
La desconcienciación, la apatía o el miedo, parece que crecen de manera alarmante en el reino de los EE. UU. Antaño, quien más y quien menos daba o mostraba su opinión en las distintas galas cinematográficas. La galardonada actriz Susan Sarandon, embajadora de buena voluntad de la ONU y activista demócrata siempre estuvo en primera fila de la denuncia. En 2018 fue detenida por manifestarse en contra de la política migratoria de su presidente. Esa Susan, años más tarde, en 2023, se enfrentó a las políticas genocidas del estado de Israel. Por ese motivo, la actriz y productora teatral, fue cancelada. Es una forma de decir que, la Agencia que la representaba en la industria cinematográfica la mandó al mismísimo guano. El poder judío en la industria de Hollywood es inmenso y la oscarizada Susan, se quedó sin trabajo. Se la amortizó en la industria cinematográfica.
Todos los compañeros de profesión debieron de aprender de esta vergonzosa acción. Se dieron cuenta que aquellos que manifestaran su desacuerdo con las políticas del nuevo reino, serían decapitados. Lo vimos en la entrega de los últimos premios Globos de Oro, lo vimos en el festival de cine de Sundance, fundado por el desaparecido actor Robert Redford. Me recordó tan “explosivo” activismo de los intérpretes, durante las ceremonias de este año al oscarizado film: El silencio de los corderos. El que se mueva, no sale en la foto, que hubiera dicho hace muchos años Alfonso Guerra.
Lo cierto es que, España, parece ir a la contra de los designios del nuevo reino. Si allí echan a los inmigrantes, aquí les damos garantías y cierta seguridad merecida. Que allí censuran las voces disidentes, aquí la Academia de Cine, le ofrece el premio Goya Internacional 2026.
Así, entre nosotras, se lo tiene merecido.