El afamado guionista, productor, actor y director alemán, el premiado Wim Wenders, mito del nuevo cine alemán, hace unos días, en una rueda de prensa que dio como presidente del jurado del festival de cine alemán, conocido como Berlinale creado en 1951, fue preguntado por su opinión sobre el genocidio del pueblo Palestino.

Wenders, opinó en nombre de la profesión y de la industria, que no opinaba, dijo que la industria del cine y los artistas “tenemos que mantenernos al margen de la política”. Craso error, y más, viniendo de un artista transgresor. Quizá cuando sabemos que todo lo que nos concierne en este mundo es política, decir que los artistas deben mantenerse al margen de esta, sea una forma sutil de alertar.

Ciertamente alertó al resto de artistas del festival y a aquellos que no estuvieron allí.

Puede ser que, a propósito, subrayó que había que mantenerse al margen de la política, ya que el horror y la violencia están al margen de la política. A pesar de haberse pactado el alto el fuego, en Gaza siguen muriendo seres humanos de todas las edades. Y sigue siendo una situación inadmisible para cualquiera que piense que es un ser humano.

Debemos reconocer que los artistas tienen muchas formas de hacer performances. ¿Esta de la negación puede ser una de ellas? Esperemos que sí lo sea. Caso contrario, estaríamos hablando de un estómago agradecido, alguien que se humilla, sin necesidad alguna, ante la industria del cine a fin de seguir a flote en sus turbulentas aguas.

Hay quienes prefieren callar y seguir disfrutando de su actividad; de igual modo que los animales de compañía, lo que llamamos mascotas, animales que saben cual es la mano que les da de comer y cenar. Prefieren inhibir su sistema ancestral de libertad en beneficio del lujo, prestigio de docilidad y buena vida, a costa, como es el caso, del silencio ante el dolor de lo que queda de un pueblo.

76 ediciones de un festival que mostraba su criterio ante los desmanes políticos y ahora, en un giro del guion, llega la secuencia del café descafeinado… Poca credibilidad tendrá la Berlinale a partir de ahora.

Que pena de que la cultura se una a la censura y su mundo crítico intente mirar para otro lado y el plano vaya a negro, por el simple hecho de algo llamado: miedo.

Sí; miedo a no volver a trabajar.

Eso implica algo más. Piensan que en la siguiente escena aparecerán las listas negras.

Cuidado, el círculo se cierra y nos puede ahogar a todos.

Como dijera Zelenski en 2023: el cine no puede cambiar el mundo, pero sí inspirar a gente para que lo haga.

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