Hortensia sabía que tenía que dar una vuelta de 180º a su vida, nada era lo que en un principio, cuando adolescente, pensó que iba a ser. Nada.
Tenía la intuición de que haciendo sudokus llegaría esa idea que le serviría como trampolín a un mañana lleno de interés e intereses. Ella debía ser capaz de motivar al tiempo para que jugase a su favor. Habían pasado muchos meses desde que se despidió de aquella consultoría de mierda, en la que solo pretendían tenerla como una simple diseñadora de simples programas. Ella no había estudiado ingeniería informática para hacer ridiculeces que le ayudaran a llenar la nevera de un piso desvencijado y mal iluminado en las afueras de la ciudad más turística y con más petrodólares de la costa.
Al terminar de hacer el sudoku había un acertijo: ¿Cada cuantos años el mes de febrero cuadruplica todos los días de la semana?
En un principio pensó que, en los años bisiestos, enseguida se percató del error. Justo en los años bisiestos, con 29 días, habría un día de la semana que se repetiría cinco veces. Por tanto, en cualquier año en el que febrero no tuviera 29 día, que no fuera bisiesto.
Al principio le pareció una bobada, miró en que fecha se había implantado, sabía que el papa que había transformado el calendario juliano era Gregorio III, vio que lo hizo en 1582, era interesante, pensó… Un papa cambió el tiempo del mundo. Recordaba una anécdota que ocurrió el día de la muerte de santa Teresa. Ella murió el 4 de octubre 1582 y fue enterrada, al día siguiente 15 de octubre del mismo año. Absurdo, en lugar de ser enterrada el día 5, lo fue el 15. El mismo día de su muerte entró en vigor el calendario gregoriano, en el que para ajustar fechas se saltaba diez días. Quizá ese fue el motivo por el que jugaran con su cadáver durante tanto tiempo, enterrando y desenterrando su cuerpo, por un mal fario.
Aquella anécdota conocida por todos le abrió la gaveta de la imaginación y la puerta de las elucubraciones. Tras un buen rato analizando el poder que tenía el que usara el tiempo, empezó a concebir una idea, una idea manida, pero que en su razonamiento era de una originalidad tremenda: El tiempo es oro.
El tiempo es poder – se dijo una y cien veces. Lo único que tengo que hacer es acceder a usar el tiempo en mi beneficio.
Una idea salida de la gaveta iba creciendo, moldeándose poco a poco, la puerta de las conjeturas iba consolidándose, necesitaba información. Sí, la información era poder. Si unía imaginación y tiempo podría ser muy poderosa, todo llevado a cabo desde la razón y la lógica. Sí, una lógica muy especial.
Miró la hora en su móvil, marcaba la 18:56.
¿Qué hora marcaría un reloj exacto, un reloj cuántico?
Primero había que comprende su mecanismo. Es un mecanismo que engaña a los iones de aluminio y berilio. Una trampa electromagnética y unos láseres a temperaturas próximas a la temperatura más baja posible, conocida como cero absoluto. Con esa temperatura los iones tienden a la estática constante, pero tienen un movimiento mínimo, conocido como movimiento residual.
Hortensia iba tomando nota de todo lo que leía, estaba convencida que ese era el camino perfecto para dominar al tiempo.
Esa energía residual era denominada energía de punto cero, el comienzo de la temperatura Kelvin.
Investigadores de la física cuántica llevaban tiempo trabajando en crear un reloj miles de veces más exacto que el más exacto. El reloj más perfecto pierde cada 3.400 millones de años un segundo. Para un solo segundo hay que esperar… Se ha conseguido la precisión absoluta. Nadie puede saber en la práctica si ese retraso va a suceder.
Pero, ¿qué pasaría si se le ayudara? – pensó.
De estudiante me divertía hackeando sistema de seguridad nacional – masculló mientras se le iluminaba la expresión – , podría ser que…
Habría que planificar todo, absolutamente todo hasta el más mínimo detalle.
