Para algunos el desatino actual, ese que nos mostraba la manifa del pasado sábado, por las calles de Madrid, gritando imperturbables la dimisión del presidente de gobierno, nos recuerda a esa época de casetes en que triunfaban en los 40 Principales grupos tan inadaptados como “Kaka de Luxe”, que con el tiempo se reconvirtieron en “Fangoria”, con la misma foto de su cantante, ya convertida en la inolvidable Olvido tradicionalista. El mismo espacio de otro inadaptado, creador del estilo “Cutrelux”, el ahormado Paquito Clavel.

Una expresidenta de la Comunidad de Madrid, con su enorme pancarta, estaba en primera fila de esa petición. Ella, la que sostuvo la corrupción en su gobierno durante años y que hoy en día se siguen sentando en los banquillos de los juzgados aquellos consejeros “Ranas”. Otros que secundaban los gritos y prestaban su imagen, pero que están hasta el cuello en corrupción de hidrocarburos, acompañados de Los Escorbuto de ayer, antiocupas de hoy.

Algunos que van en solitario, que no intentan despejar la incógnita, algunos jóvenes pensarán que la X pertenece al antiguo Twitter, y no a Mr. X, que era la cabeza intelectual de la banda GAL.

Todos esos románticos de la historia que alguna cosa tienen que silenciar, se permiten el lujo de meterse con alguien que aún no ha sido juzgado y unirlo a un gobierno que debe dimitir.

¿Dimitir, para qué? Pero no se dan cuenta de que la sempiterna fractura de la izquierda, está intentando reunir una izquierda coherente, que impida que los de siempre se lleven las mejores tajadas del melón.

Una izquierda reunida, como aquella Conjunción republicano-socialista de 1906, en la que intervinieron personajes como Galdós, y que se sumaron otros partidos alejados del tradicionalismo de siglos.

Unos grupos humanos responsables, con un bajo porcentaje de chorizos, que busquen normas para conseguir que el suelo público no decrezca, que las viviendas, llámense como se llamen, puedan ser utilizadas por trabajadores con salarios bajos. Que los salarios alcancen el nivel necesario para que la dignidad de los que lo perciben no siga en las cloacas. Con barrios donde lo público adquiera relevancia, seguido de la fórmula mixta de gestión público privado y después las multinacionales de todo tipo. Sí, sanidad, educación, servicios sociales…

¡No hay dinero para tanto!, dirán algunas buenas gentes, mientras se rasgan las vestiduras, al escuchar tanto desacierto, así como, las personas maledicentes, que van a perder su capacidad de mangoneo, ante tanta ideología bien estudiada.

Es fácil de solventar el desajuste, al menos en parte: Impuestos a las grandes fortunas. Que no sea solo el nombre de unos súper, que de verdad Mercadona a la sociedad parte de sus beneficios. Nadie se azara ni se avergüenza ante esa opción social. El santoral en pleno secundando a Santander, aplaudirán esas decisiones.

Puede que nos falte pedagogía política, puede que no tengamos la capacidad de influir en los mercados, pero lo que es seguro, es que la sociedad tiene derecho a tener un habitáculo a precio justo, un salario responsable y a escuchar nuevas melodías compuestas por nuevas caras como Guitarricadelafuente, con nuevos mensajes como el de Bad Bunny y grupos Indie como Vetusta Morla.

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