Samanta Schweblin ha sido la primera escritora galardonada con este premio de
nuevo cuño. Es una escritora argentina que reside en Berlín. No conocía ni su obra
literaria ni su existencia. Ella, según he leído, estudió Diseño de imagen y sonido. A
pesar de que no nos suene su literatura ni reconozcamos su imagen.
Posiblemente sus estudios han sido la base, el trampolín para diseñar unos cuentos, a
todas luces de gran calidad narrativa.
No es nada fácil ser narradora de historias que pormenoricen e indaguen dentro de la
realidad alternativa y un tanto demencial y desenfocada. Me refiero a la obra premiada
titulada: El buen mal, que son un buqué de cuentos que comienzan, cada uno de ellos
con una muerte. Muerte que se podría haber evitado.
Cuando un infante se traga una pila, no se suele esperar a nada ni a nadie. El sentido
común nos muestra una decisión obvia: pedir ayuda. Hay que trasladar al niño a un
centro de salud. Allí los sanitarios decidirán, si se hace lavado de estómago o se le
traslada a un hospital que cuente con más tecnología o especialistas más solventes…
Samanta juega en sus cuentos, a crear y recrear unas situaciones alternativas, algo
incomprensible, por mucho que estemos acostumbrados a los locos que nos gobiernan y
toman decisiones locas, demenciales…
Esas pequeñas narraciones que pueden hacer cambiar la vida de sus personajes y su
entorno inmediato, en realidad le han hecho cambiar su vida como escritora. El premio
recién salido del horno, con el patrocinio de AENA (Sociedad que gestiona los servicios
aeroportuarios, de seguridad y atención a los pasajeros. Participada por el gobierno con
un 51%, encargada de gestionar 2 helipuertos y 46 aeropuertos en España y otros en el
extranjero), ha tenido la ocurrencia de crear un premio de narrativa, para aquellas
novelas escritas en cualquiera de las lenguas de España, a ambos lados del Atlántico por
hispanoamericanos y españoles y editadas en uno de estos países, con el cuantiosísimo
premio dotado con un millón de euros.
En realidad, nos ha sorprendido a todos, al no ser esta la narrativa esperada. Sabemos
que el cuento es un tipo más específico y detallado, en el que cada palabra ocupa un lugar exacto en la construcción literaria. Al menos eso predican los expertos en este
género literario.
Tampoco ha quedado la cosa así, además del premio de un millón de euros, Aena, con el
fin de limpiar su imagen contaminante, pensamos algunos, nos cuenta que comprarán
por valor de un millón cuatrocientos mil euros, libros de la ganadora y de los cuatro
finalistas: La chilena Nona Fernández, que escribió: Marciano. El colombiano Héctor Abad Faciolince con su obra: Ahora y en la hora. Los Ilusionistas, que pertenece al español Marcos Giralt y
Canon de cámara oscura, del también español Enrique Vilá-Matas.
Ellos, como finalistas recibirán el premio de consolación de treinta mil euros, además
sus libros, junto al de la premiada se repartirán por aquellos municipios que cuentan con
aeropuertos, aunque estos estén más vacíos de aviones y usuarios que la cabeza de El
Pequeño Saltamontes. La apuesta es dotar a las bibliotecas públicas, centros sociales y
culturales de libros de calidad literaria. Parece ser que, si no se vuela, al menos que la
imaginación de sus habitantes pueda hacerlo.
También los trabajadores de Aena, tendrán premio y se les obsequiará con algunos de
estos libros.
El Jurado estuvo compuesto por Rosa Montero, como presidenta. Jesús García Calero
como secretario del jurado y un grupo de escritores y periodistas:.Pilar Adón, Leila Guerriero, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop, Sergio Vila-Sanjuán, Jesús García Calero y Elmer Mendoza.
¡Larga vida al premio!