La idea se expandía por cada una de sus neuronas a una velocidad de vértigo. Sí – dedujo en ese instante, – esa será la forma de llegar a donde quiero.
Sacó papel y boli y comenzó a escribir, a pensar muy deprisa: para qe todo el sistema esté comunicado es necesaria un modelo común, una guía que sea el referente de todo el entramado y que, de esta forma permita dirigir los elementos, en este caso los datos electrónicos que transcurren a una velocidad de milisegundos por la red que hace posible la relación entre agente emisor y agente receptor y viceversa. Para eso es necesaria una sincronización perfecta en algo que se llama tiempo: Tiempo de navegación común.
Todas las vías recorren a grandísima velocidad y al unísono toda la actividad, gracias a la exactitud de un reloj perfecto, cuasi perfecto, pero indetectable para las redes. El tiempo – subrayó en el papel –, es quien da verdadero poder a la comunicación.
Es lo que ocurrió con la llegada del tren – recapacitó. El mundo dejó de consumir el tiempo según sus necesidades, que venían dadas por los astros: la luna equivalía a los momentos de intimidad y sueño, el sol equivalía a trabajo y extroversión. La vida discurría entre el Ocaso y el Orto, entre la luna y el sol…
A fin de que los horarios de trenes coincidieran en todos los lugares la vida se parceló en meridianos horarios. En muchos países como España, mientras en Ibiza estaban trabajando, en Finisterre aun dormían, siendo la misma hora según la norma, pero no según sus necesidades.
Volvió a apuntar una idea: Eso le debió de dar una pista a Einstein. El tiempo es relativo – subrayó varias veces.
Apuntó, esta vez con letras mayúsculas: La navegación eficaz por tierra mar o redes se logra gracias al tiempo. Quien maneja el tiempo es dueño de la felicidad.
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Esperó hasta el último fin de semana del mes de marzo, a las 2 am, serían las 3 am. Desde hacía muchos años las cosas eran así, el mundo cambiaba sus relojes dos veces al año.
En ese preciso momento, el reloj cuántico está preparado por los expertos para que cambie la hora, así todos los sistemas, las vías, las redes, las comunicaciones…, hacen uso de su exactitud para cambiar la hora y mantenerse conectados a sus sistemas de comunicación con el ritmo requerido.
Entendido. Está todo claro.
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Hortensia abrió cuentas en las Islas Caimán, Jamaica, Belice, Barbado… Desarrolló una minuciosa planificación, para que pasara la información a las cuentas y regresara esta información con el dinero. Sí, siempre por esas vías comunes. Pasarían las transferencias, una vez en su poder, de una a otra cuenta, de un banco a otro, de uno a otro país, a velocidad de vértigo… Sin dejar rastro alguno.
Cuando llegó el día y la hora del cambio horario de verano, Hortensia manipuló la temperatura de los iones, hizo que en pocos segundos subiera medio grado centígrado el lugar donde se albergaban los mecanismos que hacían que el tiempo fuera único.
Fue lo suficiente como para que el reloj perdiera la compostura y retrasara un solo segundo.
El mundo retrasó un segundo. Todos pudimos vivir un segundo de pretéritos.
En ese instante se hicieron varias transacciones de cuentas muy importantes correspondientes a personalidades del mundo de la OPEP y de otras multinacionales fabricantes de armas y muertes.
El dinero se fue transfiriendo de una a otra cuenta. Según cambiaba de cuenta la anterior desaparecía sin dejar huella alguna.
En ese mismo instante saltaron las alarmas del impertérrito reloj, las alarmas de los más importantes bancos del mundo. La seguridad informática es muy precisa en esas cuentas nada corrientes, más conocidas como cuentas delirantes.
Los expertos informaron a la policía sobre el ciber robo. Explicaron desde donde habían saltado los algoritmos que habían hecho subir la temperatura de tan perfecto reloj y la nada despreciable alteración del tiempo. Un segundo.
