Del ciclo “la Muerte Digna” que se está llevando a cabo en la Asociación Valle-Inclán, mediante charlas debate, extraemos el siguiente artículo del ponente:

Si nos preguntamos qué pensamos sobre la muerte, yo contesto sin más que la muerte es laica y que, por tanto, cada uno desde su libertad de conciencia es libre para decidir de su vida cuándo y cómo racionalmente lo considere.

Decir que la muerte es laica es afirmar que la muerte es una realidad profana, no envuelta en lo sagrado; que la vida y la muerte la realizamos en una sociedad plural sin referencia a la religión ni a un más allá, a un dios.

Hablar de muerte laica es lo mismo que hablar de una sociedad plural

La pluralidad es un hecho no bien asumido en nuestra sociedad. Estoy convencido de que cuando la sociedad es ‘politeísta’ -hay muchas religiones y muchos dioses- todos los dioses se escriben con minúscula y ninguno es verdadero. Y, además, no todos los ciudadanos de la sociedad son creyentes: los hay agnósticos, ateos o despreocupados. Ante este hecho social de pluralidad de mentalidades y de visión de la vida hay, pues, que funcionar a nivel público siguiendo el consejo del diplomático holandés Hugo Grotio (1583-1645) que recomendaba a sus colegas que en las negociaciones políticas e internacionales debía actuarse “como si dios no existiera”.

Carta del laicismo

A mediados de septiembre pasado el Gobierno francés emitió la ‘Carta de la laicidad en la escuela’ que tiene algunos puntos que son perfectamente aplicables al proceso de morir y a la muerte.

  • “El laicismo garantiza la libertad de conciencia. Cada cual es libre de creer o no creer”

Es lo que exige nuestra Constitución cuando dice que el ciudadano tiene libertad de conciencia y de pensamiento. Y por esa libertad de conciencia DMD tiene como fin principal “promover el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla.”

Como somos laicos, cada cual es libre de creer o no creer, y como vivimos en una sociedad plural, tendríamos que ser libres para decidir de nuestra vida y nuestra muerte lo mismo que elegimos nuestra pareja y otros proyectos de la vida. Es más, si las leyes de nuestra sociedad consideran lícito el suicidio, ¿por qué se prohíbe el suicidio asistido y la eutanasia? Una persona que se suicida puede hacerlo habiéndolo pensado libre y lúcidamente y así voluntariamente lo decide. Pero puede haber, por ejemplo, un enfermo en las mismas circunstancias de lucidez y voluntad libre y no puede hacerlo y necesita ayuda de otra persona y, sin embargo, el art. 143 del Código Penal se lo prohíbe y, si alguien le ayuda, lo encausan y penan. ¿Cómo se entiende que, si su voluntad de morir es un acto bueno y si el suicidio es lícito, sin embargo, a quien se solidariza con este acto bueno y ético se le señala con el dedo, se le imputa como homicida y se le sanciona penalmente?

  • “El laicismo permite el ejercicio de la ciudadanía, conciliando la libertad de cada uno con la igualdad y la fraternidad”

La autonomía de la persona en una sociedad laica y plural no hay que hacerla compatible con un supuesto dios supremo, sino con los demás ciudadanos, pues cualquiera de los conciudadanos es igual a mi, tiene los mismos derechos, hay que respetarle y hay que ser solidario con él. Laicismo significa vivir en libertad, poder, por tanto, morir, según la propia conciencia y el propio talante, pero sin que lesionemos los derechos de los demás. Solamente los derechos de los demás pueden limitar nuestra propia libertad.

Muerte laica es la que racionalmente solo depende de nuestra voluntad libre, de nuestra autonomía. El tetrapléjico Ramón Sampedro –que murió de suicidio asistido, decía:

“Morir es un acto humano de libertad suprema.
Es ganarle a Dios la última partida.
Es un corte de mangas que democráticamente le
hacemos al dolor por amor a la vida.

  • Laicismo es evitar “todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección”

Laicismo es vivir en libertad: sin verse influenciado para tomar un camino, sin presiones que coarten, sin coacciones que busquen enderezar de una u otra manera mi propia y libre voluntad.

Resumiendo
Desde hace bastantes siglos en España hemos vivido sujetos a una mentalidad y a unas leyes de Contrarreforma que ha llegado hasta el nacionalcatolicismo del tiempo de la dictadura. Pero, a pesar de la transición política, hay nacionalcatólicos camuflados o no camuflados en los sectores conservadores. Por ellos no habrían dado pasos propios de una sociedad laica y plural, no habría habido ley del divorcio, ni ley del aborto (léase Gallardón), ni matrimonio de homosexuales, ni adopción de niños por parte de estas parejas, ni tampoco permitirán dar luz verde a una ley general sobre conductas eutanásicas al estilo de Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Oregón (EE. UU)… y ahora leyes similares en debate en Canadá y posiblemente dentro de poco en Francia.