{"id":20908,"date":"2022-09-08T21:41:14","date_gmt":"2022-09-08T19:41:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.prospereando.es\/?p=20908"},"modified":"2022-09-08T21:42:23","modified_gmt":"2022-09-08T19:42:23","slug":"el-trayecto-de-ida-y-vuelta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.prospereando.es\/index.php\/2022\/09\/08\/el-trayecto-de-ida-y-vuelta\/","title":{"rendered":"El trayecto de ida y vuelta"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20910 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/cangrejos1-1-300x183.jpg\" alt=\"\" width=\"631\" height=\"385\" srcset=\"https:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/cangrejos1-1-300x183.jpg 300w, https:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/cangrejos1-1-768x470.jpg 768w, https:\/\/www.prospereando.es\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/cangrejos1-1.jpg 798w\" sizes=\"auto, (max-width: 631px) 100vw, 631px\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\">Al anochecer la camioneta se acercaba a la aduana, un edificio sombr\u00edo que a Dora le recordaba a las edificaciones de su pueblo. Observ\u00f3 entonces, que el anillo de boda estaba cubierto de sangre y se hizo un torniquete en el dedo con el pa\u00f1uelo que llevaba en el bolsillo. Cada vez que la camioneta cruzaba la frontera, una mujer ten\u00eda que pagar un tributo al guardia asignado, el resto se quedaban adormiladas en el veh\u00edculo, a la espera de su vuelta con el salvoconducto colectivo en la mano, que les permit\u00eda seguir el camino.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dora baj\u00f3 de la camioneta. Era el s\u00e1bado que le tocaba vestirse con el ch\u00e1ndal y zapatos sin cordones en un af\u00e1n de disimular las formas de su cuerpo, que tanto atra\u00edan al sargento Ram\u00edrez. Dominaba el ritual de la situaci\u00f3n, pero no el humor variable del sargento, no pretend\u00eda hacerle perder tiempo, ansiaba volver a la camioneta en quince minutos y cruzar la frontera camino de su trabajo. Mientras estaba tumbada en el camastro le llego el olor de cigarrillos americanos y orines. Mir\u00f3 al techo donde no llegaban las manchas marr\u00f3n oscura, por alguna nariz rota causada por las bofetadas, que arbitrariamente propinaban los guardias de la aduana.<\/p>\n<p align=\"justify\">Se desnud\u00f3 sin rapidez pero con seguridad, el sargento se quit\u00f3 sus correajes y dej\u00f3 las gafas ahumadas en la banqueta. El silencio imperaba. Sinti\u00f3 c\u00f3mo el bigotillo bajaba por su cuello y llegaba a sus pechos. Dora empez\u00f3 a excitarse, su propio deseo le sorprendi\u00f3, se dio cuenta que hab\u00edan transcurrido dos a\u00f1os desde que hizo el amor con su marido, y ciertos d\u00edas, se asombraba al suspirar que llegara el s\u00e1bado, para sentir esa fuerza encima de su cuerpo. La actitud de Dora estaba m\u00e1s relacionada con el hecho de estar cerca de un hombre, de sentir su musculatura, de experimentar su virilidad m\u00e1s que de su satisfacci\u00f3n sexual. Procur\u00f3 no bajar la guardia, el sargento Ram\u00edrez no deb\u00eda advertir que sent\u00eda cierta atracci\u00f3n por \u00e9l, no ignoraba Dora que la violaci\u00f3n que escond\u00eda el encuentro era uno de los atractivos de la cita para el sargento. No se permit\u00eda ning\u00fan desliz. El bigotillo estaba en sus pezones, su muslo encima del suyo. Dora separ\u00f3 los muslos y le dej\u00f3 entrar.