la sistematización de los números árabes, la conservación de los alimentos, el establecimiento de Pesos y Medidas, el Principio de Tolerancia de Locke, la música de Bach, el humor de Lord Shatstesbury o de Daumier, la máquina de vapor de Watts, la Declaración de los Derechos del Hombre, la institución universitaria tal como fue concebida por Von Humbolt, el naturalismo de su hermano, la proclamación de la autonomía de la Estética por Baudelaire, el sinfonismo, el ferrocarril, la invasión del rock británico,

la fotografía y el cine, Billy Wilder y Lubitsch, la gastronomía francesa, la poesía checoslovaca, el fascismo de mesa camilla español, el arte italiano, el Idealismo Alemán, el perfeccionamiento del comercio en los Países Bajos, no hablemos ya del Derecho romano o de la Arquitectura helena, que sirve de techo ahora a los delirios del inquilino de la Casa Blanca

A cambio, los Estados Unidos de América han proporcionado al mundo el chicle, el tabaco rubio, la hamburguesa (que originalmente consumían los jinetes cosacos2), el tormento al que sometieron a Marilyn Monroe y el artefacto atómico, elaborado a partir de las especulaciones de cerebros alemanes. Y no es solamente que su gratitud deje mucho que desear, es que para colmo lo que se celebra el Día de la Independencia es la liberación respecto de la monarquía británica, y sin embargo eso es, justamente, lo único que reivindican de Europa los líderes y teóricos de la Ilustración Oscura: la monarquía.

Es el mundo al revés: Trump, el Día de la Independencia, lo que va a pasearnos por las narices es su deseo de ser como Jorge III, el rey inglés que precisamente perdió la Guerra de Independencia. No es una manera de hablar, lo que piden los neoreaccionarios actuales es una monarquía absoluta, como puede leerse por ejemplo en este fragmento de un texto de Scott Alexander, que no tiene desperdicio -o que es todo desperdicio, según se mire:

La única esperanza es que el sistema consiga un zar, un incentivador no incentivado, alguien que controle a todo el sistema mientras a la vez se mantiene fuera de él (…) Todo el mundo se da cuenta de que nuestro actual modelo de un zar podría conseguir que las cosas se llevasen a cabo, sería un zar corrupto y avaricioso y tiránico probablemente, pero si el zar nos dijese “voy a vuestros impuestos y a gastármelos en un palacio gigante del tamaño de Versalles cubierto en oro” la respuesta adecuada sería “muy bien… ¿Qué vas a hacer con los otros 180,000 millones que nos estás ahorrando?”. De hecho la casa real británica, que ya vive en un palacio gigante según cualquier criterio, proporciona al país más ingresos de lo que gasta en un sistema democrático. El incentivo consiste siempre en que el país se vuelva más progresista porque el progresismo apela al mínimo común denominador. Puede haber intentos de reversión, revoluciones a lo Reagan, pero a lo largo de los siglos Democracia significa inevitablemente más progresismo3.

¿Y quién será el zar? Probablemente el factor más importante es un punto de Shelling4 Debería ser alguien sobre el cual todo el mundo esté de acuerdo en que tiene derecho a gobernar. Obama no es mala opción pero me preocupa que sea demasiado progresista para tratar el trabajo con la seriedad que merece. Podríamos importar a la familia real británica, pero desde la Revolución Gloriosa se han puesto demasiado constitucionales para nuestros propósitos. Hemos alcanzado el objetivo que nos impusimos, es esta una explicación clara del pensamiento reaccionario. No me he enfocado en la filosofía política pero la reacción es un movimiento filosófico al completo con muchas otras ramas. Empezamos por el argumento de que la cultura moderna probablemente no nos esté dando una visión imparcial acerca de sus propios méritos. Nos dimos cuenta de que en muchos de los criterios que nos importan el presente sólo es mejor porque tenemos mejor tecnología. Además vimos que en otros criterios, a pesar de nuestra mejor tecnología, las sociedades del pasado nos superan. Hemos encontrado evidencia de que las sociedades que muchos llamarían racistas daban a las minorías mejores resultados, y las sociedades que muchos llamarían sexistas daban a las mujeres una mayor satisfacción según su propia percepción. También hemos visto que la unidad cultural es empíricamente un factor importante a la hora de construir comunidades e inspirar comportamientos prosociales, y luego hemos investigado cómo podríamos replicar esas ventajas de las sociedades antiguas en un mundo que parece moverse inexorablemente hacia la solución que ellos adoptaron: la idea de un monarca preferiblemente absoluto5.

Ahora fijémonos en las fechas. Este texto es de 2014, y ya en 2011 Trump había expresado su aspiración a presentarse como candidato de los republicanos en 2012. Por tanto, digamos que más o menos el “zar corrupto y avaricioso y probablemente tiránico” que quería Scott Alexander comenzaba a asomar por esa esquina de la historia. ¿Cómo podría Trump haber perdido las elecciones de 2024? Eso era completamente imposible, ni aunque, como él decía, disparase a un paseante en la Quinta Avenida6. Trump estuvo en pleno meollo de la mejor agencia de colocación que jamás haya existido, la isla del Caribe de Brian Epstein. Todo lo demás parece que va rodado. Sin embargo, la Declaración de Independencia del 4 de Julio de 1776 decía muy claramente…

Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones dirigida invariablemente al mismo objetivo evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos guardianes para su futura seguridad.

1 Una Casa Blanca muy distinta: https://youtu.be/i8iHj_O_ZNk?si=bF2nvmhJIU1SWQiV

2 En efecto, colocaban un pedazo de carne bajo la silla de montar y con el movimiento de la cabalgadura quedaba convenientemente hecha (y llena de pelos, es de suponer)

3 Nota del transcriptor: El progreso no debe ser buscado a expensas de la estabilidad y la tradición, Joseph de Maistre.

4 https://es.wikipedia.org/wiki/Punto_focal

5 Hallado en https://youtu.be/LMc4gcnnr58?si=7FBxY21sh3qwSgEm; no es posible saber a partir del video o los comentarios si la traducción es fiel.

6 Refiere Wikipedia que The Washington Post, el prestigioso diario que se acaban de cargar, contabilizó que entre enero de 2017 y enero de 2021 Trump emitió 29,000 declaraciones falsas, engañosas o inexactas.

Por Oscar Sánchez, profesor de filosofía

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