{"id":21423,"date":"2022-11-25T20:03:31","date_gmt":"2022-11-25T19:03:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.prospereando.es\/?p=21423"},"modified":"2022-11-25T20:03:31","modified_gmt":"2022-11-25T19:03:31","slug":"un-trabajo-rutinario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.prospereando.es\/index.php\/2022\/11\/25\/un-trabajo-rutinario\/","title":{"rendered":"Un trabajo rutinario"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-21424 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/camahotel1-300x219.jpg\" alt=\"\" width=\"629\" height=\"459\" srcset=\"https:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/camahotel1-300x219.jpg 300w, https:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/camahotel1.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 629px) 100vw, 629px\" \/><\/p>\n<p>Mrs. Blanquet manejaba muy bien a las muchachas como Katty. Aceptaban cualquier habitaci\u00f3n de alquiler en sus caminos de huida. Llegaban enmudecidas por la violencia de sus familias, amantes o abusos infantiles. Mujeres j\u00f3venes de voces susurrantes que apenas levantaban los ojos del suelo en un continuo disculparse.<\/p>\n<p>Katty abri\u00f3 levemente la ventana y una fresca brisa de marzo agit\u00f3 la tela que hab\u00eda colgado con chinchetas. El aire de la ma\u00f1ana disip\u00f3 los olores corporales de Katty, suspendidos en las paredes empapeladas con guirnaldas de flores diminutas, que desaparec\u00edan en algunos rincones por las grietas de las humedades, y que Mrs. Blanquet no ten\u00eda ninguna intenci\u00f3n de reparar. Pas\u00f3 una mano por la colcha para quitar una arruga invisible y coloc\u00f3 tres cojines de sat\u00e9n blanco y dorado que hab\u00eda comprado con su primer sueldo. Con ellos desaparec\u00edan las imperfecciones de la almohada que Mrs. Blanquet le hab\u00eda prometido cambiar y ya iba para seis meses que su sue\u00f1o reposaba en un bulto informe.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 la puerta de la habitaci\u00f3n con llave y una sonrisa de satisfacci\u00f3n se dibuj\u00f3 en su cara. Por fin una habitaci\u00f3n para ella sola y libre de visitas indeseadas.<br \/>\nEmpezaba a trabajar a las 8 de la ma\u00f1ana y para las 10 ya hab\u00eda arreglado doce habitaciones. Arrastr\u00f3 el carro, repleto de toallas y ropa de cama por el pasillo del tercer piso. La habitaci\u00f3n 345 estaba ligeramente entornada. Katty entr\u00f3 con cautela, la clienta era muy especial, se pagaba la estancia del hotel con su voz \u00e1spera y grave que vagaba por el Golden Club del hotel desde la noche hasta la madrugada. Le hab\u00edan advertido que tuviera cuidado con ella. Era una mujer entrada en a\u00f1os, que se serv\u00eda de su voz castigada por whiskys y cigarrillos para sobrevivir. Apenas era escuchada en el Golden Club entre las conversaciones de los clientes, el chocar de los brindis de las copas y el chirrido de las sillas en la b\u00fasqueda de besos y caricias de las parejas avanzada la noche.<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n parec\u00eda un vertedero. Unas zapatillas tiradas en la moqueta casi le hicieron perder el equilibrio. Peque\u00f1as botellas de bebidas y latas de cervezas esparcidas por todas partes, alternaban con revistas y ropa interior. El olor suspendido de perfume caducado, cigarrillos y botellas de whisky abiertas le produjo un agudo picor en la garganta. La cama era un amasijo de ropa deshecha con medio edred\u00f3n en el suelo. Unas guedejas del pelo le salieron de la coleta cuando empez\u00f3 a recoger los objetos del suelo. Se acerc\u00f3 a la mesilla de noche. La pantalla de la l\u00e1mpara de mesa estaba medio ladeada, un cenicero repleto de colillas, vasos de pl\u00e1stico y un bote de pastillas que en una r\u00e1pida ojeada crey\u00f3 leer benazepan, rodeaban el antifaz de dormir. Aquella habitaci\u00f3n era la que m\u00e1s problemas le creaba. Los h\u00e1bitos de la clienta hac\u00edan que finalizara el trabajo media hora m\u00e1s tarde. Descorri\u00f3 las pesadas cortinas abri\u00f3 una hoja de la ventana e iba a ponerse a limpiar el ba\u00f1o cuando oy\u00f3 unas palabras que proven\u00edan del revoltijo de la cama.