Cuando mi madre le contaba a mi padre, que un ángel le dejó una semilla mientras estaba dormida y se produjo el milagro, se quedaba estupefacto. Hay que reconocer que fabulando era muy buena.
Las banderas negras se aproximaban. En cuatro días llegarían a la aldea. Avanzaban sin encontrar resistencia. "Vete Omar, vete, el destino de los pobres es huir", le decía su madre muchas veces.