«Casi siempre todo lo que escribo como dramaturga es humor, ya me puedes perdonar» Talia, pero hoy, 27 de marzo, a pesar de ser un día de celebración por una vez escribiré, no enfadada sino más bien triste. ¡Bonjour triIstemente!
Este viernes, es el Día Internacional del Teatro,  fecha creada para mejorar la interrelación entre los países tras la Segunda Guerra Mundial. Yo siempre he entendido que tanto el escenario como la dramaturgia, la propia interpretación de los actores y actrices, dirección, sonido e iluminación debe darse en un espacio de libertad tanto desde nuestro interior como desde la forma exterior.

Crear en libertad

Siempre se ha dicho desde sus milenarios orígenes que el Teatro está en crisis, como a lo largo de la historia, la humanidad también, y hoy, una vez más, hay un intento incalificable, de adoctrinar desde la política más regresiva lo que pasa y de qué se habla en escena.

Una política subió, hace unos días, en plena actuación al escenario para declarar que la obra debía pararse porque no le gustaba el texto. Es un aviso, una pista de que  debemos estar preparadas porque están volviendo y desean que las obras tengan sus palabras.

Yo me pregunto qué derecho se atribuyó y qué atrevimiento para que esta persona por mucho cargo que tuviera se levantara de su butaca, alcanzara el escenario tras recorrer el pasillo  y se volviera hacia el público para manifestar que la obra se había terminado.

¡Qué arrogancia! Y sobre todo, me temo que  si lo hizo fue porque se creía con derecho a tapar la boca al teatro.

¡Malos tiempos una vez más para la libertad y esta verdad tan nuestra, la de las teatreras y los  teatreros

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