Rapid City es una localidad ubicada en Dakota del Sur. Interesante denominación. Tal y como nos hacen llevar a los humanos el ritmo de vida, los ciclos diarios están tan densos de noticias que nos llevan a colapsar, a no poder profundizar en la noticia, esa noticia que, en muchos casos fenece antes de llegar a ser noticia.
Los medios nos han acostumbrado a interpretar su irrealidad como algo real; los sumarios judiciales se convierten en sentencias y las sentencias, en algunos casos, se silencian porque a los patrones monetarios no les interesa que den la cara. La rapidez manda en el mundo, por ese motivo, pido al respetable que eleve a santuario a ese pueblo y bendiga a su río, el río Rapid, por supuesto. Serán elevados en breve a la categoría de adivinos, por la precognición del nombre.
A muchas personas nos ha venido grande esta estrategia de comunicación basada en los excesos. Lo mucho aturde, confunde y se llega a ignorar. Yo intento ir a la contra, a mi aire. Ese el motivo por el que he percibido ciertos controles basados en el olvido, algo que podríamos denominar control acrítico o autocensura blindada.
Cuando la estulticia crece en forma de noticia, sin que esta sea consistente, muchas veces con ayuda de oportunas agencias extranjeras, con ciertos informes obsoletos, nos subvierten el ánimo y encorajinan el espíritu. Por el contrario, cuando en una noticia sobrecargada de elementos intoxicantes aparece una nota realmente de interés, se descalabra esta. Es el caso de la exdirectora de Filatelia y Museo postal, en el que se encuentran unas notas en las que salpica a miembros del partido opositor.
En el caso de un tal Sánchez, director de orquesta, se ha sabido que había presiones para mantener opiniones maledicentes contra él, como “usurpador”, a testigos por parte de quienes están encargados de hacer los informes a los jueces y que, de paso, los informes están llenos de sugerencias y opiniones que marcan el sentido de la investigación al juez (Vamos, que no son unos auténticos informes, son sesgos viciados). Esos mismos que juegan a difundir que tiene el mencionado director de orquesta, un millón cuatrocientos mil euros en acciones, cuando, tras muchos meses, se demostró que solo tenía setenta y un mil euros en estas acciones (que ya los quisiera tener yo).
Ante tanto chorreo de incongruencias mediáticas aberrantes, me viene a mi escasa memoria una frase de don Pío Baroja: “A veces me embarga una tristeza tan extraña que me sentiría muy desgraciado si no pudiera sentirla alguna vez”.
Una cosa es sentir alguna vez la zanja que separa la realidad de la opinión viciada o comprada y otra es la constante tormenta que ayuda a colapsar la normalización diaria de los vecinos. La prisa es el fenómeno que ayuda a la mentira, que evita conocer los hechos y juzgarlos con distintas emociones por cada persona. Sin influencias de organismos y organizaciones.
Opino, modestamente, que los humanos necesitamos un nuevo derecho, el de la información ajustada a la realidad: Información, no opinión. Nosotros debemos saber buscar esa opinión. No somos escarabajos.
A este ritmo no podemos tener duelo por los aconteceres que nos frustran, no podemos fomentar el albergue de nuestras emociones ni relajar el espíritu reflexivo.
Nos ayudan a mirar el ombligo que ellos, los medios, quieren mostrarnos.
Necesitamos un tiempo para transitar por la cultura, desgranar conceptos y valores filosóficos.
En este verano debemos impedir perder la chispa de realidad. Analizar las verdades de la Guerra y las mentiras de la Paz, mantener cierta distancia con la aldea Global, esa que evita que percibamos la realidad necesaria para mantenerse y subsistir en este iglú en el mar de las mentiras.
A ver si lo conseguimos.