Me siento moderadamente contento por la decisión que, al fin, ha tomado el ministerio de Sanidad en cuanto a la gestión de los hospitales públicos.

La ley de coparticipación en la gestión y rescisión de la sanidad pública se tomó con el gobierno de turno de finales del siglo pasado. Ese, ese que muchos piensan, fue el que trajo ese modelo a nuestros hospitales, el que permitió que el modelo de gestión del hospital de Alcira, triunfase. Es, también, el artífice de la famosa frase: el que pueda hacer que haga.

En este caso, muchos han hecho desde el estatismo que aprendimos en la dictadura, lo que dimos en llamar: movimiento estático.

Cuando cientos de vecinas y vecinos salían a las calles y llegaban a Cibeles desde los cuatro puntos cardinales, otros hacían lo que podían, es decir. No salían ni a comprar el pan.

Algunas personas comprometidas con lo público, con lo de todos y para muchos años después de que dejáramos de estar, de tanto vernos, creamos cierta amistad.

Desde estas líneas quisiera dar las gracias a una señora que se llama Rosa, con una operación de rodilla, con muletas, venía desde Collado a la capital, a pedir para ella y los descendientes de muchos otros que hacían desde el estatismo, que siguiera existiendo lo público. A Miguel, abogado jubilado que con más de un mal importante que le mermaba, pedía a pleno pulmón que la sanidad fuera más pública y más social.

Por supuesto a asociaciones vecinales y culturales, como Valle Inclán, que, desde la primera a la última de sus socias, estuvieron y están, con achaques o catarros, pidiendo ser escuchadas, pidiendo que lo público no se cercene y que lo privado no sirva a muchos gorrones, amigos de las puertas giratorias, para seguir viviendo de nuestros impuestos.

En los últimos meses, tomó con pasión el timón de las mareas sanitarias, de las firmas en las puertas de los centros sanitarios Ana, una trabajadora que, en sus ratos libres, ha sacrificado familia y amigos en favor de un derecho de esta sociedad. No quiero, no se si debo decir su apellido, por eso no lo hago, pero ha sido una mujer muy valiente con coraje y total decisión de juntarnos a todos de nuevo y tirar del carro, hasta que, al fin, el ministerio de Sanidad, advirtiera que estaba permitiendo el caos de que lo privado arruinara lo público.

Gracias a todas ellas, a todos ellos, gracias por ser testarudos, por su tiempo, por su afán.

Es muestra suficiente para advertir que, si nos reunimos en torno a lo común, que son nuestros derechos sociales y el derecho a seguir manteniéndolos efectivos y lustrosos, los amigos del inmovilismo, los amigos de la especulación y de las puertas giratorias, no tendrán cabida. Un poco de memoria histórica y reciente siempre conviene, por eso es momento de seguir pensando que el viejo modelo de los reinos de Taifas, los convirtió en perdedores.

Dejemos los personalismos, no seamos nuevos Taifas (en castellano se traduce por facciones o bandos), dispuestos a perder todo frente al capital, hasta la dignidad, la propia y las del pueblo que quiere mantener los derechos sociales.

Me gustaría dentro de unos meses, cuando toque, el poder dar nuevamente las gracias a aquellos grupos que piensan en el bien de todos, en lo público y en la sociedad que avanza y frena el mercantilismo. Muchos de los líderes son jóvenes aún, con el tiempo verán que la vida da muchas vueltas, si entras en el fango del personalismo, cualquier día, esa mala opción cerrará otras puertas. Jugar con la humildad, intentar aprender de todos y de todo, suele dar mejores resultados que la prepotencia.

Solo hay una lucha, el evitar que nos conviertan en reinos de Taifas, después vendrá todo lo demás.

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