Para muchos la matanza de Atocha, muestra una época de transición con coletazos de barbarie. No solo ocurrió este hecho un mes de enero, a manos de las fuerzas inmovilistas.

En este caso fue a manos de la Brigada Político Social, ocurrió un 20 de enero, un joven estudiante de derecho, miembro del clandestino “Felipe”, así era conocido el Frente Popular de Liberación, uno de tantos grupos clandestinos antifranquistas que ululaban por la Complutense en aquellos años del tardofranquismo, fue detenido el 17 de enero, junto a su novia.

Luego, como solía ocurrir en aquellos años, se les trasladó a las dependencias de la Dirección General de Seguridad, lo mismo alguno ha olvidado que es la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid, la antigua Real Casa de Correos.

Allí los “Brigadistas”, hombres expertos en el innoble arte de la tortura, intentaron que “cantase”, que delatara. Tras muchas horas de interrogatorio, el día 20 lo llevan hasta undomicilio de la calle Gral Mola, que hoy se llama Ppe de Vergara, va custodiado y esposado, para evitar que escape. El registro es en un piso de la 7ª planta. Enrique, que así se llamaba el detenido y según la versión que dieron los “Brigadistas”, se tiró desde una ventana abierta.

Nadie se tragó ese bulo, todo el mundo era consciente que los bulos en dictadura eran mucho más expeditivos y dañinos. Al fin y al cabo, pensaron los “Brigadistas” y sus amos: solo era un burgués antifranquista menos. Esa muerte no era digna de investigarse en profundidad.

El problema del bulo es que se conoció que el cuerpo de Enrique Ruano, al llegar a la acera tenía un tiro de bala en la cabeza. Aún se desconoce la relación entre el bulo y la bala, el caso es que Enrique Ruano Casanova perdió su futuro por pertenecer a un grupo no armado, opuesto al del grupo armado del régimen dictatorial del que algunos dudan, dudamos, si la sociedad dio los pasos suficientes y adecuados para alejarnos de esa sombra que aterrorizaba a un pueblo y que, sin bulos y con balas, nos pisaba el cuello a los que no éramos partidarios del inmovilismo.

Desde aquí mi recuerdo a otro muerto por las balas censoras ocurrido un mes de enero.

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