Hace unos días, un grupo de históricos personajes hicimos una quedada matinal, nos
sentíamos descorazonados por la jocundia judicial, desmoralizados por la enjundia de
las redes hacia los políticos y deshidratados por la enfebrecida calorina surgida en los
primeros días de junio. Los unos proponíamos ir a darnos un baño de masas a la Feria
del libro, perdernos entre tomos y líneas, versos y capítulos.
Enseguida salieron a relucir las eternas tiquismiquis que aducían que era un sinvivir pasar la mañana entre líneas
huérfanas y viudas, les producía depresión postipográfica y arritmia coyuntural. Un
viento Tramontano, llegó deprisa y nos informó de que sería grato perderse en el Campo
del Moro, enseguida siguió su marcha sin salirse de los límites.
Hubo quien le puso pegas, no a la visita, sino al nombre, don Latino de Híspalis pensó que sería más
prudente y oportuno, para no herir susceptibilidades, denominar a aquel bosquecillo
urbano como el campo del Sarraceno, la Campa Musulmana o algo parecido.
La granmadre Clío, como musa de la historia en ejercicio, le hizo una pedorreta larga como un
día sin pan.
Bexilio nos informó de que sería bueno el perderse en tan desconocido parque y ver la
exposición de la 9. Las caras de los presentes respiraban intriga, desconcierto: ¿acaso sería una nueva
selección que se estaba preparando para algún mundial en tierras desérticas de arabescos
petrodólares?
Enseguida comprendió el tal Bexilio, que no entendíamos nada. Veo que desconocéis la existencia de una exposición sobre la División Leclerc, más conocida por la novena, que era una compañía blindada de la Francia Libre, allá por la II Guerra Mundial, que fue la primera en entrar y liberar Paris.-
Ya, dijo Clío, una exposición sobre los 150 republicanos españoles que integraron aquella histórica división.
No hablamos más, sacamos la maltrecha rosa de los vientos pusimos la ubicación y esperamos a que los vientos más afables nos trasladaran hasta los jardines. Nos apeamos en la Cuesta de san Vicente, miramos y remiramos por la zona, preguntamos a transeúntes y nos admiramos de que no existiese información alguna por parte de Patrimonio ni por el ministerio dedicado a la Memoria Histórica…
Tanto Clío como Teresa Panza estaban exageradamente frenéticas, se acercaron a un guardia civil que
daba entrada a los vehículos acreditados a esos jardines, le preguntaron al hombre por la exposición, nos informó con cortesía cuál era el camino, Teresa Panza, siempre punzante, le hizo ver que no existía en los aledaños, cartel que informara sobre la mencionada exposición, el hombre, sonrió y se excusó, mientras nos explicaba que él pertenecía a otro ministerio.
Pasamos sin ser registrados, paseamos por senderos, disfrutamos de setos, fuentes, plantas y arboledas, al fin llegamos ante unas figuras cúbicas de grandes dimensiones. Fotografías con un mismo texto en distintos idiomas. No había relación alguna con La Novena.
– Son cubos y solo tienen seis lados – nos explicó Kalikatres –, nada que ver con La Novena.
Unos metros adelante había una cabaña, Aldonza de San Pedro, la mamá de Pablos, “el buscón”, siempre dispuesta a enterarse de todo, marchó hasta ella y preguntó al hombre uniformado que había en la puerta:
– ¡Oiga, buen hombre! ¿Queda mucho para encontrar entre la hojarasca de los caminos una exposición a la que han dado en llamar La Novena?
– Esta es señora, aquel camión semioruga blindado que está frente a nosotros es la copia del original, que perteneció a la 3ª sección de combate, al que llamaron Guadalajara y que remolcaba un cañón de 57mm. Aquí dentro podrá ver un cortometraje que explica el histórico día del 13 de mayo del 1943, en Chad, allá
en África. Allí se creó esta división dentro de un cuerpo de ejército formado por 16.000 hombres, donde 2.000 de ellos eran españoles.
