¿Tenía razón Rousseau en confiar y hacer bueno el criterio de las masas?

Es algo que llevo preguntándome desde hace mucho tiempo. Unos decenios atrás deduje que no todos los grupos humanos tienen criterio, ya que no están cerca de la parcela del pensamiento, solo de las emociones.

Mucho me he quejado por la falta total o parcial de pensamiento crítico y el desarrollo del otro pensamiento, si así se le puede llamar, del pensamiento acrítico, en espacios comunes como escuelas. Es muy cierto que el pensamiento crítico no solo se adquiere en institutos, ni en el entorno familiar.

Recuerdo cuando los domingos deslustrados, esos en los que los amigos de carne y hueso, ese grupo social del que ya no se habla porque solo existe en las redes, no teníamos un duro y lo pasábamos en casa de una o uno de ellos, con un tocadiscos enchufado a la red, en la habitación de la anfitriona o anfitrión, junto a un grupo de discos que cada miembro del grupo aportaba. Algunos, como yo, se los pedía a unas vecinas. En cada uno de los discos solía haber, al menos, una canción que la letra nos decía algo, algunas de esas letras forjaban nuestro pensamiento, otras habían salido de un poemario, poemario que correspondía a un poeta mal visto por el régimen. Tarde o temprano, alguien del grupo conseguía hacerse con el libro. En cada barrio había un librero, librero, que de tapadillo prestaba el libro prohibido a un amigo de tu hermana, pongamos por caso, o estaba medio perdido en las estanterías de una casa o cosa por el estilo. La vida, cuando buscas algo, está llena de casualidades.

Al domingo siguiente el grupo, quizá en un frondoso pinar, como el que separa el hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, cerca de la estatua de la virgen, nos reuníamos e íbamos leyendo en voz alta, pero no mucho, al resto del grupo, esos poemas del poeta exiliado u olvidado. Los analizábamos, pensábamos, contrastábamos, opinábamos, debatíamos y tras tres o cuatro horas abandonábamos el relajante pinar y volvíamos a la civilización. No; no era un viaje iniciático, tan solo era formación del espíritu crítico.

No quiero decir que eso fuera lo bueno. Hoy las ciencias adelantan y las libertades están donde deberían haber estado siempre. Ahora hay más canciones que nunca, más versos que en toda la historia del pensamiento. Todo va a demasiadas revoluciones por minuto. En las épocas de las que hablo solo había los discos en 33 o 45 r p m. Ahora todo va a la carrera; más rápido, menos pensado, más dinámico y aparentemente más espontáneo, pero menos asimilado, por tanto, con la puerta medio cerrada al criterio.

Me aventuro a decir que, con menos criterio, pero no, cumplen los fines de los criterios de los tecnólogos. Esos criterios son, que los sesos en periodo de maduración crítica, no tengan criterio propio, que se sostenga el criterio de los algoritmos que alguien decidió que se basaran en los que el capital necesita para seguir creciendo, aunque vaya alienando a ciertos grupos humanos y aletargando su maduración. Manteniendo seres anónimos, homos digitalis anonimus. Seres sin cosecha propia.

Ya nadie busca la verdad, los que la buscan no confían en encontrarla. No se valora el análisis, el pragmatismo lo desarticuló. El entendimiento ha hecho aguas, no se pone en valor ni el estoicismo de Parménides ni el entorno cambiante de Heráclito, se pasa del idealismo de Hegel y del materialismo de Comte. No existen valores; ni estables ni abstractos, ni armónicos ni disruptores. Solo una pantalla en la que se multiplican los Tik Tok encargados de alienar. Entre Tik y Tok, emerge el capitalismo insolidario y agresivo. Mozart y Beethoven son sustituidos por: Karol G y Bud Bunny, la madalena de Proust por las cañitas de Ayuso y los derechos sociales por una masa descafeinada que potencia el caos y el extremismo, sin que el criterio pueda afianzarse.

Los jóvenes grupos sociales de hoy, que mastican libertad a todas horas, lo tienen más complicado que los de antes, que tuvimos que aprender a leer entre líneas y a buscar bajo las piedras las volutas de libertad. Entonces sabíamos que no nos podíamos fiar de nada, ahora les han enseñado a ser confiados y creer en todo sin analizarlo.

Espero que se vayan dando cuenta de que sin opinión son masa manipulada, pero me gustaría, nos gustaría, que lo hicieran pronto, antes de que no tengamos marcha atrás.

Dejar una respuesta