La urgencia tras la emergencia
Prospereando | 29/07/26 | editorial

Fuentes bien informadas de esta redacción, han comprobado la premura con la que esta
Comunidad, aun entre llamas y humos, asolada por la tragedia de la falta de previsión y
la ausencia de reconocimiento del cambio climático y los desastres que este acarrea, se
ha visto forzada a crear un proyecto de gestión, que a todas luces no existe.

Posiblemente, para mostrar con orgullo al gobierno y a los vecinos críticos y demostrar
la existencia de un Plan.

En la nota remitida el martes 28 de julio de 2026 a las 9 horas y 20 minutos de la
mañana, la Directora General de Investigación e Innovación Tecnológica, dependiente
de la Viceconsejería de Investigación, Ciencia y Universidades. Solicita a las y los Vicerrectores de las universidades públicas, repetimos: públicas, que, con carácter urgente, repetimos: urgente,  les echen una manita, un coche bomba de bomberos llenito de agua, que remitan a esa Dirección General, lo antes posible
todas las actuaciones científicas sobre incendios forestales que se estén o hayan sido
investigados en los distintos departamentos de las distintas universidades y escuelas y
que puedan aportar luz entre tanto humo.

Se sugiere que remitan de inmediato una pequeña descripción acompañada por el
presupuesto estimado.

¿Qué supone esto?

Podemos pensar que la Comunidad no ha hecho sus deberes en cuanto a los protocolos,
y procedimientos a llevar a cabo en caso de incendios. Tampoco se tiene una estimación
del coste real de la gestión del fuego.

Sí, en estos últimos años, sabemos, según comentan organizaciones de consumidores
que, el dinero que las aseguradoras abonan a las comunidades para colaborar con la
extinción de incendios, cada año, según ley, se ha estado derivando a otros menesteres.

Desconocemos si a potenciar el ego de nuestros gobernantes, si a la creación de pisos
para vecinos sin recursos o a viajes a los Estados Unidos de México. Es una
incógnita.

Esperamos que, lo antes posible en aras de esa deseada transparencia que tanto exigen a
los demás gobiernos, y con razón, ellos, los gestores de humo, hagan lo propio.

Recordemos que los incendios no se han apagado, que muchos voluntarios y
trabajadores con sueldos precarios están dando todo su esfuerzo. Esperemos que no
llegue a más esta desgracia ambiental.

En lugar de llorar deberemos exigir que cada primero de enero se empiece a controlar
ese fuego que, por desgracias llegará, pero minimizando riesgos y esfuerzos.

Todo tiene un límite.

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