Junta de distrito

Alguien, hace muchos años, entendió que para gobernar una ciudad tan grande, con tantos habitantes como Madrid, había que dividirla por secciones o distritos de gobernanza. En otras grandes ciudades, como París, tuvieron que hacer lo mismo. Por ejemplo, nuestro distrito de Chamartín, tiene tantos habitantes como Badajoz, y más que Salamanca o Huelva. Eso está bien, que las administraciones piensen que la mejor forma de llegar al contribuyente, al vecino, al administrado, es la gestión directa, la cercanía con los vecinos.

Cuando eso llega a ponerse en práctica, vemos con cierto temor, resquemor y pavor, que no es así siempre, porque cuando el partido de turno o coalición, pone por meritocracia a un gestor o gestora, sin que este o esta sepa por donde van los asuntos de la gobernanza en democracia, nos encontramos que se genera otra estructura política que se ha dado en denominar Imposibilismo radical.

Reconozco que el palabro procede del teatro. Cuando a Bertolt Brecht, le decían que lo que hacía no era teatro, el comentaba que, entonces sería Taetro. Cuando le hicieron la misma observación a Alfonso Sastre, tras el estreno de “Escuadra hacia la muerte”, que era un teatro, inviable en aquellas fechas, dijo o dijeron que sería: Teatro Imposibilista, porque se salía de los cauces, de las pautas, de las normas, era lo contrario del teatro de Buero Vallejo, donde el público se adentraba en el problema que emergía de la escena, lo compartía con el autor, ese era el teatro Posibilista.

En la gestión de primera línea de la administración y la política ocurre lo mismo. Explica mi “diccionario ciudadano”, cuando busco que es el Imposibilista radical y cuenta: “Dícese de toda acción que frena, dificulta, perturba o entorpece el armónico desarrollo de la participación ciudadana por sus cauces legales”. ¡Vamos…! lo que saben los diccionarios, ¡madre mía!.

Si seguimos, como quien no quiere la cosa, hablando de las distintas tendencias del teatro de posguerra, llegaremos, casi sin darnos cuenta al teatro Pánico, de Fernando Arrabal.

No sé, tal vez es lo que se espera, por aquello de la miasma vírica que nos ha cambiado el paso a todos. Querrá ser que nuestras próximas reuniones serán como los personajes de esa obra: “Los hombres del triciclo”, donde se mezcla ironía e ingenuidad, desesperación con pretensiones ridículas y da pie para comprender que ninguno de ellos entiende los mecanismos de la sociedad y del desajustado ejercicio del desgobierno.

¿Ese es el siguiente paso que nos ofrecen algunas Juntas Municipales? Debemos, entonces, entrar en el juego de la subsistencia democrática no participativa? ¿Volveremos al pasado eslogan: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo?

No lo sé a ciencia cierta, pero los modos no me inspiran situación alguna de positivismo, de inclusión del vecino en el hacer diario de su barrio o su distrito, de ahí el haber buscado en mi diccionario particular del ciudadano la palabra imposibilismo. Sí, porque no se posibilita la opción de reunirse, ni siquiera la idea de unas reuniones telemáticas, a las mesas que componen el Foro distrital.

Me pregunto, así, por lo bajini, ¿por qué no pueden asistir los vecinos a los Plenos municipales distritales?, que si bien está establecido por la superioridad, que la asistencia sea de un 50%, en una sala con un aforo de unas 200 butacas, bien pudieran permitir la entrada de…, ¿un 25%? No, es mucho. Pienso.
¿Y permitir el acceso a la vicepresidenta del Foro distrital y representantes de las principales asociaciones del distrito? ¿También es mucho?

¿Podría ponerse una pantalla en la plaza de Andrés Segovia, para que pudiera el vecino que así lo deseara, saber lo que se cuece, con o sin su consentimiento? ¿Será muy arriesgado y Posibilista?

Pudiera ser necesario para no desorganizar la participación de la sociedad civil de un distrito, el hablar con Europa, con la Defensora del pueblo en Europa, Emily O´Reilly.

Lo indiscutiblemente absurdo e ingenuo, es creer que mediante el imposibilismo pertinaz de las Juntas Municipales distritales, la voz del vecino se diluirá poco a poco.

Como dijo el autor: El vecino no necesita de gobernantes que le ninguneen, es el gobernante el que vive y necesita al vecino para ningunearlo y él sentirse alguien.

-¿Qué autor?

-No lo sé, yo mismo, si no hay otro mejor.

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