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando acabaron unas gotas de sangre del dedo quedaron en el camastro. Dora se sent\u00f3 encima de ellas pero el sargento las hab\u00eda visto. Se acerc\u00f3 y le dijo: \u201cDile a tu marido que no se haga el macho contigo, sabemos que le gustan los callejones oscuros\u201d. Dora se visti\u00f3 sin contestarle. Todav\u00eda ten\u00eda adherida a su cara el aliento del tabaco rubio del sargento. Su necesidad de trabajo se impon\u00eda a la merecida respuesta que pudiera darle<\/p>\n<p align=\"justify\">Al cabo de quince minutos, realizado el peaje carnal, volvi\u00f3 a la camioneta, y pasaron la frontera. En el primer pueblo las mujeres bajaron y se dirigieron a sus puestos de trabajo. Fregaban los suelos, mesas, retretes de las cantinas que estaban en el pueblo. Dora limpiaba el restaurante \u201cLa Armon\u00eda\u201d, la clientela era mejor que la de los otros locales. La especialidad era el cangrejo con salsa criolla. Cuando sobraba comida la met\u00eda en el tuperware que al volver a su casa su hijo abrir\u00eda sin darle tiempo a calentarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuatro s\u00e1bados al mes, cuatro horas de trabajo, cuatro encuentros con el sargento. Cuando las luces amanec\u00edan la misma camioneta las devolv\u00eda, a su lugar de origen. A esa hora los guardias se afanaban en revisar los veh\u00edculos que cruzaban la frontera en sentido contrario y la camioneta pasaba sin dificultades.<\/p>\n<p align=\"justify\">El domingo estaba bien amanecido cuando Dora entr\u00f3 en su casa. Dej\u00f3 los cangrejos en la mesa de la cocina. Mir\u00f3 por la ventana, el coche de Aurelio se acercaba a la verja medio ca\u00edda de la casa. Toc\u00f3 el claxon y escuch\u00f3 los pasos de su marido en la habitaci\u00f3n de al lado. Se hab\u00edan conocido en el servicio militar. Y tras a\u00f1os de no saber nada el uno del otro, o eso le dijo su marido apareci\u00f3 un d\u00eda con la ranchera y ya iba para dos a\u00f1os<b> <\/b> Nestor entr\u00f3 en la cocina. Abri\u00f3 la nevera y llen\u00f3 un vaso de leche. La mir\u00f3 de soslayo. Su cuerpo le impon\u00eda, grande, imponente, tan diferente al del sargento, los dos musculosos, uno de tez blanca y pelo ondulado encontraba su deseo fuera de casa, el otro, cetrino, de escasa estatura y pelo planchado al cr\u00e1neo, satisfac\u00eda su necesidad en la zona franca de la aduana.<\/p>\n<p>\u2013Tenemos que hablar. Le dijo Dora con un temblor en el cuerpo.<\/p>\n<p>\u2013Ya lo hemos hablado todo. As\u00ed estamos bien. Ya sabes que no quiero separarme de mi hijo. Contest\u00f3 Nestor despu\u00e9s de beber el vaso de leche<\/p>\n<p>\u2013Apenas ves a tu <i>hijo<\/i>. Resalt\u00f3 la palabra hijo.<\/p>\n<p>\u2013Yo no quiero esta situaci\u00f3n, no estoy bien. Se mir\u00f3 el dedo que ya no sangraba.<\/p>\n<p>\u2013Por m\u00ed, puedes hacer lo que quieras. Volver\u00e9 tarde. Cogi\u00f3 la ca\u00f1a de pescar y se encamin\u00f3 a la puerta de salida.<\/p>\n<p align=\"justify\">La ca\u00f1a con la que Dora se hab\u00eda cortado el dedo cuando quiso romperla la noche anterior. Detect\u00f3 la frialdad con que la observaba. Cuando su marido dej\u00f3 de desearla lo ve\u00eda en todos partes, por aquel entonces se entregaba al ansia de abrazarle que le hinchaba los pulmones. Ahora solo en ciertas ocasiones, m\u00e1s espaciadamente.<\/p>\n<p align=\"justify\">Con el ruido de la puerta de entrada, los siete a\u00f1os de su hijo se pusieron en pie y baj\u00f3 a la cocina, Abri\u00f3 la caja de los cangrejos y se puso uno de bigote<\/p>\n<p>\u00ad\u2013 \u00bfPor qu\u00e9 papa va de pesca si ya tenemos tus cangrejos?<\/p>\n<p align=\"justify\">Dora no le respondi\u00f3, Ten\u00eda que ordenar su vida. Se sent\u00eda que flotaba, como si se hubiera vuelto m\u00e1s ligera. Su cabeza estaba menos confusa. Se ve\u00eda con fuerzas para cambiar de vida, no era un gran comienzo pero se conformaba con eso. Empez\u00f3 la lista, abandonar al padre de su hijo, quemarle la ca\u00f1a de pescar, los callejones oscuros, el bigote del sargento Ram\u00edrez, su musculatura&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Era un d\u00eda fresco y soleado y septiembre finalizaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al anochecer la camioneta se acercaba a la aduana, un edificio sombr\u00edo que a Dora le recordaba a las edificaciones de su pueblo. 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