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfQu\u00e9 haces?:- Una voz parecida a un ronquido sal\u00eda de la boca de la mujer madura.<\/p>\n<p>Katty no era persona discutidora, no le gustaba excusarse por sus acciones que solo servir\u00edan para agudizar la tensi\u00f3n entre la cliente y ella.<\/p>\n<p>\u2013 Alc\u00e1nzame un vaso de agua. No te quedes ah\u00ed parada. \u00bfEst\u00e1s tonta?<br \/>\nKatty se lo llev\u00f3 y vio que las manos huesudas y temblorosas de la mujer palpaban dentro del caj\u00f3n de la mesilla de noche.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n? \u00bfLas has cogido?<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfQu\u00e9 desea, se\u00f1ora? Contest\u00f3 Katty conteniendo la voz<\/p>\n<p>\u2013 Mis pastillas, idiota, no est\u00e1n en el caj\u00f3n.<\/p>\n<p>Katty deposit\u00f3 el bote en la mano de la cantante que volvi\u00f3 a caerse en la cama y sali\u00f3 sorteando las revistas y las botellas, con cuidado de no hacer ruido al pisar la moqueta con sus zapatos de suela de goma. Cerr\u00f3 la puerta, mir\u00f3 al reloj eran las 10 y 10.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 irritada de la habitaci\u00f3n. No olvidaba las palabras tonta e idiota. Katty Ten\u00eda diecinueve a\u00f1os. No le gustaba su trabajo, repetitivo, exento de iniciativa, lo hac\u00eda de forma aut\u00f3mata pero le serv\u00eda para alejarla de su pasado. No ten\u00eda problemas con su oficio, era una trabajadora eficaz, excepto, si la conducta de un cliente interfer\u00eda en su realidad imaginada.<\/p>\n<p>Al lado de la habitaci\u00f3n 345 estaba el cuarto de calderas. El calor y la humedad de aquella habitaci\u00f3n era insoportable. Una vez al a\u00f1o la desinfectaban pero las invencibles cucarachas encontraban cobijo en aquella atm\u00f3sfera h\u00fameda y oscura, y al cabo de pocos meses sus acharolados cuerpos volv\u00edan a resurgir.<\/p>\n<p>Recordaba Katty, como la mujer de la habitaci\u00f3n 345 le hab\u00eda pedido al director del hotel, de forma zalamera, que la cambiaran de habitaci\u00f3n porque alguna vez los habitantes del cuarto de calderas se arrastraban vigorosamente por el suelo y alguna hab\u00eda llegado a sub\u00edrsele a la cama. El director levantando la ceja le respondi\u00f3 que el precio de la habitaci\u00f3n era el que correspond\u00eda a su actividad en el hotel.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando Katty, entr\u00f3 al cuarto de calderas, al encender la luz los insectos se movieron como remolinos en el mar. Ayudada por la fregona, arrastr\u00f3 dos ejemplares negros y lustrosos, que con destreza acerc\u00f3 a la habitaci\u00f3n 345 y con un empuj\u00f3n certero y contundente meti\u00f3 por debajo de la puerta.<\/p>\n<p>Katty cogi\u00f3 el carro y lo llev\u00f3 al otro extremo del corredor. Cuando lleg\u00f3 al cuarto de las s\u00e1banas y las toallas un grito hiriente recorri\u00f3 el pasillo. Hac\u00eda un a\u00f1o que no hab\u00edan desinfectado el cuarto de calderas. Era hora de hacerlo.<\/p>\n<p>S\u00ed, Katty era una trabajadora eficaz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mrs. Blanquet manejaba muy bien a las muchachas como Katty. 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