La penúltima hora del mundo la vivimos ayer, fue una acción de guerra, en contra de la hegemonía de un país soberano, pensamos algunas personas.

Soy de la opinión que toda acción de guerra, también de retroceso, de regreso a las antiguas colonias, demuestra, por desgracia, la incapacidad de mantener el dialogo abierto por parte de los seres humanos con supuestas capacidades sociales.

¡Qué hubiéramos dicho si esta acción imperialista la hubieran llevado a cabo los hotentotes!

Dicen que, a través de los siglos los seres humanos nos hemos dotado de capacidades como la razón y la reflexión. Pero enseguida nos percatamos de que la ambición corrompe el resto de capacidades.

Los humanos, parece ser, nos encontramos en nuestra salsa dominando, ejecutando, robando, subyugando a otros humanos. No; no se trata del dominio de unas razas a otras. No va de dominio ideológico, no va de nacionalismos. Lo único que importa es la hegemonía, el poder de los intereses que un Estado ejerce hacia otro.

Nos damos cuenta de que el resto de intereses políticos y sociales que nos cuentan los líderes son pamplinas, lo que cuenta es el supremacismo, eso sí, blanco.

Alguien pidió ayer, por redes, que la próxima fuera España. No recordaba que España fue la primera en ser derrotada y perder sus provincias de ultramar, a pesar de que unos cuantos siglos antes los filipinos habían aprobado en referéndum, seguir unidas y protegidas por España.

Años después, tras la caída del gobierno democrático, los imperialismos no ayudaron al pueblo, lo dejaron a su suerte, y cuando regresaron a España, lo hicieron con el carné de ocupación. Sí, los soldados que estaban en Torrejón y que vivían en la zona llamada Corea, en nuestro distrito, tenían carné de fuerzas de ocupación. De esta forma podemos constatar que la falta de memoria histórica, nos lleva, como pueblo, a pensamientos aberrantes, que ya pasaron.

Dicen que ayer se abrió la barra libre, y que, tras Venezuela, caerán en esta colonización: Cuba, Colombia, Groenlandia… Todo dependerá de los intereses económicos de los neocolonizadores.

Mientras tanto, somos unos cuantos los que seguimos pensando que el mundo lo mueven los inmaduros.

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