
A muchas personas no se nos ha olvidado esta fecha en el calendario vital, un 24 de enero irrumpió la barbarie en nuestras vidas, con más fuerza, si cabe, que el constante sangrado que los atentados, secuestros y asesinatos, nos tenía acostumbrados en aquellos años 70.
Todos conocíamos cual era la causa de la aparición del terrorismo en España, en los años 50, era el efecto de la represión a la que era sometido un pueblo por haber perdido la batalla en la que estaba en juego la democracia. Sí, a muchos se les ha olvidado que ETA, surge en los seminarios en los años 50, como respuesta a unas continuas acciones represivas, de las fuerzas de seguridad, contra la población en zonas industrializadas, donde los trabajadores, agrupados y mentalizados, daban respuesta a sus condiciones sociolaborales y de injusticia social, con protestas, quizá protestas más contundentes que en capitales como: Barcelona o Madrid, donde los universitarios optaron por protestas y huelgas menos violentas y más ideologizadas, como oposición a la prepotente y falsa autarquía de un gobierno amigo del estraperlo.
Aquel 24 de enero, se quiso dar un toque de atención, fue una advertencia: Vuestra transición la marcamos nosotros.
Y así fue, los perros débiles de mentalidad de adobe, supieron replegarse al poder de los poderes de siempre, y consintieron que las huestes reaccionarias campasen a sus anchas durante todos estos años, que son muchos, casi medio siglo.
Aquel 24 de enero de 1977, en un piso en el número 55 de la calle de Atocha, un comando enemigo de las libertades, repartió tiros entre un grupo de abogados laboralistas y estudiantes en prácticas. Su objetivo era claro: el poder no está en el pueblo.
Tan solo tres pistoleros, tres, volvieron a conducir al rebaño político a su sitio. Pasaron muchos años hasta que algún gobierno comenzó a salirse de las pautas marcadas aquel día. El pueblo, en su mayoría, aceptó sumiso ese dictado y los sucesivos gobiernos cumplieron la pauta dada con exquisita pulcritud.
Por tanto, ahora, no nos debemos extrañar de nada, lo que ocurrió en la calle Atocha 55, en 1977, fue un acto terrorista fascista. Ahora ya no son fascistas, dicen, ahora se denominan ultras, pero el mensaje sigue siendo el mismo: El poder lo pautan los intereses y ellos, los que manejan esos poderes, hasta el llamado cuarto poder; mantienen la fuerza intacta: la fuerza financiera, la judicial, la divina…
Mientras las redes se incendian con aberraciones y se crispan con bobadas, muchas personas recordamos que fue un 24 de enero, el día que los fascistas echaron un pulso a la sociedad y ganaron.
A nadie le cabe duda alguna que, el poder se mantiene blindado, en la sombra, gracias, a que la sociedad lo consiente o porque no es consciente de quien, realmente, ostenta el poder.