Mi respeto y el de muchas personas de bien, a los medios de comunicación y los
periodistas que ejercen su actividad profesional, a pesar de la falta de estímulos y la
censura ciudadana.
Durante todos estos días hemos escuchado con frecuencia el término “matar al
mensajero”, cuando se hacían comentarios y se daban noticias sobre los sucesos
ocurridos en Ceuta hace más de un mes. Las personas de buena fe junto a las de mala fe,
se han unido, manifestándose, en la mayor parte de los pueblos de España.
Eso de criticar a los de fuera y echar la culpa al gobierno, me recordó cuando hace más de
cincuenta y cinco años, unos vecinos de mi edad, me llevaron hasta una urbanización
perdida en el monte de un pueblo de la costa. Al llegar no nos dejaron entrar. Había una
especie de valla fronteriza y unos señores de seguridad privada que nos lo impedían. Era
una urbanización privada.
Los vecinos que me llevaron hasta allí se quejaban de que el gobierno había vendido y
permitido que se instalaran allí unos huéspedes no deseados oriundos del norte de
Europa. Nadie había osado manifestarse, tenían miedo. Nadie creó la noticia, a nadie se
le había informado. Era un malestar vecinal por los que tenían más y no se querían
mezclar con la plebe. Tras muchos años, aquella urbanización sigue y nadie de buena o
mala fe se manifiesta. Son europeos y con dinero, cuidado.
Nadie se manifiesta en ningún pueblo de España, por el escándalo urbanístico que
profesionales como: sanitarios, policías, profesores, están viviendo en las islas Baleares.
No son emigrantes, nadie se manifiesta, con o sin banderas, con o sin cantos
ultramontanos. Son compatriotas que no tienen donde alojarse. Los periodistas no
sufren acoso, como no son extranjeros y pobres los que mal viven, todo está bien. A qué
sembrar odio.
Nadie se manifiesta en favor de los derechos laborales y de seguridad de los jornaleros
que recogen la fresa, la cereza, la aceituna o la uva. No parece que las familias tengan
prejuicios de que estos convivan con la población autóctona. Sabemos que en otros
países donde acuden nuestros compatriotas a la recogida de la uva tienen unas
condiciones económicas y de albergue radicalmente distintas, pero los manifestantes de
buena y de mala fe, no salen en favor de quienes les dan el servicio de recolección.
En cambio, ahora, en estos días se habla de matar al mensajero y de poner palos en las
ruedas del carro a aquellos que vienen a querer vivir con dignidad. Nosotros, con buena
o mala fe, solo tomamos las calles para silenciar a periodistas, insultar al gobierno, en
lugar de exigirle inmediatez en sus acciones de protección a los seres humanos
necesitados.
Me recuerda a aquellos que no dan un óbolo al menesteroso por temor a
que se lo gaste en vino. ¿Y si ese cartón de vino le puede ayudar a no pensar en la
miseria humana que transcurre, gracias a ciertos ciudadanos que le denigran?
Matar al mensajero parecía ser una metáfora griega, Sófocles ya lo menciona en una de
sus tragedias, nada menos que Antígona: Nadie ama al mensajero que trae malas
noticias.
¿De verdad las noticias son malas per se? ¿No seremos nosotros quienes las cargamos
de conceptos? Es un mecanismo de defensa, según nos advierten los que conocen la mente. Un mecanismo que se defiende atacando. Curioso.
Al periodista se le parten las muelas por transmitir en directo la noticia, sin manipular.
¿Nuestra sociedad necesita noticias manipuladas, bulos en conserva, para ser menos
agresivos? Curioso.
Cuando un periodista expone algo que genera tensión, la culpa no es de estos
profesionales, la culpa es de quien incendia previamente. Y ciertamente, esa acción
tiene la misión estratégica de crear víctimas.
Va siendo hora de que nos acostumbremos a la realidad y seamos consecuentes con
nuestras acciones, sean o no desafortunadas.
¡Si cantas himnos decadentes, tendrás que asumirlo, caballero!
¡Si te lanzas, señora, a la calle con una bandera que no tiene tras de sí más que luto e
intransigencia, tendrás que saber, antes de mostrar el mito, su significado!
No nos dejemos manipular, manifestemos nuestras decepciones, pero sin la guía de unos
manipuladores profesionales. Con el ánimo de mejorar el futuro y no de empeorar el
presente.
Cuidemos a esas pocas mensajeras y mensajeros que quedan y nos muestran la realidad
de cada momento. Aunque estemos presentes durante la noticia, no oscurezcamos al mensajero, si no deseamos ser vistos, mostrar la espalda, suele ser menos agresiva y
genera menos discordia.
¡Gracias a todas las reporteras y reporteros valientes!