Salgo de comprar el Roscón de la pastelería del barrio que mejor hace, para mi gusto, los roscones de reyes, y una vez más, me sigo preguntando porqué la tradición es tan tradicional. Desde crío pensé que los roscones deberían ser de las Reinas, porque la magia de ese día 6 de enero, siempre lo bordarán ellas mejor que ellos. ¿o no?

Salvo raras excepciones, así fue, es y será.

Con los años leí la obra de teatro de la gran Gloria Fuertes que se titulaba “Las tres reinas magas: Melchora, Gaspara y Baltasara”.

Son las esposas de los reyes las que reparten regalos porque ellos, los reyes, están haciendo la guerra.

Yo me imaginaba un roscón de reinas en el que la sorpresa no fuera la tradicional “haba de la suerte”, esta sería sustituida por el consejo de la suerte, con esos que las madres nos decían cuando peques: “¿A qué voy yo y lo encuentro?” “Camarón que se duerme, amanece en el mercado” o “Si el pil pil lleva harina, no es pil pil: que no te den gato por liebre”

Esos consejos seguro que a la larga serían más interesantes que la tradicional sorpresa de la suerte.

Para muchos es la gran fiesta del año, la única que despierta el arco iris de la felicidad infantil, tengamos los años que tengamos. A todos nos emociona la magia de una sonrisa ilusionada de la chavalería y nos hace revivir esa felicidad, ¿o no?

Durante un tiempo peleé en la justa municipal porque una de las cabalgatas que salen durante esos días fuera la cabalgata de las reinas magas, en concreto en el distrito de Chamartín, pero la tradición pudo más que mi visión tradicional modernista.

Siempre he pensado que había espacio para todos. Tras la carta pidiendo juguetes, podría escribirse la carta pidiendo deseos. ¿Os imagináis que escribiéramos cartas con deseos para el recién estrenado año? :

  • Deseo que se pongan las medidas para que no haga tanto calor en verano y se eviten los incendios de 5ª generación.
  • Deseo que los trenes salgan y lleguen a su hora.
  • Deseo que los locos sociópatas abandonen sus trabajos de: señores de la guerra, señoras de las finanzas especuladoras, señorías de los desahucios…
  • Deseo que el derecho internacional sea respetado por todos, hasta por los imperialismos.

Y así paso el rato, especulando con deseos, mientras tanto, la ilusión crece en mí, si no me entero de lo que está ocurriendo en el mundo.

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