Esta frase, que no por vieja y manida, ha dejado de ser evidente, incluso para aquellos voluntariosos que desarrollan monstruosos quehaceres que desquiciaron y mutilaron sociedades a lo largo de la historia.
Hay dos tipos de organizaciones que pueden hacer con mayor impunidad: los poderosos y los consentidos por los consentidores. Los consentidores suelen ser los que miran para otro lado y los poderosos y adláteres (dicho en román paladino: los poderosos y sus lacayos). Es decir. Las estructuras de los poderes y sus títeres.
En estos días en los que nos gobierna el ultramontanismo, toda la estructura social se comporta con una falta de cánones pavorosa, a la par que ridícula. Hemos podido meditar sobre esto larga y profundamente.
Estamos agotados por tanto esperpento, para evitar sucumbir es bueno echar la vista atrás y valorar lo que han hecho y hacen aquellos que pueden hacer.
Una precisión; los que pueden hacer y hacen, siempre suelen hacer a favor de sus intereses: intereses mercantiles de control y poder e intereses sociales potenciadores de derechos comunes. Los primeros nunca se confunden y nunca lo hacen a favor del grupo social.
En estas fechas escuchamos susurros sobre el nuevo brote de ébola en África. A muchos se nos ponen los pelos de punta, a pesar de la alopecia. Volvemos la vista atrás y rememoramos lo que ocurrió en el mundo con la COVID 19: saturación de muertos en hospitales, mala gestión de las residencias de mayores con el resultado de más muertos y muchas especulaciones de comisionistas vivales… Pero no, lo importante en lugar de poner en valor y prevenir lo que nos acecha, hay que hacer otras cosas que no tocan y que están sujetas a sentencia judicial. El tráfico de influencias de los que pueden hacer que hagan es tan antiguo como el trigo.
Cuando España se convirtió en República, los poderes destinados al tráfico de influencias hicieron irrespirable el ambiente de esa España que pretendía entrar de lleno en el siglo XX.
Cuando los gobiernos han sido proclives a seguir las pautas del capital, se les ha permitido continuar haciendo el paripé, pero cuando el capital ha visto trabas, volvemos a ver algo análogo a lo que ocurrió durante la República en los años 30.
Ojo, que no solo ocurrió en estos lares. El gigante expansionista, tras considerarse vencedor de la II Gran Guerra y aniquilador del fascismo, se alejó de la coherencia y se llevó a su cortijo a unos nazis ilustrados, a fin de ganar la guerra espacial y multiplicar su eficacia armamentística.
Esto no ha cambiado. El gran hacedor sigue haciendo. Los hispanoparlantes somos actualmente presas de su ira. Somos caza fácil, a los caribeños les roban el petro-negocio, a los otros como Cuba y España, que tejemos libertades, estamos mal vistos porque intentamos seguir manteniendo identidad y criterio, libres de manipuladores. El gran hacedor nos quiere sumisos.
Casualidad es que estén saliendo audios de los servicios de inteligencia del gran hacedor y señalando con la bola negra a expresidentes y, coincidentemente se reúnan con líderes ultramontanos. Eso nos muestra lo frágiles que son nuestras soberanías. Estamos en su punto de mira. Nosotros, los ciudadanos, no, son los gobiernos que quieren mostrar su independencia y no doblegarse al emperador experto en hacer siempre su voluntad, los que peligran, el modo de gobernar es lo que está en juego.
Algunos podremos preguntarnos por aquello que perderemos tras conseguir su objetivo: derrocar al gobierno y sostener a las marionetas elegidas.
Y vemos que España, Europa y la democracia en general, pueden perder mucho. Los ciudadanos perderemos mucha libertad y bajaremos algunos peldaños más en cuanto a justicia social y derechos civiles.
Con estas premisas, los que no poseemos el poder de deshacer, que es una forma de hacer, nos encontramos con la obligación moral de hacer desde nuestra consecuente e insignificante nada.
Esa nada aún dormida que nos acerca al servilismo. Recordemos el último Pleno de la Junta Municipal de Chamartín, en el que los grupos de la oposición decidieron pedir explicaciones a la concejala presidenta, sobre la denuncia que había hacia ella, en la que se explicaba su acoso hacia los funcionarios y trabajadores municipales de esta Junta Municipal. Como suele ocurrir, negó la mayor. No obstante los medios levantiscos, como Prospereando, estaban informando sobre la denuncia. Pero el aparato del partido que la sustenta, hizo. El pasado viernes lanzó sus andanadas de libertad, reuniendo en el parque de Berlín a sus huestes, a mayor gloria de esta edil. Un baño de masas la empoderó nuevamente.
Sí, los que pueden hacer, hacen. Y hacen bien, tenían que sujetar y empoderar a dicha señora.
¿Y los vecinos del distrito, mientras tanto, que hacemos?
Silencio largo.
Estamos viendo como las cleptoadministraciones de proximidad nos están apartando de la participación, pero ¿qué hacer?
Este es un anuncio de Óptica: El Tropezón seguro:
Opción I: Mirar para otro lado, a pesar de la tortícolis crónica.
Opción II: Seguir mirando al suelo, al menos no pisaremos alguna cacorra.
Opción III: ¡Hacer algo!