El objetivo de este paseo es visitar varias iglesias y ver la exposición de los hermanos Machado que hay en el Instituto Cervantes. Nuestro guía Carlos, nos cuenta el origen de la orden de Calatrava, la primera de las órdenes militares españolas.

Calatrava era una ciudad que había sido arrebatada a los árabes por Alfonso VII en 1147 y que defendían los templarios. A estos les entró el canguelo unos años más tarde al ver que se acercaban los almohades muy bien pertrechados y le dijeron al rey Sancho III, sucesor de Alfonso VII, que les devolvían la plaza y que se iban.

El rey reunió a todos los nobles en Toledo y les dijo que quien se hiciera cargo de la encomienda podría luego poblar los alrededores, cobrar tributos, etc…

Entre la sorpresa y las bromas de los nobles, Raimundo, abad del monasterio cisterciense de Fitero, alentado por Diego Velázquez, otro fraile de su monasterio que había sido soldado, y al que hicieron santo más adelante, aceptó el reto. Sin otra alternativa, el rey entregó Calatrava a los monjes del Císter y estos en muy poco tiempo formaron un ejército de más de 20.000 monjes y soldados gracias al cual los árabes rehusaron entrar en batalla, retirándose hacia el sur. Se hicieron constituciones, se las presentaron al Papa y así se formó la orden de Calatrava, la primera orden militar española, a la que luego siguieron la de Santiago, la de Montesa y la de Alcántara.

Las órdenes militares, pese a su carácter guerrero y masculino, tuvieron pronto una rama femenina de carácter monacal. Así surgieron las religiosas Comendadoras de Calatrava cuyos conventos se convirtieron en prestigiosos centros educativos para las hijas de la nobleza. Nos dice Carlos que no podía entrar cualquiera. Al menos en un principio, las monjas tenían que demostrar nobleza de sangre.

El convento de la Concepción Real de la Orden de las Comendadoras de Calatrava se construyó por mandato de Felipe IV entre 1670 y 1678. El arquitecto del edificio fue Fray Lorenzo de San Nicolás, uno de los grandes arquitectos españoles y también un importante tratadista de arquitectura.

En la desamortización de Mendizábal el convento fue derruido y gracias a la intervención de la esposa de Prim la iglesia se salvó de la piqueta y hoy tenemos uno de los mejores ejemplos del primer barroco madrileño, no del barroco exaltado sino del barroco más contenido como la iglesia de San Plácido o la de San Antonio de los Alemanes que ya conocemos.

La fachada sufre una transformación en el siglo XIX a cargo de Juan de Madrazo y la fachada de ladrillo y mampostería quedó con un revoco de cruces de color rojo que representan a todas las órdenes militares y que imita un poco al estilo renacentista milanés. Las cornisas recuerdan al plateresco.

Por fuera se ve una cúpula ochavada, un octógono con un tejado pero por dentro es una cúpula redonda. Una falsa cúpula, la llamada cúpula encamonada de la que ya hemos visto varios ejemplos en iglesias barrocas madrileñas.

Por dentro la cúpula es muy hermosa y la iglesia muy luminosa con una gran exhuberancia decorativa.
En el altar mayor hay un espectacular retablo en madera dorada y policromada de José de Churriguera, realizado en la segunda década del siglo XVIII, un perfecto ejemplo de la corriente del barroco exaltado.

A continuación visitamos la iglesia de San José. Está situada en la calle de Alcalá 43, donde antes se encontraba el convento de San Hermenegildo, más conocido como la iglesia y el convento de los carmelitas. Allí fue ordenado sacerdote Lope de Vega en 1614. Una placa sobre la fachada indica que en este templo celebró su primera misa.

El edificio primitivo fue demolido a principios del siglo XVIII y en 1730 se encargó a Pedro de Ribera la construcción de la iglesia con el convento de carmelitas anexo, cuyas obras duraron hasta 1748. En 1836, con la desamortización de Mendizábal, el convento fue demolido y se construyó en su lugar el teatro Apolo donde se estrenaron las zarzuelas más famosas. Cuando se cerró se hizo el Nuevo Apolo y más tarde el edificio del Banco de Vizcaya. En cuanto a la iglesia se convirtió en la sede de la parroquia de San José.

