Si es cierto que el Chamartín lo van a intentar gentrificar con la ciencia y la cultura, lo cierto es que hay mucho que ofrecer a los visitantes y turismo invasivo.

Se podría empezar por la célebre novela de Galdós, el quinto episodio de los afamados Episodios Nacionales, donde se muestra un reducido e incendiado Madrid en plena agitación tras los acontecimientos de la guerra de Independencia, algunos estudiosos dicen que el novelista nos muestra los albores de las dos Españas.

En sus páginas aparece un ser misterioso en Chamartín, que todo indica que es Napoleón, el gran loco del siglo XIX.

La novela pasa revista al pueblo de Madrid, sus intrigas, ilusiones, decepciones, desdenes y requiebros. Bueno sería comenzar la historia del distrito por ese punto tan galdosiano, donde el naturalismo florece en cada página.

Una isla donde se unen cultura, ciencia y recuerdos son los jardines que están en la Castellana, donde el pueblo de Madrid, rinde homenaje con un monumento, a la Constitución. En ese pequeño pedazo de Chamartín, pasaron muchas cosas en mi vida.

Antes de cumplir los diez años, tras la izada de bandera, los cantos patrióticos y la misa dominical, mi amigo y vecino y yo, subíamos desde la calle Raimundo Lulio a Joaquín García Morato, que antes y después se llamó y llama Santa Engracia, acortábamos el camino por Ponzano hasta llegar a Rios Rosas, posiblemente la calle que menos veces se han levantado sus aceras, ya que en tiempos de la República se decidió meter bajo las dos aceras el cableado y tuberías de teléfono, gas, agua, electricidad. En cada tramo de calle tiene unas entradas a los subterráneos, de tal forma que no hace falta levantar el pavimento cada vez que hay alguna rotura o cambio. Tras la guerra, el ayuntamiento vio que no era rentable y siguieron construyendo, el hermanado distrito de Chamartín a la antigua usanza. De tal forma que por cada cala que hacen en las calles las compañías suministradoras, el ayuntamiento percibe un dinero. Negocio para el ayuntamiento e incomodidades y retrasos para los transeúntes y vecinos. Menos mal que los proyectados Nuevos Ministerios, vieron la luz, tras la República.

Mi amigo y yo los domingos visitábamos alguna sala del museo mausoleo de Ciencias Naturales, allí aprendí a temer a las inmensas anacondas y a admirar al fabuloso y enorme elefante, entretenernos con los muchos insectos y pasar las mañanas invernales de domingo muy distraídos.

Poco después en la frontera que une los distritos de Chamberí y Chamartín se puso la primera fuente luminosa; cada pocos segundos cambiaba el agua de color y los chorros crecían o mermaban mientras nosotros mirábamos atónitos. Era un bonito pasatiempo tras la caída del sol, pero duró poco tiempo.

Pocos años después volví a visitar ese espacio ajardinado, ya no iba al museo, entonces los domingos los pasaba en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales. Estaba en un grupo de música y por unas pocas pesetas tocábamos en el amplio hall de la escuela mientras los alumnos y sus parejas bailaban. Como nuestro repertorio era raquítico, tras la docena de canciones conocidas y la media docena de producción propia, donde dejábamos atolondrados a esos alumnos que les da por querer enterarse de las letras de las canciones, ya que si bien teníamos alguna de esas inspiradas letras donde repetíamos hasta la saciedad: Solo, solo, yo vivo solo. Estoy solo. Solo desde que faltas tú… Así alargábamos la canción los minutos que hiciera falta. Había otras canciones propias, cuyas letras eran más complejas, algunas recuerdo: En las calles de mi barrio jugamos a la pelota, en las de Jerusalén, los niños juegan con bombas…Otra letra iba del Vietnam: Era la protesta de un soldado en el Vietnam. No quiero luchar, no quiero morir, no quiero la guerra, yo quiero vivir. Ningún poder humano, me puede a mí obligar, a exterminar las vidas de niños del Vietnam… Algunos versos recuerdo de Amanecer: Fue aquel amanecer donde vi tus ojos rotos, mujer. Fue en aquel amanecer, donde te vi llorar, junto a una tapia del cementerio, a ese amor, un amor rojo…

Al final terminábamos a modo de Jam Sessión, improvisando y disimulando nuestro atrevimiento por esas letras tan inusuales en baladas y en el rock de finales de los años 60. Aunque con música de guitarras eléctricas nadie sospechaba nada de nosotros. Lo malo fue cuando nos convertimos en grupo Folk.

Años más tarde, Juana, una amiga de Cartagena doctora en historia, se escapaba a Madrid, para seguir investigando. De vez en cuando quedábamos a comer en la residencia donde se albergaba. Era la Residencia de Estudiantes, a espaldas del Museo y de la Escuela de Industriales. Comíamos allí y reflexionábamos largo y tendido, cobijados por el magnético encantamiento de la Residencia de Estudiantes.

Mucho hay que ver y sentir en el distrito de Chamartín, mucho hay que acercarse a la historia del distrito. Donde este se hermana con el de Tetuán, cerca de los Nuevos Ministerios y de las instalaciones deportivas del Bernabeu, antaño hubo un hipódromo en lo que se dio en llamar Chamartín de la Rosa que estuvo funcionando desde 1878 a 1933. La zona fue un aeródromo militar improvisado, en épocas de la guerra. Luego llegaría lo que hoy conocemos como el Paseo de la Castellana y la oronda mano de la escultura de Botero que une los dos sentidos de esta tan ancha vía madrileña.

Y muchas más cosas guarda el distrito de Chamartín.

 

 

 

Dejar una respuesta