El barco que hace aguas

El “Open Arms”, que lleva casi 20 días de espera con más de 100 personas a bordo, y con una resolución judicial a favor del desembarco de los inmigrantes, en el puerto de Lampedusa, se ha convertido en el espectáculo bochornoso de una Europa que mira hacia otro lado.

La situación en el “Open Arms” es tan insostenible que la solución propuesta por el Gobierno en funciones de Sánchez, de acogerlos en el puerto de Algeciras ha sido declinada por el capitán del barco. Llega demasiado tarde. Por otro lado ha evidenciado la tensión entre Madrid y Roma, y la división en Europa con respecto a la política de emigración.

El ministro del Interior Salvini no ha dado el permiso de atracar en puerto italiano, desoyendo la sentencia del tribunal de Lazio favorable al desembarco por razones de emergencia humanitaria y de extrema gravedad. Italia tiene derecho a regular los flujos migratorios y a impulsar una coordinación supranacioncional con la UE para hacer frente a este desafío. Pero el derecho Internacional no es optativo. La independencia del poder legislativo no puede quedar anulada por la del ejecutivo de Salvini, que se encuentra en plena campaña de elecciones y su discurso antiinmigración es su órdago político. Está decidido a mantener su política de dureza frente a esta crisis humanitaria.

La Unión Europea ante el repetido drama que se vive en el Mediterráneo ha mirado de soslayo sin encontrar una solución. Quizás se está experimentando con el “Open Arms” para quitar los deseos de rescate a otros barcos que se encuentran en el Mediterráneo como el de Médicos sin Fronteras del que apenas se habla. ¿A qué esperan? ¿A que haya algún muerto? ¿Un motín a bordo? Dónde ha quedado la Declaración de Derechos Humanos, uno de los documentos políticos más importantes de la humanidad y que sistemáticamente se vulnera. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos y dignidad”, establece el primer artículo.

Cada día que pasa con el barco fondeado, la Unión Europea retrocede y echa por la borda dicha declaración, mientras un centenar de inmigrantes miran la costa de Lampedusa como una tierra prometida de imposible alcance. Y el artículo continua: “los derechos y libertades se disfrutan sin distinción de raza, color, sexo, religión…”. Débil democracia la Europea .

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