En este año 2026, se cumple un siglo de la puesta en marcha de una idea social de amplísima magnitud. La primera organización femenina que se creó en España. Un grupo de mujeres intelectuales de distinta procedencia y variopinta formación, se empeñaron en levantar algo que ya existía en otros países.
En plena dictadura quisieron hacer prevalecer sus derechos y mostrar al gobierno que las mujeres necesitaban una sociedad igualitaria, porque ellas hacían lo mismo que los hombres en todos los terrenos. Dicho y hecho, hicieron que viera la luz el Lyceum Club Femenino, un club solo para mujeres.
Allí se reunieron, dejando a un lado sus ideas, mujeres de todos los niveles y cualificaciones en un espacio común que las acogía. Fuera estaba la sociedad creada y sustentada por normas masculinas.
Mujeres del mundo de las artes y la cultura, de la ciencia y las humanidades compartían espacio con respeto.
El primer local que tuvieron tras su fundación fue el de la Casa de las 7 chimeneas, muy cercano al ministerio de cultura, lo que antaño fuera el Circo Price. Allí había exposiciones, representaciones teatrales, clases, charlas, debates…
La otra España, la compuesta por ultraabsolutistas y apostólicos, quiso descabezar este movimiento desde el primer momento. La España pacata sacó a relucir inmediatamente los bulos pagados en prensa y se llegó a decir de todo, con respecto a su sexualidad y costumbres, aquel, se mentía, era un lugar donde las mujeres se drogaban y mantenían hábitos sexuales poco usuales.
En cierto modo, la España de la enjundia tenía razón: había que estar muy loca para hacer un club social de esas características, como en Francia o Italia.
Pero la idea no fue tan loca, se calcula que más de 500 señoras se asociaron.
P
ronto se les quedó pequeña la Casa de las 7 chimeneas. Como anécdota, las expertas en este tema, comentan que ninguna de ellas pudo alquilarla, tuvo que hacerlo un hombre. Su nueva sede estaba en la cercana calle de San Marcos. Allí dieron lustre a la cultura en clave femenina, hasta que la dictadura sucumbió. Cuando llegó la República y obtuvieron subvenciones, más mujeres de clase obrera asistían para educarse y formarse en las distintas artes, les acompañaban sus hijos. Ellos también se formaban y de paso se alimentaban. Una idea tremendamente social y progresista.
La España intransigente seguía calumniando, pero Lyceum siguió formando a las mujeres de una manera autónoma.
Para poner en valor nuestra cortedad mental y nuestro abandono, en cuanto a la educación, poco se varió en cuanto al sistema de enseñanza desde la Ley Moyano de 1857, hasta los años 70 del siglo XX, que se mantuvo vigente. Por tanto, era obvio que las mujeres tomaran las riendas de su futuro en relación a temas como este: la educación.
Si echamos una mirada al mundo, ya en 1874 se fundó una organización sindical femenina en el Reino Unido, Women´s Protective and Provident League, por la británica Emma Paterson, basándose en los principios de la Sociedad Tipográfica de Mujeres y la Unión de Fabricantes de Paraguas de Mujeres, en los EE. UU de América, de antes de 1873.
Nuestro atraso como sociedad era escalofriante. Tras el final de la última guerra carlista en 1939, los ultaabsolutistas acompañados por los apostólicos, siguieron dando caña, cercenando derechos y libertades.
Hace 25 años, una periodista Karmele Marchante creó otro espacio de libertad femenina. El llamado Club de las 25, que en la actualidad preside la abogada Cristina Almeida.
Ellas conservan parte de ese espíritu del pasado siglo. Tienen un premio anual, diversos encuentros y actividades que les permite seguir posicionando sus criterios feministas frente a la carcundia que nos rodea y mantiene frenado el progreso social.
Quizá haría falta más Clubs como el Lyceum en distintas partes de esta España, pero yo no soy quien para opinar al respecto. Vosotras sabéis muy bien si procede o no el activar esta parcela de la sociedad.