Muchos fueron obligados a coger las armas, otros, con experiencia en combate y en la defensa de la
democracia, se alistaron cuando pudieron. Fueron las tropas de la Francia Libre, al mando estaba el general De Gaulle, ese hombre alto que movía mucho los brazos. Una parte de ese ejército fue la llamada Novena.
– Muy interesante, espere un momento y ya nos cuenta la historia a todos los históricos que me acompañan, son unos grandes personajes, se lo aseguro. ¡Eh!, venid, este humano regordete y con bigote es muy simpático y nos va a contar cosas de interés sobre “La Novena”.
Nos acercamos toda la pandilla dispuestos a escuchar a ese simpático humano.
– Pues como le decía a la señora.
– ¡Uy, señora! Soy Aldonza San Pedro, los lectores me conocen como bruja y prostituta. Sepa que yo fui condenada a muerte por la Inquisición…
– Calla y escucha, Aldonza, tu historia la puede leer este humano en las redes – dijo descarada Aldonza Lorenzo.
– ¡Bueno hija, como te pones! Como a ti te conoce todo perro pichichi…
– Los españoles que formaban parte de esta 2ª División Blindada, la Nueve, donde su mayor parte la componían personas ligadas al socialismo, anarquismo y el POUM, los marxistas catalanes y otros muchos que habían escapado de los campos de concentración marroquíes y de Argelia. Ya en Rabat se les surtió de armamento e indumentaria adecuada, gasto que corrió de la parte de los americanos.
– Algunos pintaron en los camiones la bandera republicana, la tricolor – advirtió Ninette.- En cambio, a otros les impidieron llamar al blindado Buenaventura Durruti – sentenció Bernarda.
– La División fue trasladada a tierras inglesas y el día D, en el desembarco en la playa Utha, que era conocida como La Madelaine. Ya en Francia pasó a formar parte del ejército USA, a las ordenes de Patton.
El 7 de agosto, murió el primer español de La Novena, Andrés García. Días después los Aliados se quedaron boquiabiertos y nalguiapretados al comprobar la gran experiencia en combate de los españoles. Ellos solos capturaron en Éccouché-les-Vallées, en la región de Normandía a 129 alemanes.
Poco a poco, batalla a batalla, fueron muriendo españoles, dando su sangre por mantener unos valores: libertad y democracia, lo mismo que habían hecho en su tierra y que, por azares bélicos, les había supuesto el exilio.
– ¡Muy bien expresado! – aplaudió Bexilio.
– El 20 de agosto de 1944, el blindado Guadalajara, del que este que preside la exposición es copia, entró en Paris, ayudado por la Resistencia Francesa, en la que también había españolas y españoles, ofreciendo sus vidas en aras de la libertad.
– Este humano es más de arengas que tú, Guerrero del Antifaz – exclamó El Jabato.
– El Guadalajara llegó hasta la mismísima plaza del Ayuntamiento, que hoy se conoce como la Plaza de la Liberación. Y fueron los españoles los que llevaban ese camión blindado y fueron a ellos a los primeros que vitorearon los parisinos de bien y a quienes dispararon los francotiradores.
– Resultaría sorprendente ver a soldados con uniformes norteamericanos conduciendo vehículos con la tricolor pintada en la carrocería – comentó Aldonza Lorenzo.
– En la guerra hay detalles que no generan odio. Bastante tienen con sobrevivir – respondió Aldonza San Pedro.
– En esta exposición se recuerda a todos los que allí estuvieron y se rinde homenaje a los que perdieron su vida, que fueron la mayoría. Al terminar la guerra solo quedaron con vida 16 españoles.
– Pues España ha tardado unos decenios en rendir este escaso homenaje y poner en la memoria a estos seres que lucharon por la libertad de Europa – expuso ofendida Clío, mientras se alejaba del grupo, sin dejar de rezongar.
Nos fuimos tristes de aquel lugar tan atractivo, apenados, la musa de la historia se fue avergonzada. Yo quedé en escribir unas líneas para pedir al ministerio de la Memoria Histórica, que no se olvide de esos compatriotas que yacen por distintas partes del mundo borrados. Lo que no se sabe no existe, lo que no se conoce se
retuerce y tergiversa… Y luego pasa lo que pasa.