Cuando Gregorio Samsa, llegó era noche cerrada. No pudo entrar en su casa porque su hermana atrancaba la cancela pasadas las once de la noche, y bien sabía que con la transformación que había experimentado, llegaba tarde a todos los sitios.
Cuando escuché el sonido del timbre estaba tumbado en tu cama, sin dejar de mirar el poster que tenías de David Bowie. Abrí la puerta de entrada.