50 canciones para entender el siglo XX “ es un libro sobre música. También historia, sociología, relaciones humanas. Y humor.

Ricardo Aguilera, escritor y periodista, ha aplicado un gran angular para analizar el siglo XX. Y ha seguido cómo método de investigación un recorrido por las canciones que mejor lo explican. Pero el libro, editado por Efe Eme, nace con un espíritu burlón del paso del tiempo. Vecinos de Prosperidad, reunidos en el Centro Cultural Valle Inclán, pulmón cultural del barrio, han celebrado un inusual “fuego de campamento”.

Ricardo Aguilera, acompañado por el periodista, Pedro Calvo, y Antonio Cruz, anfitrión de la Asociación Valle Inclán, desgranaron un puñado de historias que recuerdan en qué se han ido tantos años. Sin gota de nostalgia. Y por si a alguien se le escapaba un suspiro, allí estaba Seju Monzón, músico, actor, escritor, a la guitarra para alejar congojas.

Gracias a “50 canciones para entender el siglo XX” algunos nos hemos dado cuenta de que no nos habíamos enterado de nada de lo que contaban las que nos hemos hartado de bailar. Por ejemplo, quien de los que componía las congas en las verbenas de verano sabía que “La cucaracha” es un himno revolucionario. De los más revolucionarios que se han visto. Cada estrofa alienta a las tropas de Emiliano Zapata en 1910. La cucaracha cambió de bando varias veces, así que tranquilos, a lo mejor en la boda de tu primo, se interpretó la versión leal al presidente Victoriano Huerta, enemigo de Zapata, consumidor de marihuana, bebedor, cojo y con cataratas. “La canción tiene tres versiones; infantil, revolucionaria y pasota marihuanera”, explicó Monzón.

Vestir como un americano

Renato Carosone interpretó a su manera la Italia de la posguerra. En 1956 se fija en un muchacho italiano, “un listillo de barrio”, apunta Aguilera, que quiere adoptar el estilo y los modales de los americanos que vivían en las bases militares próximas. Para ello copiaba el peinado, los pantalones y robaba a su madre si hacía falta, para fumar cigarrillos Camel. Italia había quedado destruida, el 55% de las casas no tenían agua y una cuarta parte de la población vivía en la miseria. Se comprende la fascinación del muchacho retratada en Tu vuo’ fa’ l’americano”. “También habla de quien quiere ser lo que no es. Que se mete en un mundo que no es el suyo, a veces por tonterías como consumir marcas famosas”, señala Seju, mientras rasga los primeros acordes. Sin embargo, el ritmo pegadizo napolitano evapora el drama que encierra.

Quien lleve varios guateques en el cuerpo ha tenido que moverse con el frenético “Ymca” lanzado en 1978 por Village People. El grupo tomó el nombre inspirándose en el Greenwich Village , zona de ambiente gay de Nueva York . Para la canción tomaron las siglas de Young Men’s Christian Association, un movimiento internacional que surge en Londres en 1844 para defender los derechos de los jóvenes ante las consecuencias de la revolución industrial. El éxito fue tal que la organización religiosa no dijo ni pio, a pesar de ser un himno LGTB . La popularidad se extendió al margen de su sentido inicial. ”Es nuestro Paquito el Chocolatero”, apunta Aguilera.

No es intención del libro desmitificar, pero se te queda cara de lelo al saber que la romántica “La Boheme” de Charles Aznavour en realidad es una denuncia rotunda de lo que hoy conocemos con el nombre de gentrificación. El cantante de origen armenio lamenta que Montmarte (París) donde pintó, amó, pasó noches en vela, sin comida, pero feliz, joven, apasionado, ha desaparecido. Los ricos han comprado las humildes casas de los artistas y les han expulsado del barrio. Sin embargo, en las noches de verano la melodía sonaba a otra cosa.

Sorpresas y estofado

Carlos Cano era bien explícito cuando en 1977 la “Murga del currelante”ponía deberes a los políticos”, apunta Aquilera, y les urgía a proporcionar trabajo a poner la tierra a producir y advertía a Falote, “ que ya está bien de chupar del bote”. Con el ritmo de chirigota gaditana pocos reparaban en la tralla.

Como seguramente pocos cayeron en la cuenta de que esa canción con nombre de estofado japonés, “ Sukyyake, de 1961, es el llanto reprimido de Hisashi Sakamoto, conocido por su nombre artístico de Kyū Sakamoto, ante la impotencia de poder hacer nada por un Japón sometido y arrasado tras la Segunda Guerra Mundial. Como la discográfica le puso un nombre facilón, fue un exitazo.Como si aquí le ponemos paella de nombre a una canción”, apunta Aguilera.

Atravesar el siglo XX a través de las canciones depara sorpresas. ´La primera es comprobar lo rápido que ha pasado todo. Aunque esta percepción no es propia de la juventud, un precoz Paul McCartney de 25 años se preguntaba en “When I’m Sixty-Four cómo sería el amor a los 64. “Quien los pillara”, suspiró Aguilera. El beatle se planteaba si le seguirían queriendo. Hoy a punto de cumplir 84, sigue de gira.

¿Cómo será el amor a los 64? .”Qué será de nosotros cuando te levantes y no sabes a qué vas a la cocina. O tienes el nombre en la punta de la lengua”, bromeó Seju Monzón.

Poco importaba eso en la noche lluviosa, en la sala Valle Inclán de la Prospe, donde un vecindario carroza, sabio y divertido vivió su particular noche loca.

 

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