Hortensia se sintió feliz, había conseguido que la tomaran en serio. En un solo segundo había hecho desaparecer miles de millones. Eso no lo habría logrado ni el mejor mago del mundo. A pesar de la altura y el magnífico paisaje del que disfrutaba, lloraba de felicidad por haber conseguido lo que se había propuesto.
No habían pasado diez minutos cuando la cochambrosa casa de Hortensia estaba llena de policías.
Allí no había nadie, no había nada, ni huellas, tan solo unos cuentos pelos de Tom, su gato gris que había aprendido a sonreir.
Nadie del vecindario sabía dónde podía encontrarse la muchacha, hacía algunos días que no se dejaba ver, tampoco se escuchaba maullar a Tom, el gato risueño.
La prensa difundió a la mañana siguiente la noticia. Los titulares dieron la vuelta al planeta: Cómo en un solo segundo se pueden vaciar y hacer desaparecer los depósitos en las cuentas de las grandes fortunas, por valor de…
Unos periódicos daban cifras superiores a los mil millones de dólares, otros informaban que, según los peritos, la suma total del robo había sido cien veces más importante.
Nada se supo de Hortensia, algunos periódicos, con el tiempo comenzaron a llamarla ciber-Houdini.
Años después unos periodistas dedicados a la investigación creyeron dar con ella en un pueblo de los Andes, vivía como una vecina más, aquella mujer cuando llegó a ese lugar se hacía llamar Teresa, poco después adquirió el nombre de Mama Quilla. Lo único que llegaron a constatar es que aquella zona andina había sufrido una mejora importante en cuando a educación y salud pública.
Nadie sabía de donde venía el dinero, no había forma de seguirle el rastro. Cada seis meses, cuando cambiaba la hora en el mundo, aparecían en las cuentas de los ayuntamientos de la zona un dinero para gastos en medio ambiente, mayores, salud, educación o justicia.
Nadie se atrevía a malversar ese dinero. En una ocasión un alcalde quiso enriquecerse y se quedó sin tierras.
Parecía un regalo divino. Una especie de maná semestral que hacía mantener las estructuras más altas de felicidad del continente. Aquello comenzó a ocurrir muchos años atrás, Mama Quilla parecía estar detrás de esta resurrección de la vida en aquella parte del mundo, pero .nadie podía constatarlo, vivía sola, hablaba con todo el mundo, pero no parecía estar dotada de cierta capacitación para el manejo de ordenadores. Concluyó la prensa de investigación que era un bulo de aquellos campesinos.
Mama Quilla era la diosa de la Luna, protectora de las mujeres, la que gobernaba el calendario, que era lo mismo que gobernar el tiempo. De su voluntad salían las fechas para plantar y recolectar, si por algún motivo Pachamama no proporcionaba las cosechas necesarias, Teresa, conocida como Mama Quilla, prometía que ella intercedería con Pachamama, para que a ninguno de aquellos pueblos les faltara nada.
Así era, cuando las noches comienzan a ser más largas, en el mes de octubre, un día señalado para el cambio de hora surgía la abundancia. Algo inesperado, una ayuda de la deidad hacía posible que apareciera dinero suficiente en las cuentas bancarias de los ayuntamientos, para que estos pudieran socorrer a los necesitados campesinos.
Los periodistas no pudieron avanzar más en sus pesquisas, la vida de esos pueblos y sus gentes era alegre, afectuosa, cordial y hermética.
Hortensia vivía muy a gusto en aquel lugar distante del mercantilismo, rodeada por gentes apegadas a la tierra y la familia, un lugar donde la vida adquiría el valor y la dimensión real. Todo allí se conectaba bien, se conjugaba armónicamente.
Le gustaba llamarse y que le llamaran Mama Quilla, la divinidad que gobernaba el calendario, aquello era como pautar el tiempo. Sabía que, en su momento, el pretérito dio forma al futuro y eso fue bueno para muchas personas, también para ella.