Un lugar muy céntrico y con mucha historia dentro de su recinto es el Ateneo Matritense. Este edificio de la calle del Prado, 21, se construyó en 1884. A pesar de ser un espacio privado, todos podemos visitar el bar, y de paso…
Fue diseñado por los arquitectos Enrique Fort y Luis Landecho. Y decorado por Arturo Mélida.
Estilo ecléctico, con toques modernistas. Es un edificio destacado como Bien de Interés Cultural, la fachada nada tiene que ver con su interior. Sin salir de la planta noble. Tras subir unos escalones marmóreos y antes de llegar a la cafetería, conocida como la Cacharrería, a la izquierda está el salón de actos. Un recoleto teatro de bolsillo donde sus paredes y techumbre hablan y nos cuentan la historia de a quien está dedicado ese lugar y quienes lo habitaron.
Tras las remodelaciones ya no se puede visitar el despacho de Azaña, se rumoreaba que allí vivía un fantasma. Ahora se ha unido al salón de los Pasos Perdidos, antes de entrar en él se pueden ver los retratos de quienes allí forjaron los criterios librepensadores de cada momento. Eso sí, con muy pocas señoras entre tan destacados cerebros. Era fruto del tiempo.
Todos estos edificios de rancio abolengo y gran personalidad tienen sus secretos, el Ateneo conecta directamente, a través de un pasadizo secreto con el Congreso de los Diputados, por más vueltas que deis, casi seguro que no encontraréis la entrada secreta, pero debéis intentarlo, no son pocos los visitantes que han buscado ese pasadizo sin suerte alguna.
Es un edificio destacado por contener el mayor número de personalidades de la política, la cultura y las artes en general que estuvieron relacionadas, durante todo este tiempo, con la masonería.
Ya metidos en el ambiente masónico de la época, no muy lejos del Ateneo, en Atocha, frente a la estación, tenemos el palacio de Fomento, hoy ministerio de Agricultura…
Data su construcción de finales del siglo XIX. Su arquitecto fue Ricardo Vázquez. Tanto en el exterior como en su interior, cuentan que existen muchas referencias masónicas, entre otras las columnas, que representan el equilibrio y la fuerza y las dos cariátides en la puerta de entrada que son la representación del Comercio y la Industria, así como los símbolos que portan: la escuadra o el mazo, se consideran símbolos masónicos de toda la vida. Las tres estatuas aladas: la Gloria y los Pegasos, simbolizan a Dios, La Naturaleza y el Hombre. El número 3 es un número importante en masonería, al igual que el número 5. Cuando veáis una estrella de cinco puntas en un edificio antiguo, seguro que se trata de un elemento simbólico masónico.
Podréis rodear el palacio de Fomento, subir por la Cuesta de Moyano, él también fue masón, le recordamos por ser el que dio luz a la primera gran ley de educación en 1857, vigente hasta el siglo pasado, os encontraréis frente al Retiro. En este parque al igual que en muchas calles de Madrid, hay plantadas acacias. Este árbol es un símbolo masónico, cuentan que es una madera robusta, crece con rapidez, aguanta climas extremos y tarda mucho en deteriorarse, como la voluntad masónica.
Si nos adentramos en Atocha, en el Panteón de hombres Ilustres, calle Julián Gayarre, 3. Aunque ya han dejado de denominarlo así, ahora, se ha eliminado lo de “hombres” está el Panteón de España. Alberga un conjunto de mausoleos de alto valor escultórico. Personalidades como Canalejas, Dato, Sagasta o Cánovas del Castillo descansan allí. Las esculturas son del gran Mariano Benlliure. Fue construido en 1899, y se puede admirar un precioso claustro, además de las esculturas que componen los mausoleos.
Si nos acercamos a las inmediaciones de la Plaza Mayor, tras un merecido descanso, en la calle de La Bolsa hay un edificio que suele pasar desapercibido. Un antiguo palacete que ahora se ha convertido en restaurante, es el lugar de encuentro, desde hace años, de los amantes de la ópera. En ese lugar los camareros son cantantes de ópera, en él podréis ver que también cuenta con sus espacios simbólicos relacionados con la masonería madrileña. Tiene un problema importante. No se puede visitar y no suele haber sitio para las cenas, pero, con suerte, lo mismo os ceden el paso.
Seguramente que hay muchos edificios con simbología masónica, más no recuerdo ningún otro que ofrezca paso franco a visitantes, pero prestad atención cuando recorráis Madrid, en cualquier sitio podéis encontrar tres puntos que configuran un triángulo, una estrella de cinco puntas o una casa con siete elementos similares. El siete también es un número muy masónico. No sé por qué les dio por los números impares. Para mí sigue siendo un secreto.
Pasadlo muy bien y utilizad calzado cómodo, de esa forma evitaréis una semana de pasión a vuestros pies.