La fachada original de Pedro de Ribera fue alterada en 1912 por el arquitecto Juan Moya, ampliando la altura de los laterales para igualarlos con las casas de la zona. La iglesia de S. José es la típica iglesia del barroco madrileño levantada sobre planta de cruz latina con una nave central y dos laterales. Es una iglesia de tres naves, dos de ellas abovedadas.

El grupo escultórico del altar de la iglesia de S. José es de Roberto Michel, uno de los escultores de la Cibeles. Es una Virgen del Carmen en gloria.

La capilla de Santa Teresa es como un pequeño templo añadido a la iglesia. Es preciosa. Tiene una hermosa cúpula sostenida con pechinas y hay esculturas y pinturas magníficas.

La escultura de Santa Teresa es obra de Luis Salvador Carmona. A los lados hay dos esculturas muy divertidas de San Elías y San Elíseo, míticos fundadores del Carmelo, con espadas de fuego. San Eloy es obra de Juan Pascual de Mena (el autor de la escultura de Neptuno en la plaza de dicho nombre) y las pinturas murales son de Luis González Velázquez.

Antes de salir de la iglesia aparece una gran placa en la que está escrito que aquí se casó Simón Bolívar con la madrileña María Teresa de Toro el 26 de mayo de 1802, ceremonia que en realidad no fue aquí sino en la desaparecida iglesia de S. José, en la esquina de la calle Libertad con la calle Gravina.

Quien sí se casó aquí en diciembre de 1968 fue nuestra compañera en la Asociación Vecinal Valle-Inclán Gisela. Por cierto, recién llegada de París. Ella quiso casarse con Audaz, que así se llamaba su marido, en la preciosa capilla de Santa Teresa, tan íntima y acogedora, no en la iglesia. Pero su suegra había pagado una boda con misa a la que no estaba dispuesta a renunciar y la misa se celebraba en la iglesia, así que Gisela no tuvo más remedio que aceptar.

No tiene buen recuerdo de su boda: “La iglesia era enorme, enorme… alta, alta…y yo allí en primera fila entre cuatro feligreses. Y el cura tenía 90 años y no se le entendía nada.”

El edificio de las Cariátides es actualmente la sede del Instituto Cervantes. La denominación del edificio es de origen popular debido a la presencia de sus cuatro cariátides situadas a ambos lados de la entrada del edificio. Es un edificio de Antonio Palacios y de Joaquín Otamendi, los mismos arquitectos del Palacio de Cibeles.

Es una arquitectura muy comercial donde se muestra el poderío de las instituciones financieras. Nació como Banco Español del Río de la Plata, luego fue sede del Banco Central, posteriormente del Banco Central Hispano. A continuación pasó a formar parte de los activos del Banco Santander al fusionarse ambas entidades, siendo vendido finalmente al Ayuntamiento de Madrid que lo permutó con el Gobierno de España a cambio del Palacio de Cibeles. Desde 2006 es la sede del Instituto Cervantes.

Carlos nos recomienda echar un vistazo al hall y ver las fotografías que hay del Madrid antiguo, de cuando se construyó el edificio y de antes.

La exposición de los hermanos Machado contiene documentos, fotografías, cartas, libros, manuscritos originales de su teatro, etc. Carlos había llamado para reservar hora y le dijeron que no era necesario pero hay gente esperando para entrar y, después de esperar un rato en el hall, decidimos marcharnos y en todo caso intentar verla después por nuestra cuenta.

Ya que no podemos ver la exposición, pasamos a ver la iglesia de San Pascual Bailón en el Paseo de Recoletos. Es de finales del siglo XIX, un convento de monjas de clausura.

En este convento se ha estado celebrando una misa de rito mozárabe (o liturgia hispánica) un día a la semana, aunque recientemente la sede del culto hispano en Madrid se ha trasladado a la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora en la calle Goya. El rito mozárabe es la liturgia de la iglesia católica que se consolidó en la península ibérica en el reino visigodo de Toledo.

Siguiendo nuestra costumbre, rematamos el paseo tomando un vino, una caña o un caldo sabroso y caro, en un bar cercano de la calle Almirante que resulta ser La taberna del Gijón a la que accedemos por la puerta de atrás.

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