Antecedentes: Mar Mediterráneo, aguas tranquilas, Grecia, cuna de la democracia, Lesbos una isla, Moria, lugar donde se alberga la muerte y la desesperación en forma de centro de refugiados.

Grupos de antidemócratas del pueblo de Moria, atacan el campo de refugiados.

Grupos de antidemócratas del pueblo de Moria, atacan el campo de refugiados.

Un caso de COVID 19, exigencia de aislamiento, 35.000 personas hacinadas con menos de un metro por persona.

Fuego… fuegos.

Una columna de humo dentro del campo, otra.

El bosque que circunvala el campo de refugiados en llamas.

Los refugiados huyendo a Mitilini.

No hay alojamiento ni agua ni comida ni higiene.

El dinero se sigue evaporando antes de llegar a quienes lo necesitan.

La UE, usa gafas de sol que le impiden ver lo que ocurre.

Esto es lo que ocurrió, a grandes rasgos, hace unos días en Grecia, un inmenso incendio en ese campo de refugiados, un lugar de hacinamiento donde se triplica el número de ciudadanos sin derechos. Un gueto sin las más mínimas y necesarias infraestructuras para sostener con vida e ilusión a esos seres humanos que un día abandonaron su país; los unos por causa de las guerras, otros por la hambruna que produce la desertificación, muchas y muchos por no morir de guerra de religión.

Cuando la geoestrategia religiosa, vuelve a tener la misma fuerza y contundencia que en esos tiempos de las cruzadas, los seres humanos son mercancía utilizada para desestabilizar.

Cuando la codicia del poder se embarca en guerras fratricidas, los seres humanos no son nada, una mano de obra infantil y barata en el caso de los niños, sí, los niños de la guerra, y un trozo de carne a quien violar en el caso de ellas: las mujeres niñas o las jóvenes.

Cuando la falta de gestión de la tierra hace que esta se seque y empobrezca, los seres humanos son un estorbo.

Es entonces, cuando el ser humano sobra y decide morir o emigrar. Sí, emigrar, como ha pasado siempre.

Es entonces cuando los poderes democráticos, humanos, de sociedades perfectamente constituidas para dar cobijo al hedonismo, miramos para otro lado. No queremos lacras en la sociedad del bienestar, no queremos que se altere la sociedad del bienvivir.

Cabe recordar que parte de nuestros impuestos van a lugares como Moria, para que podamos seguir ajenos a la catástrofe humanitaria, allí, en esos campos, frenan las migraciones de seres vivos cargados de tantas necesidades como esperanzas.

Su lugar de encierro es un espacio donde conviven con el frío, el hambre, la desnudez, la humedad y la sed, los niños juegan con la miseria al escondite. Tras un verano de calor y hostigamientos de grupos de la ultraderecha, aparece el fuego. ¿Será este un fuego reparador de injusticias?

Sabemos que no, que sobre nuestras conciencias no está presente la necesidad de ofrecer gratos futuros a los ajenos.
Aquellos seres que hoy duermen en la carretera o el campo de la isla de Lesbos, echan de menos cubrir sus necesidades básicas. La mitológica isla solo les ofrece la realidad, un espacio hostil y yermo.

Cuando en ese campo solo cuentan con una fuente por cada cientos de personas y unos baños por cada miles, alguien opina que ese incendio y el otro y el siguiente, es una advertencia de que las cosas van mal, van muy mal para ellos, para esos homo sapiens, sapiens, hacinados, sin recursos, sin futuro y con miedo a que solo hayan alcanzado la mítica UE, para morir en ella, tras años de agresiones, penalidades e infortunios.

Sí, todos estamos pendientes de la COVID 19, nos atañe a nosotros, a los nuestros, a nuestras familias, pero no por ese motivo debemos olvidar que siguen estado los campos de refugiados repletos de almas sin esperanza, sin ilusión, sin posibilidades de llevar a cabo sus proyectos de vida para seguir esquivando la muerte.

Las ONG´s, hacen lo que pueden y en este caso, ante la fuerza del fuego que todo lo esquilma, habrá que hacer algo para que, como la mítica ave Fénix, esos seres vivos resurjan, solo a medias, de sus cenizas.

Esto es un llamamiento a todas aquella personas que quieran colaborar y evitar que la tragedia se desarrolle más y más.

En nuestro distrito, aquí cerca, en la Avda. de América, en la sede de UGT, se reciben productos de higiene (Jabón, compresas, pañales, cremas para evitar las irritaciones en los “culillos” de los bebés…), nada del otro mundo, algo esencial para todos, la higiene. Sin ella podemos asegurar que la epidemia puede entrar y diezmar una población cargada de carencias, de ratas y de enfermedades, con una sola clínica que se inauguró hace menos de un mes y que todavía no funciona, donde los seres afectados por el virus, 35 afectados son encerrados en una antigua escuela, sin más. Eso nos cuenta Luz Modroño, que ha estado ofreciendo su capacidad de voluntariado y solidaridad en la isla de Lesbos, durante unos meses.

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