
Hoy ha llegado a mi móvil una denuncia sobre el terrorismo de estado. La mayoría de las ocasiones este tipo de terrorismo se lleva a cabo por el estado contra una parte de su pueblo. Los más viejos saben de lo que hablo y conocen la respuesta que los jóvenes, desde los seminarios, comenzaron a dar.
Otros practican el terrorismo de estado contra otros pueblos, en este caso contra el pueblo de sus padres. Un tal Marco, que emulando al comandante Marcos en el estado de Chiapas, donde luchaba por mantener la lengua y la cultura de los indígenas, es el desencadenante de este odio contra el pueblo cubano y colabora con la represión y extradición de migrantes, él y los de sus cortas capacidades, pretenden extraditar a los indígenas americanos, las tribus que estaban en lo que hoy son los EE UU de América del norte. Y pretenden expulsarlos de su país. Eso no se trata de un crimen de lesa humanidad, va más allá de la estupidez humana, conocida ampliamente por todos. Aún así nos sigue sorprendiendo.
Los cubanos están acostumbrados a sufrir acoso mediante el bloqueo permanente, aún así, su ingenio y constancia ha dado mucho de qué hablar. Sin petróleo, sin posibilidades de fabricar automóviles, ellos sacaron el combustible de la caña de azúcar y las piezas de los coches que se rompían las fueron haciendo con milimétrica precisión.
Cuba está en crisis desde que el Maine visitó la isla, quizá desde antes, aunque antes no solo ellos estaban bajo el poder de regímenes inoperantes.
Ahora me doy cuenta de como he estado ligado a Cuba gran parte de mi vida, a pesar de no haberla pisado. En los años 70 nos enteramos al iniciar las clases tras las vacaciones de Navidad, por una carta manuscrita de una estudiante cubana que, las bibliotecas de las facultades adolecían de libros modernos en castellano, las novedades científicas estaban escritas en ruso y la mayoría de los estudiantes cubanos no sabían ruso.
Un grupo de estudiantes comenzamos a movernos en la “Complu”, hoy UCM, a fin de recoger libros y apuntes que nutrieran los estantes de las bibliotecas de las distintas facultades, sobre todo de ciencias: física, química, biología, medicina, enfermería, fisioterapia, farmacia… Alguna editorial pequeña donó unos pocos libros, contados colegios profesionales colaboraron desde la sombra, otros pocos salieron de las donaciones de estudiantes y se consiguieron algunas pesetas con las que se compraron libros de segunda mano que parecían resultar de interés a profesores comprometidos con la idea, como ocurrió en la cátedra del profesor Bru o en la de Riudabest. Antes del verano se mandaron más de cincuenta libros por distintas vías.
En épocas de militancia política supe por Pedro, un cubano afincado en el barrio que, en Camagüey, su pueblo, había escasez de medicamentos y material sanitario. Supimos que no solo era en esa ciudad. Pedro viajaba todos los años a Cuba, para no perder la nacionalidad cubana y él se encargó de llevar a las autoridades de Camagüey el material que habíamos ido recogiendo y que tan necesario les era… Años más tarde siguieron los envíos con ropa.
Esto siguió haciéndose hasta poco antes de la pandemia. Desde entonces no sé nada de Pedro. Solo sé de Cuba, gracias a nuestro amigo Seju, que habla y habla de las virtudes de esa isla y sus ciudadanos.
Ahora el mundo ha cambiado de paradigma y el tal Marco, está inmerso en esa destrucción de los valores sociales. Una corresponsal de RTVE decía hace pocos días que el 80% de la población cubana es pobre, que las cubanas y cubanos se mueren por falta de todo, mientras tanto, la FAO, silba el sirtaki, la UE tararea el cha, cha, cha y la ONU busca la partitura de Los sonidos del silencio.
Estamos viviendo otro genocidio muy bien tabulado, es una carambola de billar perfectamente bien estudiada. Si desde Venezuela se deja sin recursos a Cuba, los cubanos volverán al redil de antes de 1959. La isla volverá a ser la zona de expansión: un hipercasino y un macroprostíbulo para los americanos del norte.
Quizá debería intentar contactar con gente cubana y acercarles nuestra solidaridad, pensé. Enseguida encontré a alguien que se había movilizado y he podido colaborar nuevamente. Espero impedir en lo posible que la venganza del sátrapa Marco se haga realidad.